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Los días de borrasca de Héroes del Silencio: 25º aniversario de la publicación de “Avalancha”

18 septiembre, 2020 7:38 pm Publicado por  9 Comentarios


Nunca les gustó quedarse demasiado quietos en un mismo sitio. Si algo puede decirse por seguro de la mítica banda de Bunbury y compañía es que fueron una de esas formaciones que cambiaba tanto de disco a disco que dependiendo del punto de trayectoria en que uno se fije puede llevarse una impresión muy diferente. Los ramalazos hard rockeros de ‘El espíritu del vino’ ya barruntaban que en el futuro subirían la intensidad eléctrica, algo que realmente hicieron con todas sus consecuencias en ‘Avalancha’, el álbum más potente del grupo y a la vez su testamento de despedida. Alfredo Villaescusa recuerda los pormenores de un lanzamiento clave en el rock nacional.

La necesidad de romper cadenas contra lo establecido debería ser consustancial al ser humano. Lejos de esa habitual tendencia de volverse más conservador con la edad, los hay que prefieren elegir el camino a la inversa y apelar a la revolución precisamente cuando han alcanzado su mayor grado de madurez creativa. Aquella máxima de “si de joven no eres de izquierdas, no tienes corazón, si 20 años más tarde no eres de derechas, no tienes cabeza” estaba equivocada de principio a fin. Por lo menos para los que siempre van a contracorriente.

Tras ‘El espíritu del vino’ los zaragozanos Héroes del Silencio se habían convertido en un fenómeno tan mundial que entre sus seguidores se encontraba hasta su alteza, el actual monarca Felipe VI, por aquel entonces Príncipe de Asturias, que recibió incluso al grupo en audiencia por su contribución a la difusión del idioma castellano. Una cita que estuvo además salpicada por la polémica cuando el propio Bunbury a la salida de dicha recepción no tardó en declararse “antimonárquico”.

En el terreno artístico, la cosa iba viento en popa. Después de participar en un festival contra el racismo en Berlín, se transformaron en todo un fenómeno en el país germano capaz de vender 250.000 copias de una tacada y de ser número 1, una labor propulsada en aquellos años por la cadena MTV, que solía poner sus llamativos vídeos con frecuencia. La gira por el continente americano, con 26 conciertos en Chile, México y Argentina, fue tan extenuante que se vieron obligados a tomarse un tiempo de descanso tras cinco festivales en Alemania y Finlandia en julio de 1994.

Nubes tormentosas disipadas por el azteca de oro

Héoes del Silencio en 1995 Foto: EMI.

Encontraron su refugio espiritual en el Pirineo aragonés, cerca de la localidad de Benasque. Un lugar tranquilo en el que cuestionarse el futuro de la banda más inmediato, es decir, el próximo álbum, así como otras decisiones más trascendentales que afectarían profundamente al funcionamiento de esa maquinaria de los Héroes que algunos llamaban coloquialmente “el buque”. Y los últimos periplos habían dejado el timón prácticamente roto.

Un papel importante a la hora de recuperar la cohesión interna ejerció el recién incorporado guitarrista mexicano Alan Boguslavsky, un tipo al que Enrique bautizaría como “el azteca de oro” y cuya función en el grupo no estaba del todo definida, pues a pesar de que grababa en estudio y participaba en las giras jamás solía aparecer en las fotos de promoción. Pep Blay en la biografía de Bunbury ‘Lo demás es silencio’ recordaba de esta manera en una entrevista al propio Alan esa aproximación en la que hasta tuvo que superar algunos retos muy peculiares: “Al cabo de un tiempo me llamaron por si me apetecía incorporarme al grupo como guitarrista en la gira de ‘El espíritu del vino’. Los Héroes tenían claro que necesitaban a uno, pero no querían un músico de estudio ni que fuera de España. Entonces Zü se acordó de mí. Zü era el nombre artístico de Gabriela Medina, una cantante mexicana que era novia del mánager, Pito. Colaboraba con Corcobado y en su momento publicó una magnífica versión de “Mar Adentro” en un disco que se llamaba ‘Desde las entrañas’. El caso es que Zü les debió sugerir la idea, y se la tomaron en serio. Me pidieron que estuviera con ellos una semana en Londres, durante las mezclas del disco, para ver si congeniábamos a nivel personal, que es algo muy importante cuando vas a meterte a hacer una gira tan larga. Y ahí tuve mi segunda impresión sobre ellos, que fue la buena. Congeniamos. Pero no me hicieron un casting ni nada por el estilo: fue una cosa más personal. Hubo buena química y pasé las tres pruebas: aguanté una borrachera de Juan, hice un porro tamaño Bob Marley y gané una partida de ajedrez”.  

