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Día Mundial del Teatro: de la guillotina de Alice Cooper al ritual de Ghost y las llamas de Kiss; el espectáculo debe continuar

Ir un paso más allá de la simple oferta musical es algo que siempre ha enriquecido la escena del rock y ha creado leyendas inmortales, icónicas imágenes y relatos increíbles. El 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Teatro, y para celebrarlo vamos a hacer un repaso de las más diversas y formidables maneras en las que el rock y el metal se han mezclado con este mundo para plasmar rabia, miedos, fantasía y mucho más que un simple adorno estético. Escenarios gigantescos, interpretaciones memorables, una imaginación desbordante, muertes y resurrecciones antes de los bises, y todo antes de que las pantallas y la Inteligencia Artificial apareciera en escena. La función va a comenzar.

1. Alice Cooper

Dejen paso al maestro, al pionero en convertir un concierto de rock en una obra de terror, al responsable de que hablar de guillotinas, ahorcamientos, electrocuciones y camisas de fuerza esté más relacionado con el rock y la diversión que con castigos crueles.

Alice Cooper creó un mundo que sigue vigente largas décadas después, llegando a nuestros días con la misma capacidad de provocar el “shock” a los espectadores, llevando su excelente enfoque musical hacia la performance narrativa total en sus conciertos. Fechorías, muerte y redención… o no, todo adquiere sentido sobre el escenario con el gran maestro de ceremonias como protagonista, y sin que nunca se pierda la perspectiva del concierto de rock.

El cine de terror, de serie B y el Grand Guignol parisino, transformó el escenario en una celebrada experiencia inmersiva antes de que supiéramos lo que significaba eso. Así, hemos visto a Alice Cooper morir de diversas formas tras recorres sus enormes escenarios, desde ahorcado, poniendo realmente su vida en riego, hasta decapitado, lo que sigue siendo un momento impactante en el siglo XXI. Demostró que el público no solo quería oír música, quería ver una historia con un clímax catártico y terminar en la palma de su mano como si hubiéramos vuelto a la infancia con los ojos como platos.

2. David Bowie

Si hablamos de personajes diferentes, el gran Duque Blanco demostró ser una fuente inagotable de ideas para una constante reinvención. Entre estos distintos “papeles” interpretados a lo largo de su trayectoria destaca Ziggy Stardust, que no solo fue una colección de canciones puntual, sino que transformó al artista en un extraterrestre durante toda esta etapa. Vestuario, maquillaje y el lenguaje corporal separaban a Bowie de la obra.

Por otro lado, en este caso también hablamos de un actor en el sentido más literal de la palabra, un artista multidisciplinar que sorprendía con cada nuevo lanzamiento y al que vimos en incontables interpretaciones desde el inolvidable Rey de los Goblins en “Labyrinth” (“Dentro del laberinto”) hasta en la icónica serie “Twin Peaks”.

De vuelta al escenario, Bowie cambió el concepto de "estrella de rock”, haciendo que sus cambios de vestuario y maquillaje no fueran moda, sino cambios de guion que reflejaban la búsqueda de identidad y el espectáculo más puro.

3. Pink Floyd

Los grandes arquitectos del espectáculo. Hablar de un concierto de Pink Floyd ya está en el inconsciente colectivo como algo enorme, lleno de sorpresas y cargado de significado.

Obviamente, todo lo que rodea ‘The Wall’ sería la cima de esta afirmación, el espectáculo en el que el rock y lo teatral se fundían a escala estructural, construyendo y derribando ese muro entre la banda y el público, y haciendo que la música fuera un personaje más de la obra entre marionetas gigantes y proyecciones que creaban una experiencia sensorial completa.

Si Bowie era el actor, Pink Floyd era la escenografía conceptual. De hecho, saltamos del teatro a una verdadera ópera visual donde los músicos llegaban a estar en segundo plano respecto a la narrativa. Menos mal que hay imágenes para poder acercarnos a aquellos conciertos.

4. Marilyn Manson

Quizás alguien lo hiciera en un oscuro laboratorio y no lo sepamos: mezclar la genética de Alice Cooper con la de David Bowie y alumbrar a este extremadamente digno heredero tenebroso que llevó la provocación al siguiente nivel.

Teatro de la provocación, de la confrontación, de llevar todo al límite fuera cual fuera el resultado, con biblias que ardían, púlpitos impíos, banderas de aspecto dictatorial, zancos, los más grotescos disfraces, el maquillaje más aterrador y todo al servicio de la crítica a la hipocresía de la sociedad a través de un magnético sonido industrial que enganchó a una generación y luego a otra, y a otra, hasta nuestros días.

5. King Diamond

Probablemente, el concepto de unir el relato de una novela de terror y transformarlo en un disco de heavy metal no tenga mayor maestro que King Diamond, capaz de dar vida con su ilimitado rango vocal a cuantos personajes sean menester. El escenario de sus conciertos se transforma en mansiones encantadas, cementerios y se llenan de elementos, y no pocas veces actores, que dan forma a las diferentes historias.

El gutural más profundo y el falsete más afilado son los límites de la voz para una estrella cuya sola presencia ya es pura teatralidad y heavy metal al mismo tiempo. Narrador y protagonista, al estilo de los antiguos radio-teatros, el hombre de las mil voces no podía faltar en esta lista.

