Un álbum de la categoría de ‘The Dark Side of the Moon’ de Pink Floyd está repleto de enigmas o aspectos pocos conocidos del mismo. A aquella curiosa teoría que vinculaba el disco con la película “El mago de Oz”, hay que sumar la colaboración de una cantante por la que el grupo pagó treinta libras, pero las directrices del bajista y vocalista Roger Waters fueron muy claras: “Solo ooh y ahh”.
Para cuando Pink Floyd llegó a las etapas finales de ‘The Dark Side of the Moon’ a principios de 1973, la mayor parte de la estructura del álbum ya estaba definida. Los temas estaban establecidos. Las transiciones, planeadas. Las canciones, en gran medida, completas. Pero había una pieza, una canción sin palabras, con el piano como eje principal y construida alrededor de los acordes lentos y ascendentes de Richard Wright, que todavía parecía incompleta. Ese tema se convertiría finalmente en “The Great Gig in the Sky”.
Según el ingeniero Alan Parsons, que trabajó estrechamente con la banda durante las sesiones del álbum en Abbey Road, la pista comenzó como una instrumental destinada a reflejar la meditación recurrente del álbum sobre la vida y la muerte. No estaba pensada como una canción convencional en absoluto, sino más bien como un motivo musical, un interludio entre momentos conceptuales más intensos.
La cantante a la que pagaron para que no dijera una palabra
Parsons explicó cómo surgió el corte en una entrevista para Goldmine: “Ella había estado haciendo voces en sesiones. Básicamente era una cantante de sesión. Les dije que llamaran a Clare, porque era genial. Creo que vino al estudio el mismo día que la llamamos. Era prácticamente desconocida. Casi no se le dio ninguna indicación. Ella añadió algunas de sus propias palabras, como “Oh, baby” o algo así. Esa fue la primera toma. Roger Waters en realidad vino y dijo: “Sin palabras. Solo ooh y ahh”. Ella lo intentó un par de veces más, y luego recopilamos una interpretación a partir de eso”.
La voz se trató como otro instrumento dentro del arreglo, ascendiendo con los acordes, cayendo en el silencio, aumentando la tensión a medida que la armonía subía. La versión final de la pista se convirtió en uno de los momentos definitorios de ‘The Dark Side of the Moon’: una explosión sin palabras de miedo, liberación y asombro que refleja el enfrentamiento del álbum con la mortalidad de una manera más poderosa que cualquier letra podría hacerlo. Clare Torry recibió la tarifa estándar de estudio de domingo, 30 libras, por su aportación “vocal”, entre comillas.
Parsons señaló que gran parte del disco funcionaba porque la banda no buscaba la perfección técnica, sino atmósfera y textura. La voz en “The Great Gig in the Sky” encajaba perfectamente con esa filosofía. Sonaba sin filtrar porque, en esencia, lo estaba, y por eso sigue impactando tanto décadas después. No hay un gancho ingenioso, ni una línea poética. Solo una voz humana reaccionando en tiempo real a la música que tiene debajo.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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