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Ska-P

Game Over

Autoeditado (2018)

Por: Javier Pérez

8

Superados (o controlados) los problemas de Pulpul, pasado de largo la salida de Pipi, y con cinco años de espera desde aquel lejano ‘99%’, ya están por aquí de nuevo los vallecanos.

Sinceramente, yo, después de tanta historia rara, de tanto desencuentro, de tanto problema, esperaba un LP cargado de rabia, visceral y furioso. ¿Y no es así? No; o bueno, sí. A estas alturas a Ska-P no vamos a pedirles que nos cuenten lo bonito que es el amor juvenil o lo bien que huelen las flores en primavera, pero a mí siempre me tiró más la parte de su música que cercaba el rock duro o el punk, que la que se regocijaba en el ska o el reggae. Y pensándolo fríamente no había motivos especiales para regresar con un disco de thrash metal, claro; pero no sé, tenía esa estúpida intuición.

“A chitón” abre las hostilidades y ahí sí cargan con todo. Colérica y arremetiendo duramente contra la censura en la libertad de expresión, forma una apertura típica de los madrileños, exenta quizá de algo más de velocidad que le hubiera venido bien. “Eurotrama” sube la potencia, pero deja frío; un estribillo machacón armado sobre una base difusa.

Reconozco que hasta aquí andaba con el gesto torcido, pero en tercera posición cae “No lo volveré a hacer más”, una pieza musical de esas que tanto gustan a grupo y seguidores, bailable, coreable, y que se mueve en una base de rancheras bien disfrazadas de ska con una letra ilustremente encajada que dejo que descubras por ti mismo.

Llegados a este punto, ya me había cambiado el semblante cuando me topo con “The lobby man”, otra de las que tiene ideas geniales que se diluyen entre otras menos brillantes; aun así, de las más destacadas.

Mediamos el disco; “Colores” pone nombre, letra y música a la libertad y a la diversidad del amor. Musicalmente es de las más coloridas, con múltiples capas sonoras que gustarán seguro.

A “La Fábrica” le pasa lo que a varias de sus hermanas: repunta con brillantez en momentos clave y, sin embargo, acaba pasando sin más en busca de ese “algo”. “Patriotadas” anda en las mismas, tiene un estribillo interesante y un todo-lo-demás pasable.

“Cruz, oro y sangre” sí lleva ese sello inconfundible de garantía de calidad. Se enrabietan contra los crímenes coloniales y estampan un gran tema. Hacen bien en colocar justo después “Adoctrinados”, de esas de clase media que da la talla con una contundencia que unida a la que la precede conjuntan casi ocho minutos de subidón.

La última triada tiene un poco de todo; quizá algo desigual. “El bufón” se monta con melodías y ritmos ska. “Brave girls” lucha por la igualdad entre mujeres y hombres a base de reggae enérgico y cierra el álbum lo primero que nos llegó de él: “Jaque al rey”. Con alguna que otra rima que podrían haber mimado más, descargan toda la bilis contra la monarquía en una tonada donde de nuevo consiguen volver a recabar toda tu atención.

Se acaba la escucha y, con más altos que bajos, te das por satisfecho. Habría sido más redondo recortando aquí y allá, pero está el panorama tan hecho polvo que tenían muchas cosas que contarnos. Me faltaría que hubieran apuntalado mejor los momentos brillantes, que hay suficientes, y que la furia que desprenden en las líricas la hubieran acompañado en alguna ocasión con música más afilada.

Ska-P ha vuelto. Que se preparen.

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