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Premiere de la película “El último tren al rock and roll”: No se puede hacer rock and roll sin romper alguna cuerda

26 julio, 2021 2:19 pm Publicado por  Deja tus comentarios

“Cuando terminas la carrera de periodismo no te imaginas que vas a acabar cubriendo estas historias de mierda” suelta Abril (interpretada por Adriana Galo), como si en la sala en la que se proyecta no hubiera ningún reportero frustrado y sensiblero siguiendo su historia (y la del resto de personajes que la acompañan), en una de las muchas partes memorables de ‘El último tren al rock and roll’ (dirigida por Ignacio Malagón), la más reciente producción de La Lombarda Films (y la que, si el sentido divergente se impone al sentido común, a.k.a. Mainstream, debería abrir las puertas al equipo de cara a futuras y más profesionales realizaciones), además de su primer largometraje (95 minutos) de ficción.

Es muy comprensible la pataleta de Abril. Ella que, ajena a ese mundo que le ha tocado cubrir y relatar (la final de Clash of Rockstars, un concurso local de bandas de rock que se celebra en Rubí, ciudad que alberga la televisión y el programa para los que ella trabaja, Rubí News), seguramente soñaba, antes, durante y tras sus estudios, con entrar en televisión como guionista, demostrar su valía, y de rebote acabar presentando algún reality; recorrer España descubriendo sus variopintas tradiciones y lugareños para hacer directos acelerados e insustanciales o, a lo sumo, y teniendo en cuenta sus (¡Ojo! Mini spoiler en las nueve palabras venideras) acojonantes e inesperadas dotes para las artes marciales mixtas, saltar el charco y retransmitir el siguiente combate de algún pollo y con ganas de darse de tortas por un cinturón y un puñado de dólares. Pero, ¡ai!, amiguitos: una de las muchas virtudes del guion de la película (coescrito entre el director, Isaac Pérez y Jordi Jimeno, quienes participan también como actores principales) es que los personajes, y Eva no es una excepción, tienen un arco narrativo propio en el que, como en toda buena historia narrada (no siempre es así en las vividas), lo conflictos llevan a la transformación. En el caso de nuestra corresponsal/karateka, y para no entrar en excesivos destripes, bastaría con decir, como hace un “invitado” muy especial en otro momento inolvidable del film, que “el caos se acaba abriendo camino” y el Rock and Roll termina por empujarla al supuesto lado oscuro, que en este caso está infinitamente más iluminado que sus putos sueños de mierda. Y cuando el Rock te empuja y te atrapa, ya no hay vuelta atrás.

Miguel Aparicio (producción) Ignacio Malagón (director), Laia Parral (ayudante dirección) Chencho Ramos (arte) Bruno Martín (actor De la cruz). Abajo: José Jiménez (arte)

Considero de recibo y muy honesto decir que tanto el que esto escribe como el fotógrafo que con él se desplazó desde Barcelona hasta la ciudad vecina y hermana (la película no sólo está ambientada en Rubí sino que está creada por, rodada en y pensada por y para gente de Rubí, aunque su vocación es claramente el mercado hispanohablante) teníamos pocas expectativas puestas en la cinta que se iba a proyectar durante la premier a la que habíamos sido invitados (cabe también decir que la cinta entrará ahora en el mercado de festivales y después luchará por encontrar distribuidoras y plataformas para circular, ojalá estreno mediante). Intuíamos que la cosa estaba hecha con cariño, y vive Dio que así es; pensábamos que conoceríamos a buena gente, y por Ozzy que la conocimos; soñábamos con que alguna cervecita caería, y por Baco que nos las bebimos (en compañía de miembros del equipo productor); y teníamos claro que toda experiencia nos hace crecer, profesional y personalmente, y por Roberto Iniesta que eso nos lo llevamos; pero en la peli, lo que es en la peli, pocas esperanzas teníamos (tal vez no supimos captar la esencia en un tráiler que quizás también podría mejorarse).

Esto no es una revista de cine, sino de música; y es por eso que no vamos a entrar a hacer una crítica al uso y que, en las líneas centrales de este escrito, haremos mención al apartado sonoro de ‘El último tren al rock and roll’, pero creemos que tanto los que estáis detrás de la pantalla de vuestro dispositivo móvil, como los que se pusieron delante y detrás de las cámaras para darle forma a esta divertidísima chifladura, merecéis y merecen una pequeña sinopsis y algún que otro comentario al respecto:

