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‘Ça Ira’: La controvertida obra épica de Roger Waters

3 septiembre, 2019 4:23 pm Publicado por  4 Comentarios

‘Ça Ira’ puede considerarse como el trabajo más ambicioso de Roger Waters tras el inicio de su andadura como solista. Junto a Waters, aparecen como coautores del libreto sus amigos Étienne Roda-Gil y Nadine Delhaye, aunque el primero es su principal responsable. El hecho de que esta obra de tres actos fuese compuesta a finales de los ochenta y no saliese publicada en álbum hasta 2005 da una idea de la expectación que se llegó a crear entre los seguidores. María Gala nos explica en este artículo los orígenes de este trabajo y su evolución hasta su lanzamiento final.

Un tesoro escondido de Waters

Entré en casa anoche y me empujó el manantial de voz, precipitándome hacia las escaleras. Superada esa primera fuerza, me resbala sobre el cuerpo, el pelo, los oídos, los ojos, toco con las manos un flujo fornido que me eleva el alma, saturándola de la belleza de la voz humana como el más potente instrumento de la Naturaleza. Quedo petrificada, dejándome empapar por ese sorpresivo sonido, sobre el que se sobrepone la melodía creciente de una voz femenina que lleva el drama y acarrea la esperanza. Los niños, un coro no angelical, ponen el haz de vida en esa obra que irrumpe en este agosto tedioso en un Madrid gris, caluroso e incontaminado; ruge lejana, como salida de una caverna profunda, la tragedia en las cuerdas del barítono. Efectivamente, es una ópera: Câ Irá, there is hope. Roger Waters es su autor.

En estos días delirantes de calor, la Exposición de Pink Floyd en la Feria de Madrid (prorrogada hasta el 27 de octubre) a la que no le han puesto un camino fácil de llegar, trae soplos de frescura indómita. No solo por la buena ambientación del lugar, donde uno puede pasarse horas, sino básicamente por la calidad del material de la banda, que revolucionó la música y la estética, siempre moderna y futurista.

Comenzando por el árbol genealógico del grupo, sus principios, la razón de Pink y de Floyd; la imaginación y locura de Syd el Hammond Quadra o el Wurlitzer EP-200, a los que hace Wright referencia en sus notas en directo para The Wall, baterías y guitarras, y, entre otra mucha información, la creación de la primera colaboración de una banda de rock con un ballet para conformar el Pink Floyd Ballet, que estuvo bajo la dirección del coreógrafo Roland Petit, cuya una de sus últimas representaciones se realizó en el Generalife de Granada en 2017.  En este apasionado contexto, no es de extrañar el hallazgo de rarezas y extravagancias musicales, desembocando en ‘Ça Ira’.

Muchos autores han criticado esta incursión de Waters en el género clásico. Los hay que mencionan su incapacidad y talento para ahondar en el clasicismo. Algunas de las biblias del rock tachan de fuga del genio de Pink Floyd en este divertimento. Sin embargo, no es de extrañar para los que no entienden que la música es música y que, afortunadamente, se perdieron los límites de música de élite o del pueblo gracias a la radio. Y de esto va Ca ira, de la hegemonía de las gentes, sobre los Derechos Humanos. Si la obra es interesante, su “cocina” es sumamente atrayente, con una mezcla de condimentos, como en cualquier plato que se precie de la cocina francesa, sin que quede exento de rebeldía, revolución, libertad.

