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Crónicas

Crónica de Jeff Beck en Madrid: Un gigante de otra época

«Resultó delicioso transportarse a una época clásica en las que las cosas se hacían de otra manera a través de un concierto anacrónico a nuestros años»

29 junio 2018

Noches del Botánico, Madrid

Texto y fotos: Álvaro González

Por encima de gustos y consideraciones personales, resulta indudable la importancia de determinados artistas en la historia del rock. Mucha gente acostumbra a no caer en la cuenta de que, sin grupos como The Beatles o The Yardbirds, jamás habríamos podido disfrutar del heavy metal y muchos otros estilos tal y como los conocemos hoy en día. Al César lo que es del César.  Muestra de ello -y coincidiendo con el show a tan solo unos kilómetros de Guns N’ Roses formando así una jornada difícilmente superable a nivel musical en la capital española- fue la actuación que el veterano guitarrista ofrecía el pasado viernes en Madrid.

Tras unos días en los que por momentos el calor resultaba asfixiante, la tarde se presentaba con una temperatura de lo más agradable en la capital. Si a este respiro en los termómetros le sumamos la elección de un recinto idílico para acoger esta cita como es el Real Jardín Botánico Alfonso XIII- casa de los conciertos realizados dentro del marco de las Noches del Botánico, obtenemos un binomio inmejorable para que viviéramos un espectáculo digno de recordar.

Pasados unos minutos de las 20:15, la banda de Ana Popov hacía acto de presencia en el escenario. Si bien puede pensarse que la naturaleza (nunca mejor dicho) de este espacio puede hacer mella en la calidad del sonido ofrecido, nada más lejos de la realidad.  La arista serbia, que aparecería tras una breve presentación de sus compañeros por separado inundó tanto las primeras filas como la grada del jardín con su blues/rock nada desdeñable. Apenas se notó la clásica diferencia de volumen entre telonero y artista principal, aunque en una ocasión no fueran necesarios formalismos de esta categoría. Ana nos hizo disfrutar durante sesenta minutos con su prodigiosa destreza a las seis cuerdas  y una selección de temas entre los que destacaron “Love You Tonight” o “She Was A Doorman”.

El sentir general era que algo –o alguien- verdaderamente importante vendría a continuación. Tanto fans de la música ya ancianos como primerizos a los que sus padres llevaban por primera vez a un concierto como si de un bautismo se tratara aguardaban expectantes a la llegada de Jeff Beck. Finalmente, y con la característica puntualidad británica, el consagrado músico procedente de Wallington abría con “Pull It”. A partir de entonces, disfrutaríamos de hora y media de un show casi litúrgico.

Sobrio y  escaso (por no decir nulo)  en escenografía, las actuaciones de Beck destacan por encima de todo por el respeto de se guarda ante la septuagenaria figura que se esconde tras unas gafas de aviador de las que se desprendería tan solo unos segundos en toda la noche. En un setlist caracterizado tanto por el número de covers incluidas sobre todo en su primera mitad como por ser el mismo ofrecido que el día anterior en Barcelona, sonaron especialmente bien las ya interpretadas previamente en la presente gira “Nadia” de Nithin Sawhney, “I Have to Laugh” de Otis Rush y “Superstition” de Stevie Wonder. La consideración de acto cuasi religioso no es ninguna exageración. En determinado momento de la velada, una persona decidía llamar la atención lanzando un vaso de plástico al escenario, el cual acabaría rozando los pies de Jeff. Antes de que evidentemente el personal de seguridad se encargara de que abandonara el lugar, miles de ojos incrédulos acompañados de algún que otro improperio –bajo mi punto de vista totalmente merecidos- se encargaron de hacerle entender que aquello no se trataba de un concierto de punk de medio pelo. Casi mostrando disculpas por esa falta de respeto, el público se volcó con el guitarrista en lo que restaba de show. Del mismo modo deben de ser alabados Vinnie Colaiuta a la batería, Rhonda Smith al bajo, Vanessa Freebairn-Smith al violonchello y a la guitarra de doce cuerdas, y Jimmy Hall al micrófono en los temas que requerían su participación. La banda se despedía momentáneamente versionando “A Day in the Life”, icónica canción de The Beatles que siempre me ha parecido de lo más siniestra, antes de dar por finalizada la jornada tocando “You Shook Me” de Willie Dixon y “Going Down” de The Alabama State Troupers como bises.

Puede que la música trascienda épocas y sea imperecedera, pero ese no es el caso de sus compositores. En una época en la que vivimos de primera mano la diversidad surgida a raíz del apogeo musical vivido a finales del siglo pasado, resultó delicioso transportarse a una época clásica en las que las cosas se hacían de otra manera a través de un concierto anacrónico a nuestros años. Disfrutemos de artistas de la talla de Jeff Beck mientras el tiempo nos lo permita.

 

Redacción
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