The Last Call es una banda de rock, más bien poco exitosa, formada por cuatro cuarentones más perdidos que un piojo en una calva: Weiser (Javier Martínez), el metalero y baterista, una mezcla entre la mala baba de Phil Anselmo y el corazón (y la perilla) de Dimebag Darrel, ambos de Pantera; Granjero (Jordi Jimeno), el punkarra, una combinación entre las actitudes antisistema (combativa) y nihilista (autodestructiva) de los mismísimos Eskorbuto; Hueso (Danny Bones), el glam, que espera a que alguna banda de éxito le llame porque se pinta muy bien las uñas; y Guindilla (Isaac Pérez), el indie y líder, y el personaje que, a mi parecer, y por no ser exactamente una caricatura como el resto, sino algo más tridimensional, queda más desdibujado; por si este batiburrillo no fuera suficientemente estimulante, la cinta incluye otros tantos personajes, a cada cual más loco y divertido, entre los que destacan una pareja de cazadores cuyas pinceladas (por muy de acuerdo que podamos estar), igual que el resto de referencias a la españolidad, podrían jugar en contra del éxito de la película en según qué ámbitos; un pseudo grupo (pues en realidad está formado por dos personas y sólo una se sube al escenario, ya veréis cómo) de hipsters que disputan a los protagonistas, con malas artes por supuesto, el trofeo del concurso; un técnico de sonido (interpretado por el propio director de la peli) simplemente desternillante (su adicción a la nicotina da paso a los momentos más descacharrantes, incluidos algunos puntos de monstermovie); un fan del que uno no puede evitar hacerse fan; y cuatro freaks autodenominados como El Escuadrón Zircón, cuyo deseo de venganza por antiguas rencillas con el líder de The Last Call, desatan el enredo principal sobre el que se va construyendo una historia que vence en su conjunto, cuando las secuencias se relacionan unas con otras, y pierde, lamentablemente, en algunas etapas concretas (en especial en aquellas que tienen que ver con el propio concurso y las presentaciones en directo de los diversos finalistas).

Simplificando: el ritmo intersecuencial gana al intrasecuencial. Y el conjunto se impone a algunas partes porque, pese a que hay otras más que logradas, no debemos olvidar que aquí much@s de l@s actores/actrices son amateurs (y que, entre los que no lo son, unos se manejan mejor en la comedia y otros en las partes serias, a pesar de tener que hacer tod@s de todo), que el presupuesto y los medios son los que son (rompamos una lanza en este sentido pues esta gente ha logrado, con imaginación, pasión y mucho trabajo, sobreponerse a ese escollo con nota, no solo en la película en sí sino en todo lo que la rodea), que hay una intención clara de contentar a todo el mundo contando una historia que incluye referencias para pocos (en ese sentido creo que la cosa gana cuando se olvida de las comedias al uso, españolas como “Fuga de Cerebros”, y americanas como “Cero en Conducta”, y se pone más AlexdelaIglesiana (irreverente e incluso gore), o que el puto virus este que nos tiene hasta los huevos no les ha puesto fácil a los chicos llevar a cabo sus ideas ni sus tempos.

‘El último tren al rock and roll’ no es (ni pretende ser) una obra maestra (su rodaje seguramente ha servido más de banco de pruebas curtidor). Ni siquiera, y por lo ya expuesto anteriormente, es redonda. Pero sí que consigue, en buena medida, muchos de los objetivos que persigue: emocionar, divertir, que nos perdamos algún fotograma al no poder evitar hacer headbanging mientras la vemos, o que nos encariñemos de los personajes hasta el punto de estar deseando que algún día puedan retomarse en una segunda parte (para los que no quieran/puedan esperar, está disponible en youtube la webserie, de prácticamente el mismo equipo: ‘The Last Call’. Eso sí, preparad papel y boli porque, tanto la serie como la peli, son un compendio de referencias y huevos de pascua freak/rockeros que ya quisiera para sí el Universo Cinematográfico Marvel de no estar ambientado en un mundo de tipos en mallas). Esto es amor y pasión (y conocimiento sobre los temas tratados) por algo que nos es mucho más cercano, al menos a los que nadamos en las aguas de la distorsión, que cualquier historieta yanqui que nos puedan meter con calzador.

Aprovecho para hacer mención también al trabajo de Laia Parral como productora y ayudante de dirección (y encargada de prensa, aunque no quiera admitirlo), Lidia Ferraz como jefa de producción, Piter Fot como director de fotografía, y al resto del equipo que ha llevado a buen puerto lo que sobre el papel pudiera parecer una majadería.

Dediquemos un buen espacio, como hemos prometido, y como seguramente esperáis los que entráis en MariskalRock, para hablar de música:

Gonçal Perales, autor de la banda sonora orquestada de ‘El último tren al rock and roll’, y seguramente guiado e influenciado por la admiración que los guionistas y el director profesan a algunas producciones ochenteras (especialmente aquellas de sabor más spielbergriano), ha llevado a cabo un trabajo digno de mención pues, teniendo en cuenta que casi la mitad de la película es puro clímax, sus composiciones, que incluyen leitmotivs para ilustrar a personajes concretos, referencias rockeras y una función marcadamente expresiva y narrativa, dejarían, de no existir, a las imágenes en cueros. La presencia de sus arreglos es casi constante y ayuda a subrayar, matizar y complementar todo lo que el resto de aspectos de la producción quieren hacer sentir al espectador.