En definitiva, la estancia en Benasque sirvió para que Boguslavsky afianzara todavía más la relación con Bunbury en los largos paseos que ambos solían dar por las montañas mientras Juan componía solo y Joaquín y Pedro disfrutaban de las comodidades de tan privilegiado enclave. Si a eso le sumamos un buen cocinero capaz de satisfacer los paladares de los invitados más exigentes, pues he aquí la cuadratura del círculo.

Un mago llamado Bob Ezrin

Otro aspecto que habría que abordar con premura era el del cambio de productor. A estas alturas de la película, Phil Manzanera se había convertido en un amigo con innumerables virtudes, pero que quizás por eso precisamente no podría aportarles ya un mínimo de objetividad. Héroes además buscaban otra cosa, y Phil, lejos de sentirse molesto, les ayudó a materializar esa ambición. Recientemente, había estado trabajando con Andrew Jackson, el que sería el asistente de Bob Ezrin en ‘Avalancha’, por lo que le fue preparando para lo que se iba a encontrar explicándole el tipo de banda que eran Bunbury y compañía, así como la forma de trabajar en álbumes anteriores.

Lo cierto es que ya habían sondeado al astro de la producción para ‘El espíritu del vino’, pero ese año estaba ocupado con ‘The Division Bell’ de Pink Floyd. No hace falta devanarse mucho la cabeza para dar con los motivos que hicieron a Héroes del Silencio querer acercarse a este hombre. Una nómina de artistas desorbitadamente populares como Alice Cooper o Kiss se sumaban a los de otras promesas que despuntarían en el futuro, como Jane’s Addiction o The Jayhawks.

Al contrario de lo que sucedió en ‘El espíritu del vino’, la intención era salir de Benasque con los temas bien preparados y así demostrar a Ezrin que no estaba tratando con unos mindundis. Pero el genio fue muy duro con los maños y les exigió hacer cambios en casi todas las canciones, un listón elevado que no les amilanó en absoluto, pues si algo eran Héroes del Silencio en esa época era perfeccionistas. “Quiero que las canciones respiren”, decía el productor para que así se olvidaran del barroquismo de su obra anterior y apostaran por sonidos más directos.

Al mago llamado Ezrin no le gustaba en absoluto ‘El espíritu del vino’, creía que era muy denso y que sonaban demasiados instrumentos a la vez. Con el nombre de Metallica en el horizonte, les incitó a que sintieran lo que tocaban y ellos se tomaban las recomendaciones como palabra de Dios, cual alumnos ante una auténtica lección magistral. En este contexto, no extraña su aproximación al hard rock sin paliativos, que era lo que llevaba deseando el guitarra Juan Valdivia desde hace tiempo. El rock n’ roll crudo y salvaje, el nexo de unión sobre el que gravitarían los demás elementos.

Razones para no morir todavía

Pero ‘Avalancha’, además de un trabajo de madurez creativa, era un álbum rompedor en muchos sentidos, por ejemplo, el tratamiento grandilocuente y casi insolente de la voz. ¿O de que otra manera cabría tomarse al profeta que desde lo alto del púlpito prohíbe “la prestidigitación con la ilusión forastera” en “¡Rueda, fortuna!”?  Unas letras crípticas y al mismo tiempo subversivas que hacían de acompañamiento perfecto a unas guitarras que en determinados momentos casi alcanzaban el heavy metal. Dicen que para ‘El espíritu del vino’ el guitarra Juan tuvo que ceder, a Enrique le tocó lo propio en el disco siguiente.

El estandarte de la inconformidad sigue ondeando con orgullo en “Deshacer el mundo”, una pieza que posteriormente adquirirá mayor relevancia en el directo ‘Tour 2007’, al igual que la delicada y vaporosa balada “En brazos de la fiebre”.

El single “Iberia sumergida” trajo cola por diversos motivos. En primer lugar, por los que todavía a día de hoy ven en su primer verso un plagio de Mario Benedetti, ya que el autor uruguayo escribió “Hoy amanecí con los puños cerrados” y eso no difiere demasiado del recordado “Amanecí con los puños bien cerrados” de Bunbury. Y luego también su mensaje reivindicativo no fue entendido en todos los sectores y no faltaron los sectarios de siempre que enseguida lo encasillaron con la derecha. Lo cierto es que en aquellos momentos, con la cloaca socialista exhalando hedor de corrupción a pleno rendimiento, Enrique estaba desencantado con el progresismo institucional y así lo expresaba: “La gente de izquierdas vimos imposible apoyar al gobierno de Felipe González. Mi sentimiento era que la gente saliera a la calle a protestar por algo que me parecía insostenible. El problema es que por hacer propaganda contra el PSOE me dijeron que era del PP. ¿Qué pasa, que los de izquierdas no podemos ser críticos con nuestros políticos?”.