Los orígenes y dificultades de la ópera

Uno de los bocetos de Nadine Delhaye

‘Ça Ira’ es una obra épica sobre la Revolución francesa (1789), uno de los grandes hitos históricos de Europa, sobre el que se han logrado asentar las bases de la democracia universal, pese a sus defectos y vicisitudes, conocidos por todos. El libreto fue escrito en francés por el apátrida Etienne Roda-Gil, hijo de catalanes republicanos exiliados que nació en el campo de refugiados francés de Septfonds (Montauban) y que creció en París, en el suburbio de Antony. Un amigo que tenían en común, Philip Constantin, los presentó en 1968, cuando el tema “Et j’abolirai l’ennui” (aboliré el aburrimiento en castellano) del mismo autor, circulaba en las revueltas callejeras como lema del Mayo del 68. Étienne es anarquista, antimilitarista, consecuente, fumador empedernido y no consiguió la nacionalidad francesa por negarse a combatir en Argelia, cuya colonización le parecía un disparate. Según Rogers, Étienne pensaba que hay lecciones de la época de la Revolución Francesa que tienen que ser aprendidas a día de hoy, ya que fue cuando América y Francia tomaron conciencia de que los seres humanos tienen derechos inalienables. Su última canción fue Réfugié” (2003, J. Clerc), para la UNESCO.

Y ese es el espíritu de la obra, cuya primera concepción estaría, según algunas fuentes, en ese primer encuentro de finales de los sesenta, y cuyo esbozo inicial acogió el mismísimo Miterrand en 1989 con motivo del bicentenario de la Revolución francesa. El proyecto acabó siendo desestimado, bien porque al entonces presidente de LaRepublique le pareciera finalmente un disparate encumbrar a un apátrida de origen español y a un inglés o bien porque a la meca de la ópera francesa ‘Ça Ira’ le pareciera de nivel insuficiente.

Si Roda-Gil puso la letra, Nadine Delahaye, casada con él, bohemia, hija de familia pudiente, y pintora, pone la imagen, habiendo diseñado los bocetos que ilustran el manuscrito original y que inspiran la portada del disco, además de siendo la musa para la puesta en escena de la ópera. Un circo es el eje de Ca ira, un escenario por el que aparecen los diferentes personajes y puntos de vista de la toma de la Bastilla ese 14 de julio de 1789. De tragedia, la pintora fallece a causa de una leucemia en 1990, lo que paraliza la obra. No es hasta 1994 que Waters lo retoma, aconteciendo el drama de la pérdida de Constantin, el amigo común, que muere en 1996. El libretista Roda-Gil les seguiría en 2004,  yaciendo Nadine y Étienne juntos en el cementerio de Montparnnase (París), cerca de Baudelaire. Finalmente, la versión inglesa de la obra, adaptada por Rogers del libreto original, se presenta como un réquiem y homenaje en 2005. En definitiva, a la obra le costó 16 años quebrados salir a la luz.

Ca ira es el título de una de las primeras canciones de guerra de la Revolución, una de las versiones cantada por E. Piaf y parcialmente censurada para la película ‘Si Versailles m´ètait conté’. En palabras de S. Zweig en sus Momentos estelares de la humanidad, se trata de “una melodía bailable, alegre y retozona pero que infunde un aire marcial al desfile de la tropa”. Cuentan que originalmente era un tema de un tal Becourt, que la propia María Antonieta gustaba de tocar al clavecín, para transformarse en un himno que la llevaría a la guillotina. Parece incluso que Ladré, el letrista de la soldadesca, tomó la frase precisamente de una contestación de George Washington en su francés más o menos correcto, al ser entrevistado respecto a la independencia americana (1783), en la que dijo lo siguiente:  “Ah, ça ira, ca ira (Irá bien)”. Surgió de una forma parecida a “La marsellesa”, ya que esta fue fruto de una noche de inspiración el 25 de abril de 1792 de Rouget de Lisle, y fue concebida como una arenga y llamada a las armas para el ejército del Rhin, según relata Zweig, para ponerse al servicio de la Revolución en la ciudad que le regala el nombre, Marsella. ¡A las armas, ciudadanos! ¡Marchemos, infantes de la libertad!