Desgranemos ahora alguno de las canciones más destacadas que suenan a lo largo de la cinta. A los responsables de la misma, les hubiera gustado contar con algún tema mítico del Rock y el Metal pero, por razones obvias de presupuesto, han tirado de bandas cercanas o amigas que les han cedido temas, algunos compuestos exclusivamente para la película; personalmente, me alegro. Cualquier composición manida en otras tantas producciones ambientadas en el mundillo rockero no hubiera logrado otra cosa que aportar una sensación de Deja Vú que yo agradezco no haber sentido durante el pase:

“The Last Call”, de StOp, sToP!: el tema cuyo título es también el nombre del grupo de nuestros protagonistas es un patadón en la entrepierna de cualquiera cuyos pabellones auditivos funcionen en condiciones (me atrevería a decir que incluso un sordo captaría su vibración a través de los huesos cercanos al tímpano). La banda originaria de Barcelona, claramente influenciada por la movida glam americana de los 80, practica un rock and roll macarra y muy bien ejecutado, muy en la línea de los Twisted Sister más tempranos. No es de extrañar que tanto talento se mudara hace ya tiempo, persiguiendo lugares mejores para la movida, a Londres.

“Ara i Sempre”, de Batec: esto es punk rock en català del de toda la vida. Con sus guitarras efectivas y efectistas, su base rítmica más que correcta, su voz cazallera y enrabietada y una letra que le va a la historia como el pelo. Unos currantes del rock els nois de Batec.

“Cleane your sins”, de Sergi Estella: Sergi, que en la realidad es un músico peculiar y escapista de las etiquetas, no sólo aporta esta composición críptica. También se pone en la piel de Archie, el hipster manipulador de la banda ficticia Foller Power, antagonista del combo protagonista. Bajo ese nombre la B.S.O. incluye dos canciones más, “Ha nacido una estrella” y “Solidaritat”, piezas que, al igual que el propio Archie, representan la insolidaridad, lo rancio y lo prefabricado del mundo de los artistas musicales de estos lares.

“El último tren”, de The Last Call: los actores que dan vida a los cuatro protas son también músicos en la vida real. Es por eso que ellos mismos, y para darle aún más credibilidad a la cosa, se encargaron de juntarse para componer y ejecutar el tema con el que deciden, en última estancia, en el concursito de marras. “Tenía que ser”, en sus propias palabras, “un punch, potente y de gran espectro. Para ello se cogieron varias referencias de grandes hits para que quedase algo que pudieses creerte que le guste a la gente que está viendo el concurso”.

El resto de obras de las que se puede disfrutar son:

“You Get What You Get”, de Baboon Show
“A fuego”, de Crash Bones
“Tieta Roser”, de The Anti-Patiks
“Últim Batec”, original de Estella/Tort
“Pare”, de El Biri
“Mi Terapia”, de Encefálika FM
Y “Kill a chimera”, de “The Mak’ers”, cuya lírica entronca perfectamente con una de las enseñanzas que la obra cinematográfica lanza al respetable: “Los sueños deben perseguirse, pero las quimeras deben destruirse”.

“Cuando terminas la carrera de periodismo no te imaginas que vas a acabar cubriendo estas historias de mierda” suelta Abril y podría soltar el que esto escribe (interpretado por Quim Heras), como si tras la matrix no hubiera ningún lector frustrado y sensiblero leyendo su crónica (y la de Marc Tomàs, el capta luz que con él andaba), en alguna de sus poco memorables corredurías como reportero precario/amateur (dirigido por él mismo y por su amor al arte), la más reciente producción de Yomeloguisoyomelocomo (y la que, si las cosas van como hasta ahora, leerán cuatro románticos de los escritos largos y pretendidamente profundos), además de su primera incursión en la crónica de premiers cinematográficas. Sería muy comprensible la pataleta de Quim. Él que, conocedor de este mundo que ha elegido cubrir y relatar (el del Rock and Roll y todo lo que con él tenga que ver), seguramente soñaba, antes, durante y tras sus estudios, con emular a John Reed, demostrar su valía como corresponsal político, y de rebote acabar enterrado en el Kremlin; recorrer el globo embarcado como reportero interino de una gran banda de metal para hacer makingoffs escritos y gráficos con el tiempo, la inmersión y los medios deseados; o, a lo sumo, y teniendo en cuenta sus acojonantes e inesperadas dotes para la “dedorrea”, saltar en un charco y escribir un libro de tres tomos sobre la experiencia a cambio de quince minutos de fama y puñado de las antiguas pesetas.

Pero, ¡ai!, amiguitos: una de las pocas virtudes que tiene Quim es saber que las personas, y el equipo de ‘El último tren al rock and roll’ no es una excepción, tienen una historia propia que contar y que, como en toda buena vivencia real (no siempre es así en la ficción), sus luchas dan sentido a su trabajo y son mucho más enriquecedoras que cualquier programa de éxito. En el caso de nuestro colectivo cinéfilo, y para no entrar en excesivas ñoñerías, bastaría con decir, como hizo en su momento alguien más sabio que todos nosotros juntos, que “el periodismo es libre o es una farsa”, y el reporterismo de Rock and Roll termina por empujar a aquel que se anima al lado luminoso, que siempre se transitará más a gusto que cualquier sueño de mierda de una sociedad de mierda. Cuando el Rock te atrapa y te empuja, ya no hay vuelta atrás.

Texto: Quim Heras
Foto: Marc Tomàs i Gimó

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