Respecto al tema homónimo  “Avalancha”, mencionar que un par de versos del estribillo no eran en absoluto nuevos, puesto que procedían de una canción de su primera maqueta, “El caos”. Y el nombre del disco, a pesar de que en un inicio se barajó ‘Babel’, podría estar relacionado con un par de álbumes que seguro que ocupan un lugar privilegiado en las estanterías del aragonés errante. A saber, ‘Songs Of Love And Hate’ de Leonard Cohen, que comenzaba con un corte llamado “Avalanche”, y el debut de Nick Cave junto a sus Bad Seeds ‘From Her To Eternity’, que se iniciaba precisamente con una versión de la pieza de Cohen. ¿Creemos en las casualidades?

El aire combativo no desaparece en “Parasiempre”, uno de los grandes trallazos del redondo, mientras que el misticismo se desata en “La chispa adecuada”, con esa intro a sitar y una letra cargada de imágenes evocadoras. No era de extrañar que se convirtiera en un clásico absoluto de Héroes del Silencio. Uno de los aciertos de ‘Avalancha’ es que los temas viscerales y revolucionarios conviven con otros más barrocos como “Opio”, inspirado en unos versos de Pablo Neruda, o ese potente “Días de borrasca (víspera de resplandores)” con guitarras hard rockeras hasta la médula.

“Morir todavía” posee un significado muy especial para Bunbury, pues se trata de la primera canción en la que aborda de forma directa el tema de la muerte. Algo que sufrió muy de cerca el 30 de diciembre de 1993 cuando falleció Martín Druïlle, apreciado road manager de la banda. O en la Semana Santa de 1994, cuando murió acuchillado a los veintiocho años su hermano Rafael Ortiz de Landázuri, un hecho que le marcó profundamente. Le dejó tanta huella ese deceso que no reuniría valor suficiente para dedicarle una canción al finado hasta 2001, una pieza  que se llamaría como la ermita de Huesca a la que fueron de excursión de adolescentes, “San Cosme y San Damián”.

Y por último dejan que nos arropen las olas con “La espuma de Venus”, que provoca en el organismo el mismo efecto que si nos acunaran. Para relajarse por completo después de tanta intensidad desatada. Atentos a esos evocadores punteos de guitarra. La ficción es y será la única realidad.

La soledad del corredor Bunbury

Tanto esfuerzo cristalizó en un rotundo éxito de ventas y en otra gira mastodóntica que ahondó en las diferencias entre los distintos miembros de la banda hasta que la situación se volvió insostenible. Al contrario de lo que sucedió con ‘El espíritu del vino’, que se presentó en Berlín, ‘Avalancha’ dio el pistoletazo de salida en Zaragoza, su ciudad natal, en un espacio sencillo y sin demasiada pompa: el Centro Cultural Delicias.

El 23 de enero de 1996 recibieron un doble disco de platino por 500.000 copias vendidas de manos de una distinguida figura de la política de entonces, la ministra de Cultura del gobierno socialista Carmen Alborch. Uno de los momentos más destacados de aquel periodo de infarto entre el 22 de septiembre del 95 hasta el 6 de octubre del 96 en el que realizaron 134 conciertos en España, Europa y América. Y entre medias también hubo anécdotas curiosas como cuando en Lugo un espontáneo arrebató el micro a Enrique en varias ocasiones hasta que el bajista Joaquín Cardiel le pegó un par de sopapos. Hubo denuncia y por proteger al vocalista de un desaprensivo se tuvo que comer diez días de arresto domiciliario.

Durante aquel periplo extenuante empezó a consolidarse de manera irreversible esa sima existente entre Bunbury y el resto de componentes del grupo. El propio diario personal del vocalista lo reflejaba así un siete de noviembre en Alemania: “Me doy cuenta de que, cada vez, me aíslo más en el autobús, en las decisiones que tomo junto a Tomás, Claire, los abogados, Rafael Gil, Ochaíta, en los camerinos, en las pruebas de sonido. La verdad es que no me veo formando una banda tipo los Rolling Stones, que dure una eternidad. Soy un culo inquieto, necesito movimiento”. La soledad del corredor Bunbury.

La senda hacia el silencio

La orientación cruda y hard rockera de ‘Avalancha’ no había gustado a Enrique, que prefería una mayor experimentación y abrirse a nuevos sonidos como los que luego desarrolló en su debut en solitario ‘Radical sonora’. El guitarrista Juan Valdivia, por el contrario, era más de seguir el camino contrario y acercarse incluso al heavy metal, con Guns N’ Roses como modelo estelar. Dos concepciones muy diferentes sobre el futuro de la banda que se tornarían un punto insalvable para poder continuar.

