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Crónicas

Little Steven & The Disciples Of Soul

«Este escudero de alma indómita hace tiempo que es ya, por derecho propio, una leyenda de la historia del rock, y directos como el de esta noche lo atestiguan»

8 diciembre 2017

Palacio Vistalegre, Madrid

Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos: Alfonso Dávila

El fulgor de las estrellas en ocasiones eclipsa a otras figuras colindantes que por sí solas podrían conseguir una atención similar. La historia siempre ha relegado a los subalternos y a aquellos cuyo discreto papel y ausencia total de aires de grandeza les impide pegar el necesario golpe sobre la mesa para que el personal repare en su presencia. Pero ahí permanecen, cumpliendo su cometido sin estridencias, tal vez solo cuando ya no estén se les haga la justicia requerida.

Pese a su condición de piedra angular del llamado sonido New Jersey, aparte de fundador de Southside Johnny & The Asbury Jukes y de las primeras bandas de Bruce Springsteen, muchos conocen la faceta de Steven Van Zandt únicamente como escudero inseparable de la E Street Band del Boss. Acompañado de su característica bandana y pinta de pirata, también posee una reseñable trayectoria en solitario con hitos como su debut en solitario ‘Men Without Women’, una contrastada reputación como arreglista, rotundo compositor y productor de superventas y hasta una vertiente televisiva con su destacado papel en la serie ‘Los Soprano’. Un Leonardo Da Vinci de nuestra época.

Una de las mayores lecciones vitales que pueden extraerse a lo largo de los años es la de saber pillar al vuelo las oportunidades que se presentan. Y estaba claro que esta gira en solitario de Little Steven a tenor de su primer disco en casi dos décadas era una de ellas. Quién sabe cuándo le volvería a entrar a este señor la chaladura de recorrer el mundo por su cuenta. O mejor dicho, ¿ya le permitiría su ajetreada agenda concederse de nuevo caprichos de este tipo a sus ya 67 tacos?

Por tales motivos, daba igual que apenas se viera juventud por la abarrotada sala Vistalegre, teníamos por ahí tipos tan dispares como fans de W.A.S.P., del Raio Alaricano y oh, sorpresa, el príncipe del power pop Kurt Baker, que con su indumentaria con chupa de cuero constituía quizás lo más macarra que íbamos a contemplar por esos lares. La música previa de calentamiento por altavoces desprendía aroma puretil, no imaginamos a jovenzuelos gozando del “Da Doo Ron Ron” de The Crystals, influencia fundamental en el propio Van Zandt y hasta en punks como Ramones.

Recordando a su jefe y escoltado por una espectacular banda de 14 miembros, Little Steven gritó uno de esos eternos “1, 2, 3, 4” que siempre borda Springsteen en los directos antes de arrancarse con un magistral homenaje a Tom Petty en forma de “Even The Losers”, una exquisita pieza que revela que “incluso los perdedores a veces tienen un poco de suerte”. Gozar de semejante despliegue de medios con una sólida sección de vientos y tres portentosas coristas de ímpetu racial ya suponía una auténtica providencia. La llamada a entrar en combustión espontánea, “Soulfire”, fue acogida con dedicación absoluta, un hecho que se incrementaba cuando al bueno de Miami Steve le daba por señalar a la audiencia. Carisma a borbotones.

Fiel a su estilo de locutor radiofónico, por algo dispone de programa propio desde hace más de una década, este corsario del rock daba rienda suelta a anécdotas sin caer en la brasa inmisericorde y anunció que haría un repaso de la música del último medio siglo, ahí es nada. Una lección que comenzó con el “The Blues Is My Business” de Etta James e incluyó por supuesto a ese gran olvidado en el viejo continente llamado Southside Johnny, con un soberbio “Love On The Wrong Side Of Town”, donde estallaron las trompetas. Lujazo.

