Hoy cumple 75 años uno de los tótems e iconos del heavy metal, y lo digo así totalmente a propósito porque, aunque el bueno de Ian Hill siempre ha permanecido un tanto en la sombra (si es que se puede decir algo así de un tipo que lleva 50 años y pico con Judas Priest), es un pilar del sonido de la banda británica, y por ende constructor directo y “fundador” de las bases sonoras y estructurales del heavy metal. No es posible entender la rudeza, solidez y potencia del estilo sin la influencia del bajista oriundo de las Midlands inglesas. Puro “working class”, auténtico “brummie” del Black Country de los alrededores de Birmingham, y pura sangre. Ejemplo perfecto de lo que es un jugador de equipo, pero a la vez siendo sobre el que bascula todo el juego, si nos permitimos (y entendemos) la analogía deportiva.
Judas Priest es posiblemente la banda pionera del heavy metal como tal. El camino es claro: sobre la base de Black Sabbath, Led Zeppelin y Deep Purple, los alumnos más aventajados (siendo en realidad contemporáneos, o casi) y que inmediatamente establecieron la base del estilo, el sonido, la estética (cuestión nada baladí) y sobre todo la actitud y el “cómo se hace”… fueron Judas Priest.
De ellos aprendieron todos los demás: desde todos los grupos de la NWOBHM (con Iron Maiden, Def Leppard y Saxon a la cabeza), a los norteamericanos desde sus primeros pasos en EE. UU. a finales de los 70 (que se lo digan a Slayer, Exciter, Vicious Rumors, Annihilator, Overkill, los primeros Pantera o los propios Metallica). De ahí pasamos a la armada germana, en la que posiblemente Helloween, Accept y compañía no existirían sin JP (ni Kreator, ni Sodom, ni Running Wild, ni Rage, ni tantos otros)… y hasta hoy, con todas las “nuevas” bandas que queramos sumar a la ecuación. Incluso las nuestras, claro, qué podéis imaginar quién era la principal influencia de Obús, Santa o Ángeles del Infierno en sus comienzos, y sumemos a Saratoga después, o Centinela, Su Ta Gar y tantos otros.
Resumiendo, no es posible entender el heavy metal sin Judas Priest. ¿Y quién estaba ahí literalmente desde el principio? Pues un jovenzuelo barbudo llamado Ian Hill… Compañero de clase de un tal KK Downing (Ken para los amigos, al menos entonces), comenzaron el grupo junto a un primer cantante, Al Atkins (y un primer “segundo” guitarrista negro, sí, las cosas como son). Bueno, en realidad ya existía una primera encarnación de la mano del vocalista, pero que acabaría de tomar forma cuando se unen Downing y Hill.
El resto ya lo sabemos todos, desde coger el nombre para el grupo de la canción de Bob Dylan, “The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest”, que la novia (después mujer durante muchos años) de Ian Hill tuviera un hermano llamado Robert Halford que no cantaba mal; o que firmaran con Gull Records para un primer disco y decidieran meter un nuevo guitarrista, que sería Glenn Tipton, que venía de una banda llamada “The Flying Hat Band”, en vez de hacer caso a la sugerencia de la compañía de meter vientos o teclados para “suavizar” la propuesta ya dura entonces del grupo.
Eso es historia, pero lo tenéis todo contado mil veces en Internet, en los libros de historia, en los discos y demás. Lo que quizás no está tan explicado, estudiado y resaltado es la importancia de Ian Hill en el sonido y estilo de la banda, apuntalando desde el comienzo la personalidad de Judas Priest. Un tipo tranquilo, tímido, pero a la vez autoritario a su manera (con personalidad fuerte más bien) para defender siempre su sitio e importancia en el grupo.
Claro que en los directos le vemos siempre plantado atrás, moviendo la cabeza, pero sin desclavar los pies del suelo, y alguno pensará “que no hace nada”. Craso error, amiguitos, pues las canciones de Judas Priest no se sostendrían sin la solidez, rotundidad y contundencia del bajo de nuestro protagonista… Tanto en estudio como en directo, y en las canciones más rápidas como en las más “lentas” y sobre todo rítmicas y poderosas.
En realidad, en todo el heavy metal, pero aceptando que el estilo lo inventaron Judas Priest (para mí no hay ni que explicar nada más al respecto), como lo hacen los maestros debe ser ley también en la explicación general. Así, el bajo de Ian Hill en los temas de Judas Priest aporta la base sobre la que gira todo lo demás. Dicho de otra manera, es el pilar desde el que se sostiene y apuntala la contundencia de sus canciones (y sonido) para que se luzcan las dobles guitarras y sobre todo brille la voz estratosférica de Rob Halford, o la batería poderosa en todas las épocas del grupo (aportando un extra de contundencia ya con Scott Travis, ok). Es decir, que sin la base y presencia del bajo tan sólido y particular de Ian Hill, los temas no tendrían esa dureza ni serían tan rotundos y poderosos.
