Era inevitable frotarse los ojos una y otra vez para comprobar que no se trataba de un instante onírico: las hermanas Llanos volvían a estar codo con codo sobre un escenario diez años después. Sus inquietudes literarias propiciaron este reencuentro de Cristina y Amparo, un tándem imbatible que, al frente de Dover, puso banda sonora a toda una generación. La Sala Manuel de Falla de la SGAE, ubicada en el corazón de su Madrid natal, fue la ubicación de este momento histórico, protagonizado por “La noche cayó y ya nadie pudo salvarme”, las crudas, rabiosas y reveladoras memorias de la cantante de la añorada banda.
“No habría podido cantar en un grupo en el que, en vez de tocar mi hermana, lo hiciera otra persona; su guitarra me llevaba a mí”. Son las conmovedoras palabras con las que Cristina define a su fiel escudera y compañera de mil batallas, a quien considera su “puerta grande del Titanic en la que solo quepo yo”. Ha pasado más de una década desde que Dover colgara definitivamente los instrumentos, pero la química entre las dos artistas sigue siendo evidente cada vez que pisan un escenario. Acompañadas de un imponente piano de cola y con el periodista Alfonso J. Ussía como maestro de ceremonias, presentaron “La noche cayó y ya nadie pudo salvarme”, el debut literario de quien fuera cantante y guitarrista rítmica de la formación madrileña.

“El dolor, la ansiedad y una conciencia que la juzga constantemente” son algunos de los ingredientes de esta obra, junto a “la enfermedad, el miedo y la soledad”, tal y como se indicó durante la presentación. Entre las desventuras que vuelca en sus páginas, la artista se adentra en una infancia marcada por la figura de su padre. “Recuerdo mucha ansiedad y angustia”, relata. “Él era muy cambiante. Cuando ya oíamos que llegaba el coche, que todos lo reconocíamos, sabíamos que era él. Salíamos corriendo para arriba, cada uno a hacer como que estudiaba o lo que fuera”. ¿Y cuál era su refugio ante esta amarga situación? “Era la música. Cantar y bailar, me pasaba el día haciendo eso… mientras no estuviera mi padre”.
Llegaron los agridulces años de la adolescencia y Cristina recordó que se sentía “perdida entre la anorexia y luego el efecto rebote de comer desaforadamente. No podía concentrarme en absolutamente nada, y llegó la noche que cayó”. Cuando se puso el sol, llegó lo que ella califica como “el marasmo”, aquello que le impide estar en paz. Todo se desencadenó a raíz de una agresión sexual, “una violación que sufrió siendo muy jovencita”, como señaló Amparo, quien difícilmente olvidará el día en que descubrió por lo que había pasado su hermana. “No supe de esa noche hasta unos cuantos años después. A partir de enterarme, que para mí fue tremendo, de repente la entendí en Dover, entendí a la Cristina, cantante desgarrada”.
Fue entonces cuando Amparo empezó a comprender qué escondían las letras de la banda. “En "Devil Came to Me", por ejemplo, Cristina parecía obsesionada con ciertos argumentos casi religiosos, de abandono. Parecía que era Jesús crucificado diciendo: ‘Padre, ¿por qué me has abandonado?’”

La música siempre fue una vía de escape cuando Cristina Llanos caía a los infiernos, por lo que la pérdida de su voz supuso un duro varapalo. “Fue una putada porque eso para mí era el escudo perfecto ante la vida. Una vez ya éramos conocidos, me podías llamar ‘la gorda de Dover’. Yo pensaba: ‘Sí, pero yo canto y te vuelo el peluquín’. Tenía mucha potencia y cantaba como me daba la gana. Al perder eso, fue muy doloroso, tardé en hacer el duelo”.
Aun así, no se resigna a hacer de vez en cuando aquello que tanto le ha apasionado, aunque sea en la intimidad. “Canturreo por casa, bailoteo a veces, si me encuentro bien”. También confesó que aún conserva, “cogiendo polvo”, su mítica Fender Stratocaster de color turquesa. Pese a ello, sigue dedicando un rato a rasgar sus seis cuerdas. “Toco la guitarra ahora todos los días, ya hace ya un año y medio, canciones de los Beatles. Me siento reconectada con la música porque cuando acabó Dover ni podía escuchar a otros tocar, ni podía verlos en televisión cantando”.
Durante la presentación de “La noche cayó y ya nadie pudo salvarme”, se puso sobre la mesa uno de los temas más áridos que aborda el libro: el suicidio. “Lo he visto siempre como una luz al final del túnel, sigo pensando: ‘Siempre me puedo suicidar’. Luego me entra mucha culpa, porque que es una muerte, junto con de la de nuestro hermano, violenta”, explicó en referencia a Mariano Llanos, quien falleció tras sufrir una brutal paliza. “También me cabrea cuando la gente dice es que es tomar la salida fácil. Tomar una decisión como esa y llevarla a cabo es dificilísimo. Yo espero realmente no tener ese fin”.

Han pasado más de diez años desde la publicación de 'Complications', aquella última carta rockera de amor y despedida a los fans de Dover. Lo vivido en la céntrica sede de la SGAE en Madrid quedará grabado en la retina de los seguidores de una banda cuyo legado aún late con fuerza gracias a la oportunidad de volver a disfrutar de las hermanas Llanos sobre un escenario.
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