Algunos hasta cantaron el riff de “Until The Good Is Done” de su debut en solitario, y en “Angel Eyes” sobrevoló la alargada sombra de Springsteen. “Es igualito”, decían por ahí, y lo cierto es que por la configuración de la banda con los metales y demás sí que existía cierto parecido. Al margen de composiciones fáciles de imaginar en otra voz, las coincidencias se quedaban allí, con una colosal amplitud de miras en la que cabía desde doo-wop o reggae hasta rock n’ roll añejo o garaje.

El bostoniano siguió buceando en el catálogo de Southside Johnny con “Some Things Just Don’t Change”, una solución muy práctica dada la remota posibilidad de ver a ese señor por Europa. Y tal y como demuestra el programa de radio ‘The Underground Garage’, Little Steven no es para nada un carcamal anclado en el pasado, prueba de ello es que rescatara “St. Valentine’s Day Massacre” de las chicas Cocktail Slippers, un saqueo con patente de corso, pues pertenecen a su discográfica Wicked Cool Records. Un abordaje amigo.

El recital fue in crescendo con el épico spaghetti-western “Standing In The Line Of Fire”, compuesto originalmente para Gary U.S. Bonds y que por su aire desértico lo podría tocar tranquilamente el andaluz Pájaro. Pelos de punta con su atmósfera atormentada a lo “Point Blank” y esos coros tremendos explosionando en el estribillo. El reciente álbum ‘Soulfire’ ha calado hondo entre el personal y, en temas comerciales del calibre de “I Saw The Light”, muchos se agitan como si se tratara de un verdadero clásico, aunque intuimos que es más bien porque recuerda al sonido de Springsteen en sus últimos trabajos. Una oportunidad que Steven no desaprovecha para meter a la gente en su rollo con “Salvation” o “The City Weeps Tonight”, un tributo duduá donde sacó una taza como si fuera la hora del desayuno antes de un alegato interracial acerca de la necesidad de romper fronteras.

En pleno arrebato de negritud, no desentonaba la noctívaga “Down And Out In New York City” de James Brown, transformada en una coctelera de ritmos sincopados, explosiones controladas de vientos, coros soul y hasta flauta hipnótica a lo Jethro Tull. Y en “Princess Of Little Italy”, el entusiasmo de la concurrencia llegó a tal punto que hasta gritaban: “¡You are the Boss!” (Tú eres el jefe).

Nos aburrió sobremanera el ponzoñoso intervalo reggae con “Solidarity”, que alargaron innecesariamente insuflando poso étnico y psicodélico y “I Am A Patriot”, que seguía la misma onda playera. Menos mal que recuperaron vigor con “Ride The Night Away”, escrita para el héroe de la clase obrera Jimmy Barnes y que por la preponderancia de los vientos rememoró el tono grandilocuente de “The Rising” de Springsteen. Los latinismos sabrosones de “Bitter Fruit” tampoco nos convencieron demasiado, aunque fuera curioso ese momento de percusión casi tribal. Una pieza fundamental en la trayectoria de Little Steven como “Forever” ya sí se podría considerar un cierre digno antes de los bises.

Existen miles de villancicos potativos al extremo, pero si salvaríamos alguno de la quema colectiva ese sería “Merry Christmas (I Don’t Want To Fight Tonight)” de Ramones, que Steven llevó muy competente hasta su terreno de la costa este. Los bises no desmerecieron en absoluto con el clásico emblema de Southside Johnny “I Don’t Want To Go Home”, que resultó inmenso con unos coros desatados y el carismático compositor desgañitándose en el apartado vocal mientras atronaban las trompetas. La ochentera “Out Of The Darkness” se antojaba un epílogo por todo lo alto, con punteos abriéndose camino en la recta final y las coristas ganándose como pocas el sueldo. Sudaron bien.

Quizás Steve Van Zandt no posea tanto talento como Springsteen, o por lo menos no resulte tan completo a la hora de valorar su nivel como cantante, compositor o guitarrista, pero este escudero de alma indómita hace tiempo que es ya, por derecho propio, una leyenda de la historia del rock, y directos como el de esta noche lo atestiguan. Parafraseando a Etta James, “el blues es su negocio”. Y de momento le va viento en popa.

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