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Ramoncín: 40 años de “Arañando la ciudad”, un disco de hormigón, mujeres y alcohol

5 marzo, 2021 2:32 pm Publicado por  2 Comentarios

Se cumplían estos días 40 años del lanzamiento de uno de los discos más importantes de ese subgénero cien por cien español, y del que nos deberíamos sentir orgullosos, que es el rock urbano, me refiero a ‘Arañando la ciudad’ de Ramoncín. Antes que nada, quiero dejar claro que muy fan del personaje en el que se acabó convirtiendo (presentador de TV, escritor, etc.), que es lo que la mayoría de la gente conoce, no soy, pero aquí no se trata de hablar del bueno de Ramón, sino de un disco imprescindible para comprender la escena del rock en nuestro país a principios de los 80, e incluso la vida en los barrios marginales de nuestras ciudades, en este caso Madrid.

Junto a su predecesor, ‘Barriobajero’, y su continuación, ‘Corta’, forma una trilogía maravillosa que los que tuvimos la suerte de vivir nuestra juventud en aquellos días sabemos la importancia que tiene en la historia del rock en este país. No olvidemos que cuando fue editado, en febrero de 1981, grupos como Barón Rojo u Obús todavía no habían editado sus óperas primas. Era el tiempo del rock urbano como os digo, de grupos como Leño, Asfalto, Topo, Ñu o Bloque, del rock que contaba historias que te podían pasar a ti cualquier día.

Fue grabado en los estudios Hispavox de Madrid por la formación compuesta por Ramoncín a la voz, Fernando Murias en la guitarra, Cristóbal Delgado al piano, Juan Perujo en la batería y Paco Ruiz al bajo. También colaboraron Juan Jiménez en el saxofón, Lisa Life a las voces en “Nu Babe” y “Flores Negras”, y Hamish McDonald con el sintetizador en “Nu Babe”. La carpeta es una ilustración de Julio Hernández en cuya portada podemos ver a Ramoncín con chupa negra y gafas de sol apoyado en un portal en el que hay un pibón que parece que le está entrando. Se completa con una contraportada entrañable en la que vemos una calle del Madrid antiguo inspirada en las calles de Lavapiés y Atocha de hace 40 años.

Publicidad de época.

El disco empezaba con una canción que es difícil que no hayáis oído nunca, ya sea en un bar, en la radio o incluso en las fiestas del pueblo interpretada por la orquesta de turno, hablamos de “Hormigón, mujeres y alcohol”, más conocida como “Litros de alcohol” por su famosa frase introductoria. Qué decir de un tema que, cuando la frase “salir de marcha” no había sido todavía sustituida por “salir de fiesta”, era prácticamente imposible salir un sábado por la noche y no oírla dos o tres veces aunque no cambiases de pafeto. Todo un himno, no es el mejor tema del disco, pero indudablemente es el más conocido. Entra con la inseparable armónica de Ramón que da paso a la famosa frase que os he comentado, que marca el riff casi más que la guitarra. Salpicada de armónica y redobles de batera, no cabe duda de que es un tema pegadizo, algo que, sin duda, se apoya en su corta duración. Le sigue “Nu Babe”, una crítica ácida a la New Wave o Nueva Ola, un género en las antípodas del rock que en aquellos tiempos se puso de moda. La canción es por momentos hasta hortera y machacona, imitando a la New Wave, siendo su mayor valor, al menos en mi opinión, su demoledora letra. Tal vez si no hubiese intentado simular el sonido Nueva Ola hubiera quedado más a la altura del resto del disco. A continuación tenemos “Burlando”, uno de esos temas, costumbrista a más no poder, con el que te puedes imaginar un poco cómo eran aquellos tiempos. Un riff de medio tempo marca un tema original en lo que a la aportación de los instrumentos se refiere, pero en el que, una vez más, la letra es lo más notorio, aunque tal vez peque de un cierto abuso de la jerga Cheli.

Actuando en el “Rockódromo” de la Casa de Campo en Madrid.

“Olvida mi cama” es uno de esos temas clásicos de rock ‘n’ roll al que el piano aporta un toque mágico, aunque de nuevo el protagonismo se lo lleva la armónica y, cómo no, la letra. En este caso, trata sobre el “caballo”, un tema tristemente muy cotidiano a principios de los ochenta. Después venía “Flores negras”, un temazo de base lenta que se acelera con la llegada del estribillo, y que está gobernado una vez más por una gran letra. En este caso, un sentido homenaje al fallecido guitarrista Javier Lozano “Güebo”, antiguo miembro de la banda. Cerraba la cara A “Presidiario”, un tema en el que la guitarra gana algo más de protagonismo respecto a los anteriores, aunque no lo suficiente como para desplazar a la letra. Sin embargo, sí que encontramos en él algún fraseo disperso, así como redobles sueltos de batería que le aportan una mayor contundencia. El principio y el final del tema están montados sobre una base de público chillando, en plan directo, pero aunque no lo sé con seguridad, creo que es un simple adorno de estudio de grabación. Desde luego, a mí no me parece que estén tocando en vivo.