6. Ghost

La coctelera genética que mencionábamos en el caso de Manson explota al tener que meter todos los protagonistas previos para acercarnos a la propuesta que actualmente conocemos como Ghost, y que ya desde los inicios apostaba fuertemente por el aspecto más teatral junto a sus adictivas composiciones.

Pese a que la pérdida del misterio sobre la identidad de los protagonistas estuviera cerca de restar enteros al proyecto, Tobias Forge supo hacerse con las riendas y darle la vuelta a la situación y crecer exponencialmente desde entonces. Pero no solo hablamos de teatralidad ahora que tenemos a la banda actuando en enormes escenarios transformados en catedrales góticas, ya que todo el proyecto nace desde una idea teatral con su particular religión, su dinastía de Papas, clero y todo el mundo creado más recientemente en sus entregas en forma de vídeos siguiendo las aventuras del Cardinal Copia, Papa Nihil o el actual Papa V Perpetua.

Cada disco es un nuevo acto de la función por parte de la banda que mejor ha entendido y desarrolla esta teatralidad unida al rock, y que crece en cada ritual por todo el mundo, llegando al extremo de tenernos a todos pendientes de conciertos que puedan tener lugar al otro lado del océano y que hayan sido elegidos para el momento del ascenso de un nuevo Papa o algo similar.

La liturgia de lo oculto, un punto de satanismo, el rock más adictivo, el indiscutible magnetismo de Forge en escena y sus Nameless Ghouls. Que se abra el telón, que necesitamos una función más con urgencia.

7. Ayreon

Con el proyecto de Arjen Lucassen podríamos hablar de una Ópera espacial progresiva que ha llevado el concepto de álbum de rock al formato de libreto teatral de ciencia ficción. De hecho, prácticamente, Ayreon funciona como una compañía de teatro. Cada cantante invitado interpreta a un personaje específico dentro de una trama compleja que puede abarcar distintas obras.

Trasladado al escenario, nos encontramos musicales de rock en toda regla, con actores, diálogos y una puesta en escena que utiliza pantallas para situar al espectador en naves espaciales o paisajes oníricos, convirtiendo la música progresiva en un drama épico.

8. Jesucristo Superstar

O cómo el rock asaltó Broadway y prolongó su relación de amor y odio con la Iglesia. Andrew Lloyd Webber y Tim Rice compusieron el puente definitivo entre el teatro musical clásico y la rebeldía del rock, sentando las bases de la Ópera rock y aportando una perspectiva de la historia de Jesús que sigue siendo polémica más de cincuenta años después… y de la que no podíamos hablar en mejor fecha, a las puertas de una nueva Semana Santa.

La pasión de Cristo no solo se humanizaba, sino que se rockerizaba y nos daba el punto de vista de un Judas inmerso en un conflicto psicológico inimaginable hasta entonces. La relación más sólida con el rock llegaba con la aportación de uno de los más grandes vocalistas a su interpretación, como fue Ian Gillan de Deep Purple como Jesús en el disco original. Su afilada garganta dejó el listón solo alcanzable para privilegiados tocados por los dioses como nuestro Leo Jiménez, que no solo ha interpretado este papel en representaciones de la obra, sino que hizo suya la estremecedora “Getsemaní” al incluirla tanto en sus conciertos como en su disco ‘La factoría del contraste’ (como bonus track, pero ahí está).

9. Kiss

Junto a Alice Cooper, podemos hablar de los creadores de los efectos escénicos más potentes, orgánicos y sostenibles durante décadas de la historia del rock. Partiendo de la influencia del teatro kabuki y los cómics en los icónicos maquillajes de Simmons, Stanley y compañía, la banda más caliente del rock nos presentó a sus distintos personajes, con The Demon, el Starchild, Spaceman y Catman como cuarteto original, la banda terminaría llevando un concierto de rock al más puro espectáculo de variedades subiendo el volumen al 11.

Hablamos de un espectáculo masivo que, como con Cooper, consigue que el espectador se quede atónito por muchas veces que haya asistido ante cada truco: el vuelo, las llamaradas y la sangre saliendo de la boca del Demon, la guitarra del Spaceman disparando cohetes, el vocalista surcando audiencias enormes en vuelo, plataformas móviles, explosiones por todas partes… se ponen los pelos de punta de solo pensar que la próxima vez que lo veamos será con avatares virtuales. Rock y entretenimiento elevados a la máxima potencia.

10. The Who

Cerramos la lista con otros grandes inventores de narrativa rockera, el grupo que lleva a hablar de ‘Tommy’ y ‘Quadrophenia’ en cualquier conversación en la que se ponga en duda la aportación cultural del rock o en la que se hable del salto de la música a lo más visual y de las Óperas Rock en general, ya que los de Pete Townshend convirtieron el género en un éxito masivo.

Si el acto de romper las guitarras al final del show ya era, en sí mismo, una pieza de performance de arte destructivo (que nos llevaría a una incontable lista de actores), este caos emocional y su catarsis física contrastaba con la capacidad para representar en sus obras estados mentales dramáticos, personajes complejos, también guerras callejeras y la exposición de un momento social que quedaba retratado para la historia.

Jorge Bobadilla

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