Al igual que las legumbres aportan una digestión lenta, hay discos que conviene afrontarlos con el mismo ánimo con el que uno hincaría el diente a un buen cocido. Porque lo que aquí se ofrece es una curiosa mezcla entre metal progresivo y jazz en formato instrumental y a veces uno no sabe si se les ha ido demasiado la olla en un pretencioso ejercicio de gafapastismo o en realidad son unos genios a los que conviene reverenciar como apóstoles de la modernidad.
Tras una primera cucharada uno suele ser capaz de valorar si la comida está en su punto o no, al margen de los diferentes matices que vayan surgiendo posteriormente. Y el bocado inicial de una introducción a piano no aporta demasiada luz al conjunto, hay que aguardar a que los sabores exploten en “Nothing To Declare!” para que resulten familiares algunos ritmos djent que no consiguen bajar la guardia, pues aquí cabe esperar lo inesperado y mucho más.
Cierto aire oriental domina “Nandi” y las progresiones que se marcan en “Katz” son ya para volverse turulato, con protagonismo de la percusión y estructuras jazzísticas que te harán creer que andas escuchando algo de otra dimensión. Y si hablamos de romper esquemas, el comienzo de “Pumpkin Thief” es también de los de dejar con el culo torcido con ruidos de timbales golpeando antes de que irrumpa una guitarra para poner orden en el universo. Un desafío contra lo establecido.
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Un comentario
Interesante banda como el estilo musical que se marcan.