La cara B se abría con “Reina de la noche”. Un temazo de escándalo. Empieza con una entrada de batería a la que se le une la guitarra, luego se repite la secuencia con la voz reemplazando a la guitarra. Gobernada por un riff de medio tempo, es una gozada de canción con, una vez más, una letra de diez puntos. Una canción de amor gobernada, esta vez sí, por un riff de guitarra pese a la evidente predominancia de la voz, salpicada por buenos detalles de batería y con un estribillo maravilloso a la par que pegadizo. “Sangre de barrio” es el tema más corto del disco y, en mi modesta opinión, junto con “Nu babe”, el más flojo del mismo. Comienza con Ramón hablando por encima de los instrumentos que marcan el riff, y en seguida se llega al estribillo, lo mejor del tema. Después se repite la estructura un par de veces y la canción termina. Da la impresión de que un solo de guitarra hubiera contribuido a mejorar notablemente esta canción, pero no lo sabremos nunca.

“Ángel de cuero” es una joya. Empieza lenta, con la voz acompañada por un saxo en plan jazz que no queda nada mal, y sigue lenta bastante rato, con Ramón haciendo las veces de narrador, hasta que cerca del ecuador cambia el tempo. La letra es una de esas joyas tan propias del rock urbano que da gusto oír aunque haga décadas de la última vez que la escuchaste. Un guitarreo legendario nos introduce a “Putney Bridge”, una oda melancólica al punk construida sobre un buen riff de guitarra. Es el único tema en el que me atrevo a decir que hay un instrumento por encima de la voz, que no es otro que la guitarra del tristemente fallecido Fernando Murias, “guitarrista genial y enloquecido por las posibilidades del instrumento”, en palabras del propio Ramoncín. Marchosa a más no poder, como os digo está llena de “nostalgia punk” con sus alusiones a Rotten, Vicious, Malcom McLaren, The Clash, etc. Sin embargo, pese a la letra, es un tema completamente roquero.

La foto con la que se trabajó la portada del disco.

Cierra el disco “Mey la Lumi”, otro tema costumbrista a más no poder. Comienza con una guitarra acústica, adornada por lo que parece un silbido, que se ve interrumpida por la batería para dar entrada a un riff lento pero bien trabajado. De nuevo volvemos a escuchar un saxo que hace que la cosa suene diferente a la par que dibuja un sonido acorde con la letra. Una letra que nos lleva a una zona marginal o a los bajos fondos de la ciudad, para contarnos la triste vida y el triste final de una prostituta, más que probablemente, adicta a la heroína. El tema acaba como empezó con una guitarra acústica acompañada de un silbido, que parecen dotar a la historia de una triste naturalidad.

En esta ocasión no puedo hablaros de ventas, discos de oro ni nada que se le parezca, ni siquiera de la recepción que tuvo por parte de la prensa. A cambio citaré lo que escribió Loquillo con motivo de la reedición originada por el 35 aniversario del disco: “Warner reedita 35 años después en edición de lujo esta obra maestra de Ramoncín, un fresco de un tiempo no tan lejano, una fotografía de una España en tránsito que puede sorprender a muchos o parecer desfasado a otros de un autor que derribó los muros del rock español anclado en el hipismo trasnochado y que terminó de una vez por todas con la censura franquista. Sus letras contaban la realidad de la vida urbana y sus protagonistas eran héroes de extrarradio y príncipes de la nocturnidad”.

Por mi parte, yo no puedo sino recomendaros que lo escuchéis, pese a sus “cositas” es un pedazo de disco con unos cuantos temazos que os contarán, en cierto sentido, más de aquellos días que cualquier programa de la tele o libro de historia. Que lo disfrutéis.

Texto: F.J. Villasante
Fotos: Diana Polakov

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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Para ser totalmente sincero no me interesa la vida popero de MAMONCÍN. Que hagan un resumen hacia un grande de nuestro Rock como LOQUILLO.

    • Capitán Nosecuantos dice:

      Tío, JuanNADIE, no eres nadie. Ramoncín, con sus luces y sus sombras ha sido un pionero y ha aportado muchísimo al rock español. Siendo rebelde en una época en la que todavía estaba la dictadura finiquitada pero dando sus coletazos. Todo para que llegue un payaso faltoso como tú para llamarlo popero.

      Esto es ROCK simplemente, igual no tan puro como Burning, pero es Rock sin más. Tú si que tienes que lavarte la boca para hablar de Ramoncín, ni tan siquiera para insultarle.

      Juandie, tío, no eres más que un triste jilipoyas frustrado. Ramoncín o el DJ Ashba (ex-guns) tienen más talento en la roña de las uñas del que tendrás tú en tu puta vida de desgraciado.

      Por no saber ni sabes hacer un triste comentario con criterio en una página web de Rock, algo que el 99’999999% de la gente que sabe leeer y escribir puede hacer, tú eres el 0’00000001% que no.

      Más vale que te hubiera dado a ti por el Pop y así no tendríamos que aguantar tus jilipoyeces en esta página. El Rock, el Heavy, siempre se ha caracterizado por buen rollo, cachondeo y humildad; entre todo esto tipejos impresentables como tú siempre los hay que no hacen más que joder la marrana.

      No quería darte el sermón, pero eres un toca-huevos que lo único que hace es crear polémica y mal ambiente. Un troll de manual.

      Búscate una vida tío.

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