Partes de la ópera

La ópera consta de tres actos. El primero comienza con una obertura con un tambor callejero que nos lleva a París y a esos militares desharrapados de ropas rotas y viejas. Es la melodía predominante que envuelve la composición entera, por lo que va haciéndose familiar.  La primera escena nos trae a María Antonieta de niña soñando con su vida de princesa y de reina posteriormente, y el contrapunto de un niño que le recuerda que eso solo es posible si hay un pueblo sufridor. Y, tras saltar a los años de la Revolución, comienzan las alegorías a un pájaro bellísimo de color rojo, emplumado según los trazos de Nadine, al que le prohíben cantar, sin causa ni razón. La segunda escena da paso a Marie Marianne, que representa la libertad y se ocupa del pájaro zaherido, que anima a otros a buscar el librealbedrío. En ese momento aparece un coro de niños que representa al pueblo, siendo este un guiño a “Another Brick In The Wall”. Los cambios de ritmo que efectúa Waters hacen de esta una escena excepcional. La tercera escena, cual tráiler, nos sitúa en la víspera del estallido de la revolución. La escena cuarta nos lleva a la lectura de la Carta de los Derechos del Hombre, epicentro de la obra, en un dúo que enardece la piel entre tenor y soprano. Llegamos en la quinta a la caída de la Bastilla.

El acto II arranca con María Antonieta siendo informada de su destino, escena triste y dramática, para continuar con el rey Luis XVI acatando la Carta de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, y en la que se describe a los Borbones españoles la situación. Musicalmente hablando, se reconoce la firma de Rogers sin vacilar en este tramo de la ópera. La escena 3 es un salto de París a las colonias caribeñas, un guiño a Haití, primer país independiente de la América latina (1791), primero en abolir la esclavitud, y cuyo líder fue Mackandal, retratado como real maravilloso en el “Reino no es de este mundo” de Alejo Carpentier.  En ‘Ça Ira’ el esclavo revolucionario es interpretado por el senegalés Ismael Lo. Los ritmos africanos nos trasladan al calor de las islas. El contraste se produce en la última escena de este acto con la brutal condena del papa Pío VI a la declaración de los Derechos Humanos por considerarla pecaminosa. La atmósfera se vuelve infernal ante la paradoja.

El acto III se inicia con temas que son rock y revolución en esencia, mezclando coros y tambores, con los reyes intentando huir de las Tullerías para marcharse lejos de París. La siguiente escena, con los últimos estertores de la monarquía, que regresa brevemente al poder, estalla La Marsellesa, adaptada por Waters y fusionada con el tema principal de esta ópera, con el barítono impregnando de drama en el momento en que la guillotina calla la voz, la música y se hace un brusco silencio. Un aria a continuación trae los últimos momentos de María Antonieta, de brillante lirismo. En la última escena resurge el pájaro que se había convertido en predicador de la Revolución. Los pájaros cantando, a los que se les había prohibido al comienzo de la obra, aparecen con una apoteosis final en la que el mensaje de la esperanza es el que predomina con ese hilo conductor de los derechos humanos en que todos los partícipes habían confluido.

Otro de los bocetos de la obra

Bryn Terfel, barítono galés, es el hombre impregnado de conciencia por causas solidarias que clama por la libertad. Paul Groves es el tenor voz del pájaro al que le prohibieron cantar y se transformó en cura revolucionario. Ying Huang, soprano china, llega a París desde Shangai, donde gana un concurso de canto y debuta para Miterrand en 1995,  y tras recorrer y trabajar en EEUU numerosos años regresó a su país. Esta composición se vuelve grande con el trabajo inconmensurable del compositor especializado en cinematografía Rick Wentworth, quien acompañó al rockero en esta odisea.

Roger Waters tardó tiempo en estructurar, componer y grabar en estudios de Reino Unido y Francia esta obra que nos presenta en formato CD y DVD, y que supone un documento prodigioso que hace honor a todas las personas que se quedaron por el camino. La obra, que se estrenó en Roma en 2005, ha seguido girando por el mundo. Sin embargo, hasta la fecha no ha debutado en París ni en Londres. ‘Ça Ira’, llena de rebeldía, revolución y libertad, elementos todos propios del rock, es una gran obra musical desconocida que merece ser difundida. “La música, si no es subversiva, es pop”, dijo Mariskal. Y esto, sin lugar a dudas, es una ópera sediciosa y agitadora por un gran del rock en mayúsculas.

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