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Cumpleaños de Pedro Andreu: Seis temas de Héroes del Silencio en los que la batería tuvo su propia voz

Son muchos los elementos que deben unirse en un momento y lugar concretos para que salte la chispa adecuada y surja una banda como Héroes del Silencio, cuyo indiscutible legado se mantiene vigente a través de las décadas, e indeleble en el deseo de una reunión mientras sea materialmente posible. Entre esos elementos no puede faltar un motor, y el de los zaragozanos fue Pedro Andreu, batería que hoy cumple 60 espléndidos años. Pero Pedro fue mucho más allá, y tanto en los discos como en los directos la labor de llevar el ritmo se sumaba a la de tener voz propia, dando en cada golpe un color distinto como si fueran pinceles y no baquetas lo que utilizaba. Hoy celebramos el cumpleaños del batería de Héroes del Silencio con seis (y podrían ser muchas más) canciones en las que el motor del grupo tuvo su propia voz desde el nervio post punk inicial hasta la enorme pegada de rock de estadios final.

1. “Hace tiempo” (‘Senda ’91’ - original de ‘El mar no cesa’, 1988)

Había que empezar desde el principio, desde ese nervio postpunk que Héroes del Silencio terminó llevando a todas las casas de España con el inmenso éxito de su segundo disco, que tuvo como antesala un debut ineludible, con canciones deliciosas que ya guardaban una intensidad que la producción tapó en el disco original, pero que no había manera de reprimir en los conciertos de la banda. Por eso, y también escapando de los efectos de la época que se sumaron a una batería que no los necesitaba, rescato este “Hace tiempo” en la versión publicada en una joya de directo como ‘Senda ’91’, en la que empezamos a ver cómo Andreu hacía mucho más que apalear tambores con su interpretación.

La fría batería de ‘El mar no cesa’ se transforma en una pegada orgánica, gruesa, que maneja el volumen según lo requiere la canción en cada parte, con un empuje que lleva en volandas al resto de la banda, dando parte de ese demoledor sello que terminaría llenando estadios. Una batería prácticamente narrativa, aunque sea escribiendo a latigazos.

2. “Con nombre de guerra” (‘Senderos de traición’, 1990)

Saltamos hasta el disco que lo cambió todo para Bunbury, Valdivia, Cardiel y Andreu, convirtiéndolos en las estrellas más brillantes de la música estatal. Además de los grandes éxitos, el disco escondía joyas como esta particular balada que sorprendió por su enfoque del amor algo diferente a lo habitual. En ella, el batería nos ofrece un ritmo que parece unir un aire marcial casi con el vals, si es que me explico con esta comparación. El balanceo seduce constantemente al oyente con una elegancia y un espacio para respirar tan presente como sutil… que es para enmarcar.

La precisión perfecta se aparta para dejar que la batería acompañe los momentos en los que la intensidad de la canción aumenta o disminuye, dejando esa sensación que tiene todo el disco de tratarse de canciones vivas y no matemáticamente perfectas. Cada golpe en su lugar, dejando hueco para que los compañeros prácticamente floten durante la canción. Otra joya para la colección.

3. “La carta” (‘Senderos de traición’, 1990)

No nos podíamos ir de este discazo sin rescatar otra de las piezas favoritas de los seguidores de Héroes del Silencio, no en pocas ocasiones por encima de los grandes singles, valorando estas composiciones aparentemente más discretas.

Aquí, el valor de Pedro está en subrayar y puntuar cada palabra y las emociones que se crean durante la canción. El batería usa los platos para enfatizar momentos y conceptos mientras sigue llevando las riendas del ritmo en un tema que es un constante juego de contrastes. Y en directo esto se podía ver físicamente, aunque no fuera Pedro el batería más expresivo, desplegando movimientos que acompañaban esta puntuación y hacían que el público notara el peso de cada palabra.

4, “La herida” (‘El espíritu del vino’, 1993)

Se me hace difícil elegir una o dos canciones tan solo del disco que, para mí, es la cima de Héroes del Silencio, atesorando tanto su versión más descarnada y rabiosamente rockera como el lado más místico y tribal, y ambos aspectos tenían en la batería de Pedro Andreu un pilar esencial.

Me quedo para empezar con esta canción que en realidad es una montaña rusa que no para de subir y dar pequeños giros antes de lanzarnos a una caída de vértigo cuando ya nos tenían hipnotizados y en la palma de la mano. Cómo se maneja esto tras la batería es solo propio de maestros como el que nos ocupa.

Podríamos haber elegido aquí “Flor de loto” para hablar del lado más místico, o “Sirena varada” para apuntar a la expresividad… pero dale al play y dime que me he equivocado con este despliegue de técnica y energía en el que termina en lo que parece casi una pelea con la voz.

5. “Bendecida" (‘El espíritu del vino’, 1993)

También en el disco de 1993, en el que cuesta no hablar en su vertiente rockera de “Nuestros nombres” o “Tumbas de sal”, por ejemplo, encontramos esta maravilla de aparente sencillez y que termina siendo una lección de dinámica y de cómo aportar luz y oscuridad a una canción sin que esta parezca cambiar hasta que ya es demasiado tarde y eres presa de cada uno de sus pasajes. Junto al resto de sus compañeros, Pedro crea un medio tiempo que acaba siendo épico, con una sensación de empuje constante que se suma a la emoción en la que Héroes del Silencio nos sumerge con esta composición.

6. “Deshacer el mundo” (‘Avalancha’, 1995)

No nos íbamos a dejar olvidado al Pedro Andreu más físico y demoledor. Una apisonadora de rock que dejaba temas como “Iberia sumergida”, “Rueda, fortuna!” o la propia “Avalancha”. Pero una de las que nos dejan ver ese menos es más que llevaba Pedro por bandera es la que ocupaba el tercer lugar en el tracklist, en la que desde el motor bombea la rabia del tema con precisión, contundencia y la urgencia que parece animar al resto para no dejar de subir el nivel en la interpretación.

Andrew Jackson, ingeniero de sonido que trabajó con Pink Floyd y estuvo junto a Bob Ezrin en la producción de ‘Avalancha’, quedó impresionado con la capacidad del batería para mantener esa intensidad durante la grabación. Y algo sabe ese señor de música y de rock. Ese cañón que escuchas en los temas del disco es Pedro golpeando con el alma en cada toma.

Bonus track - “El refugio interior” (‘El espíritu del vino’, 1993)

¿Creías que se me iba a olvidar? Sí, es solo un minuto y medio, pero nunca dejé de ponérmelo como entrada para el huracán guitarrero que llegaba después con “Sangre hirviendo”. Un centenar de segundos en los que la percusión es la única protagonista creando, como si de un chamán se tratara preparando a los nuevos iniciados, un patrón hipnótico, potente y con una sensación de in crescendo que terminaba desembocando como un río en una catarata con la citada “Sangre hirviendo”… que ahora me voy a poner obligatoriamente.

Del latigazo post punk que nos voló la cabeza a finales de los 80 a la apisonadora sonora final, la trayectoria de Pedro Andreu es una lección de cómo evolucionar sin perder el alma. Desde la humildad hacia la eternidad. Hoy celebramos sus seis décadas de vida mientras sus ritmos siguen martilleando en el pecho de miles de fieles que saben que, sin su pegada, todo habría sido silencio. ¡Felicidades, Pedro!

Jorge Bobadilla

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