Dicho esto, y sin extendernos de más en la explicación (que en el fondo solo queríamos felicitar a Ian Hill por sus 75 años y por su seminal contribución a la historia de nuestra música más querida) se nos ocurría hacer esta lista de 10 canciones de toda la historia (y de todas las épocas) de Judas Priest en las que el bajo es totalmente clave, e incluso a veces infravalorado. No seremos nosotros los que pequemos de ese error tan común en neófitos de pensar que el bajo es un instrumento menor o que los bajistas son a veces meros comparsas o acompañantes de los músicos estrella. Que se lo digan a un tal Steve Harris, a Joey Dimaio, a Gene Simmons, a Rudy Sarzo, a Lemmy, a Geddy Lee, a Geezer Butler o a su discípulo más aventajado, el gran Ian Hill, ¿eh?
1 – “Victim of Changes” (‘Sad Wings of Destiny’, 1974)
Empezamos de atrás a adelante, y aunque podríamos haber destacado antes canciones embrionarias como "Rocka Rolla" o "Dying to Meet You", donde el bajo ya es muy protagonista, quizás el primer tema grande donde el bajo de Ian Hill coge galones es en la grandiosa "Victim of Changes". Siendo una de las canciones que marcan la evolución y el comienzo del heavy metal, entonces aún proto-heavy si somos correctos, es inevitable remarcar la importancia de los dibujos sonoros del bajo en la canción (preciosistas y hippies por momentos y muy rudos en otros), además de cómo apuntala la dureza y rudeza, pero a la vez grandilocuencia, de la misma.
Tantos años después y sigue poniendo los pelos de punta cómo los graves se te clavan en el corazón mientras te apuñala inmisericorde, en el mejor sentido de la palabra, los aún bisoños, pero ya grandiosos agudos de Rob. ¡Gracias, Ian!
2 – “Dissident Agressor” (‘Sin After Sin’, 1977)
Qué delicia pecar una y otra vez de la mano de Judas Priest y este durísimo "agresor disidente" que sigue sobrecogiendo como el primer día. Recomendamos siempre escuchar estos temas en vinilo, para apreciar todos los matices que tienen y, si es posible, activar la opción del "megabass" que tenían muchos reproductores de la época para apreciar cómo se merece el trabajo de Ian Hill en esta canción.
Aún no existía el heavy metal como tal, pero Judas Priest ya lo estaban haciendo (creando en realidad) a través de canciones como ésta en estos primeros discos. Y el sonido del bajo aquí es totalmente referencia para todos los grupos de caña que fueron surgiendo desde este disco. ¿Cuántos bajistas habrán aprendido de las líneas de Ian Hill en esta canción? (¡Hola Dave Ellefson, hola Steve DiGiorgio!)
3 – “Exciter” (Stained Class, 1978)
Reconozco que lo descubrí primero en el directo ‘Unleashed in the East’ (1979), que me encantaba, pero en realidad me alucinaba la rapidez que mostraba un tema de antes de los 80, mientras iba descubriendo a las bandas duras que más me gustaban. De hecho, pocas canciones más rápidas y técnicas que esta existirán a finales de los 70 (así de primeras se me ocurre “Stone Cold Crazy” de Queen, “Highway Star” de Purple y muy poco más).
Aparte de la propia agresividad de la canción, (y la voz con los agudos más altos que posiblemente haya hecho nunca Halford), siempre me impresionó la velocidad que le aporta precisamente el bajo de Ian Hill para que tenga tanta fuerza.
No sé si exagero, pero no se me ocurre un tema más duro en la historia del rock hasta que llegó “Painkiller” tantos años después.
4 – “The Rage” (British Steel, 1980)
Quizás no es el tema más popular del grupo ni tampoco la mejor canción del ‘British Steel’, pero sí es especial porque es posiblemente la única de Priest que comienza con una intro de bajo. Una canción quizás no tan dura, pero que cuenta con un sonido de bajo hipnótico que te engancha y no te suelta. En esa onda de los temas a medio tiempo de Judas, marca de la casa: himnicos, épico y reforzando con la música de lo que habla la canción. En este caso, además, es que no necesita ser un tema rabioso para transmitir esa idea de “The Rage” de la que habla la canción.
5 – “The Ripper” (Live Vengeance’82’)
Vale, me habéis pillado, que aquí he hecho una trampilla para colar en directo una de las mejores versiones en directo del clásico “The Ripper”. Cierto que ya la original es tremenda, y a su vez la primera versión en directo oficial del ‘Unleashed in The East’ es gloriosa, pero a mí siempre me maravilló el magnetismo que tiene esta versión de la gira americana del 82.
Como podemos ver en el vídeo, la banda con la imagen ya 100% heavy y encuerados al máximo, sonando muy duros pero a la vez suaves y elegantes a su manera. Y es que hablamos de los maestros transmitiendo sensaciones, tocando en directo y trasladando esas historias de las canciones a la realidad con la expresividad perfecta en la representación, tanto musical como vocalmente.
¿Y qué sería de la ambientación de esta canción sin el bajo de Ian Hill, apuntalando cada movimiento de “Jack, The Night”, asustando con cada nota retrotrayéndonos al tenebroso Whitechapel, en el temido y deprimido East End londinense de finales del siglo XI?