Y para terminar de complicar las cosas, el vocalista redactó una serie de condiciones para seguir en Héroes que sentaron a Juan como un jarro de agua fría. Se incluían anatemas para cualquier rockero de pro como la introducción de música tecnológica o reducir punteos y distorsión, meterse de lleno en la senda que seguían por aquel entonces U2 con su disco ‘Pop’. Hubo serias discusiones al respecto, y en Tijuana Bunbury estuvo a punto de pillar un avión y abandonar la gira. Aquello ya era irreversible. El buque había tocado fondo.

La guinda la puso un accidentado último recital en Los Ángeles el 6 de octubre de 1996 en el que el público comenzó a lanzar objetos al poco de empezar debido a unas malinterpretadas declaraciones de Bunbury sobre las mujeres mexicanas. Una inocente pregunta sobre groupies latinas desató una colosal bomba de relojería cuya deflagración se sintió incluso en las televisiones y les obligó a cancelar contratos: “En México, excepto las chicas que salen en televisión, las mujeres son bastante feas. A mí, realmente, las mexicanas me tiran poco, muy poco. En cambio, las argentinas sí, esas sí que me tiran”.

Al día siguiente se reunieron en un Hard Rock Café para despedirse y tratar de reiniciar sus vidas. El 10 de octubre de 1996 se oficializó el adiós en una rueda de prensa en Madrid, aunque la discográfica intentaría exprimir todo lo posible el legado con diversos recopilatorios y un disco de rarezas en el que había piezas procedentes de la estancia en Benasque.  Ya estaba hecho.  Los días de borrasca por fin llegaban a su fin y una tenue luz comenzaba a abrirse paso en el horizonte. Como dijo Bunbury en repetidas ocasiones cuando le preguntaron al respecto, “solo un milagro puede reunir Héroes y no creo en los milagros”. Pero a veces los sucesos sobrenaturales ocurren. “La magia, amigo, aún existe”, ya lo dijo el bajista Joaquín Cardiel.

Alfredo Villaescusa
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

9 comentarios

  • Antonio dice:

    Magnífico artículo, de los mejores que he leído de héroes.

  • La mala hora. dice:

    Buenísimo,,, bien currado.

  • M dice:

    Buen artículo, entrando en detalles para conocer un poco más sobre la banda, sus discos, la manera de pensar de cada componente, sus diferencias...
    Salvando las distancias en épocas y estilos me recuerda en cierto modo a Leño. Se acabó en la cima y la carrera que más destacó después fue la de uno de sus componentes.
    Desde luego marcaron un estilo propio y fueron muy importantes en el terreno del rock nacional, e incluso fuera de nuestro país.
    Creo que, aunque se volviesen a reunir, nada sería lo mismo, pero sería una reunión muy interesante para todos los que los hemos seguido y para el público en general.
    Quizá algún día suceda. Nada es parasiempre.

  • Juandie dice:

    Resumen muy extenso y completo hacia tan histórico álbum en su vigésimo quinto aniversario y del cual solo puedo decir que es un puto placer tenerlo desde hace muchos años al igual que el resto de la discografía por parte de una de nuestras bandas mas históricas.

  • JOSÉ ANTONIO dice:

    Muy buen artículo, efectivamente. Yo creo que los grandes grupos de la historia, tanto anglosajones como Beatles, como españoles como Nacha Pop, encuentran su genialidad mezclando dos estilos en apariencia antagónicos. En el caso de los Héroes, de la unión del hard rock de Juan Valdivia con la melodiosidad de Enrique Bunbury, surgió un estilo propio realmente genial.

    Sólo una pequeña puntualización. Aunque es cierto que quien más protagonismo asumió dentro del grupo fue Enrique Bunbury, en realidad el grupo era de Juan Valdivia. Fue este el fundador, junto con su hermano Pedro y su primo Javier (el cantante) del grupo Zumo de Vidrio, al que Enrique Ortiz llegó de rebote como bajista. Cuando Javier dejó el grupo, Enrique pasó a ser el cantante del mismo. La historia posterior es mucho más conocida, pero no hay que olvidar sus orígenes, para poder entender las desavenencias que finalmente les llevaron a separarse, y que por desgracia, hoy sea prácticamente imposible su reencuentro en una gira.

  • Raul dice:

    Bob Erzin nunca produjo a Metallica,fue otro Bob,Bob Rock.Saludos!!

  • Patriciaco dice:

    Y el cantante quería seguir por un camino más light que tan poco me gustó.

  • Juan dice:

    Bravo amigo. Hacia años q no me atrapaba tanto leer algo acerca de los Héroes. Me hiciste sentir un poco en mis años mosos.

    Muchos saludos desde México!

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