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Recordando a la Reina del blues blanco

Blog: Mariano Muniesa

5 octubre, 2015 10:01 am Publicado por  3 Comentarios

Janis Joplin en una foto de archivo (años 60)Fue inmensa, intensa y desgarrada. Fue sentimiento puro, emoción pura, energia, fuego y pasión. Una voz dura, penetrante, voz de blues rock ardiente que yo sitúo en los orígenes del Heavy Metal, -existe un excelente artículo en Rolling Stone USA sobre el paralelismo entre Janis Joplin y Robert Plant – pero que también era capaz de acariciar el alma.

Quienes la conocieron bien, entre ellos Albert Grossman -que fue su manager y el de Bob Dylan-, su amigo y confidente Kris Kristofferson o Linda Gravenites decían de ella que se dejaba literalmente trozos de su propia vida en cada actuación y muchos de los que tuvieron la suerte de verla en directo así lo atestiguan.

La reina blanca del blues, Janis Joplin, era una artista que vivía, sentía y respiraba el sentimiento de la madre de todas las músicas, y ello la llevó, como a muchos de los grupos que hacia finales de los años 60 llevaron su concepción progresiva del blues a un sonido nuevo, mucho más duro y más denso, en cada una de las bandas en las que estuvo -con la única excepción quizá de la Kozmic Blues Band-, a cantar con un desgarro y una intensidad tal que se convirtió en un auténtico mito del rock apenas empezada su carrera.

Ello quedó plasmado en la histórica actuación de Janis Joplin con sus Big Brother & The Holding Company en el festival de Monterey de junio de 1967. El festival en el que Jimi Hendrix hizo arder su guitarra, la imagen icónica de aquel primer gran festival de rock, pero que fue también el acontecimiento que convirtió a Janis Joplin en una diosa.

“Ball And Chain”, “Piece Of My Heart”, “Move Over”, “Down On Me”, “Summertime”, “Turtle Blues”… canciones que atesoran calor, ardor, sexualidad, alcohol, sudor… Temas que siempre que vuelvo a escucharlos, me vuelven a impresionar por la fuerza que irradian, por la brutal honestidad de su interpretación, por como reflejaban el dolor de un alma atormentada, de una mujer cuyo corazón se retorcía en cada quiebro de voz.

Janis Joplin, como quizá no podía ser de otra manera, vivió rápido, murió joven y dejó para la historia de la música el recuerdo de una mujer de mirada sincera, tierna dentro de su dureza, revolucionaria en su forma de cantar e interpretar y revolucionaria al luchar, triunfar y conseguir ser respetada y apreciada en un mundo como el de la industria musical dominada por hombres.

Hace ahora 45 años, la reina blanca del blues murió en una sórdida habitación del Hotel Landmark de Hollywood, Los Angeles a causa de una sobredosis de heroína. Como en el caso de Jimi Hendrix o Jim Morrison, su carrera apenas duró 4 años y dejó una producción discográfica no demasiado abundante, pero que es un verdadero patrimonio de la historia de la música. Y a quien no solo escuche la música, sino que la sienta, que la viva, que la mezcle con su sangre y sus vísceras, Janis Joplin es una experiencia que nadie puede dejar de vivir.

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