6 – “Metal Gods” (‘Priest… Live!’, 1987)
Cierto que Ian Hill no participó en la grabación de ‘Turbo’ (como sabemos ahora) y de hecho estuvo unos meses apartado de la banda para rehabilitarse de ciertos problemas personales, divorcio y locuras en Ibiza mediante. De hecho, parece confirmado tantos años después que parece que los bajos de aquel disco se grabaron entre un músico de sesión y los propios sintetizadores tan en boga entonces.
No nos metemos de más en esto, pero lo cierto es que ya recuperado volvió para la gira, donde se grabó en Dallas, Texas (con parte de Atlanta), el mítico ‘Priest… live!’, uno de los directos más míticos y gloriosos de la historia del rock. Imagen americana, sonido “suavizado” (más que entre comillas), teñidos rubios y cardados… Que sí, lo que queráis, pero el que no se ha hecho mayor escuchando este doble directo (y viendo este concierto completa una y otra vez), no ha tenido infancia heavy ni tiene ni idea de qué va esto.
Dicho esto, “Metal Gods” es una de esas canciones absolutamente rítmicas, hímnicas y pesadas totalmente imprescindibles en el cancionero popular del estilo. ¿Y quién le pone el punto justo de solidez, rudeza y punto grave y pesado al tema, y va marcando con su bajo el ritmo de la misma, además del sonido robotizado? Pues eso.
7 – “Hell Patrol” (‘Painkiller’, 1990)
El disco definitivo del heavy metal, el que define el estilo, el más duro y melódico a la vez, pero sobre todo el álbum más cercano a la perfección que se ha hecho nunca. Mil veces imitado, como se suele decir, pero nunca superado. No hay que explicar mucho más de la importancia de ‘Painkiller’ para la historia del estilo, ¿verdad? Pues aparte de la producción referencia absoluta desde entonces para el metal, la voz incomparable, la contundencia de la batería, o la perfección de dobles guitarras mejor acopladas y complementadas que nunca, a nivel del sonido de bajo este disco también marca tendencia para todas las bandas duras posteriores.
Podríamos elegir casi cualquier canción del disco al respecto, pero me quedo con “Hell Patrol” por cómo va marcando el ritmo de la misma, aunando melodía (sí, el bajo también puede aportar melodías) y rotundidad, y poniendo esa base de muro de sonido, junto a la batería, sobre la que después las guitarras, voz y la propia letra en este caso construyen una de esas canciones perfectas y que emocionan al escucharlas en cualquier circunstancia.
8 - “Judas Rising” – (‘Angel of Retribution’, 2005)
Paren las rotativas, ¡que vuelve Rob Halford a Judas Priest!... Vale, ya sé que me estoy adelantando, y que no hemos contado demasiado de la salida de Halford tras la gira de ‘Painkiller’, los devaneos de las dos partes (mejor considerados y aceptados a día de hoy, tanto Fight por un lado como ‘Jugulator’ por el otro… que de ‘Two’ y de ‘Demolition’, o ‘Baptism of Fire’ de Glenn Tipton prefiero ni nombrarlo), el superar cómo se pudieron los difíciles últimos 90 y primeros 2000.
Llegamos al disco de reunión, quizás hoy infravalorado pero que en realidad fue tan importante. Y dentro del mismo, el arranque con “Judas Rising” es glorioso, entre otras cosas por el bajo de Ian Hill de nuevo mandando en el sonido del grupo entonces: Durísimo, contundente al máximo, bola sólida de acero desde el fondo, y la base sobre la que se asienta, una vez más, el sonido de Judas Priest.
Reverencia porque Judas renacía de sus cenizas, entre otras cosas gracias a la tenacidad y perseverancia de Ian Hill para que así fuera.
9 – “Lightning Strike” (‘Firepower’, 2018)
Llegamos a la gloriosa actualidad de Judas Priest casi para cerrar, que en realidad podríamos coger varios temas tanto de ‘Firepower’ como de ‘Invincible Shield’ (incluso de ‘Redeemer of Souls’ de 2014), pero me quedo con este single del penúltimo disco del grupo como ejemplo de lo que debe ser una banda clásica e histórica en su actualidad: fiel a su sonido y estilo (y a sus fans), leal, honesta con ellos mismos los primeros y, sobre todo, ofreciendo material de verdad a la altura de sus clásicos.
Por eso Judas Priest es la banda referencia de heavy metal de la historia, porque incluso cuando han podido tropezar o directamente caerse, siempre han sabido levantarse para mantener la bandera del estilo, o el escudo si lo que queremos ver así, en lo más alto.
10 – “You´ve Got AnotherThing Coming” (Rock & Roll Hall of Fame Induction Ceremony, 2022)
Terminamos sin darle más vueltas y de la manera más festiva posible. Como decimos tantas veces, parece sencillo tal vez, pero… ¡hazlo tú, y durante 50 años! Ian Hill sabe su papel, no quiere protagonismo extra, pero a la vez es esencial e imprescindible como nos demuestra aquí para rematar el artículo con este superclásico festivo de Judas Priest. Gracias y felicidades por tus 75 años.
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