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Crónicas

Gyoza + Smokers Die Young + The New Project: ¡Pura adrenalina!

«Aquello era como una olla a presión con el pitorro forrado con silicona: en algún momento iba a estallar»

11 octubre 2018

Sala Wurlitzer Ballroom, Madrid

Texto y fotos: Jason Cenador

Todavía hay quien, consciente o inconscientemente, tiene la percepción de que acudir a un concierto de bandas emergentes es algo parecido a bajar al fango de la escena, cuando lo cierto en buena parte de las ocasiones es que se asemeja más a bajas a una mina de oro con tantos rincones por descubrir que hacen que el supuesto y mal llamado descenso se asemeje más a una travesía apasionante repleta de sorpresas.

The New Project

Boquiabierto salió más de uno de la céntrica y emblemática Wurlitzer madrileña, templo de la electricidad hasta altas horas todos los días del año, tras experimentar de lo que son capaces sobre un escenario los tres combos que formaron un compendio ideal para descargar las tensiones de la semana a su son y dar la bienvenida al puente de octubre con el espíritu renovado. Con suerte, algún día se renovarán los ignominiosos motivos con los que se justifica el citado festivo.

Abrió la veda The New Project, un bisoño trío de rock alternativo integrado por no tan bisoños componentes al que el sonido enlatado y embarullado del lugar no le favoreció en absoluto, eclipsando injustamente la melódica voz de Carlos tras la poco nítida distorsión de su propia guitarra. Aun con todo, impusieron su oficio y la dignidad que otorga el esfuerzo para defender correctamente temas como “Phoenix”, que tiene online un videoclip que bien merece una visualización; “Thanks to You” o “Better”.

La siguiente banda en liza atentó impunemente contra todas nuestras expectativas y dinamitó cualquier idea preconcebida que los incautos que no supieran de sus artes pudieran poseer. Procedentes de Cádiz, donde se dejaron la vergüenza, Smokers Die Young dieron uno de los conciertos más soberbios que un servidor recuerda en estos terrenos musicales, si es que hay algún terreno en el que podamos acotar su propuesta, una montaña rusa de elegante rock alternativo, delirantes acelerones en los que las voces se tornan histéricas y los instrumentos se desbocan y coqueteos con el postrock para redondear tan exquisita marcianada. Y todo increíblemente bien hilado en canciones de impecable factura.

Más allá de su dinámica y sensacional propuesta musical, su show es un espectáculo de principio a fin, un acontecimiento magnético que fija la vista del público al escenario como si estuviera contemplando la erupción de Kīlauea. De principio a fin, los gestos vehementes y variables del vocalista y habilidoso guitarrista Juan Carlos Ruiz, un auténtico artista y un personaje digno de estudio antropológico sobre el escenario, pantorrillas al aire incluidas, acompañaron el sentir de las canciones sumiéndonos en una vorágine colectiva de rock y adrenalina como pocos saben desencadenar. No fue menos el bajista Fran García, que se dejó el alma y alguna que otra vértebra mientras ejecutaba con firmeza su cometido. Hasta se subió, literalmente, por las paredes. Ambos, claro, tocaron el suelo con más partes que sus pies. El derroche visual lo culminaba un implacable batería, Adrián Ramírez, que bien se notaba que estaba tan loco como sus compañeros, si bien la lógica limitación de movimientos lo maquillase algo más.

Smokers Die Young

“A Joke”, “My Place”, “I’m a Loser” o “The Winner”, todas pertenecientes a su debut ‘Home Vs Home’ dejaron a la audiencia patidifusa y rubricaron el prometedor futuro que les aguarda. Ojalá dispongan de medios, recursos y patrocinios más que merecidos para alcanzar las cotas y el reconocimiento que por justicia les corresponde.

Gyoza

Llegó después el turno del cabeza de cartel no solo de esa velada, sino también de la siguiente, que tendría lugar en Esquivias (Toledo), en el marco de una pequeña gira con la que dedicar la microvacaciones a empaparse de rock en directo. Desde Barcelona, Gyoza ratificó en vivo que la originalidad y la fuerza de su creación trascienden lo demostrado en estudio con su homónimo primer disco de larga duración.

Tenían hambre de directo los catalanes y por eso devoraron el escenario desde que irrumpieron en el mientras sonaba una de las intros más efectivas jamás concebidas para la inauguración de un concierto de estar características, el mítico “Hooked On A Feeling” de Blue Swede. ¿Hay manera mejor de hacer que la gente coree incluso antes de la primera canción?

Muy bien plantados en el escenario y lidiando con afán con un sonido que no llegó a ser bueno del todo en toda la noche, volvieron a volar las compuertas de nuestra adrenalina con “Freeze Me” y la aguerrida “Are You Mad”, una de sus piezas con más pegada. Su personalidad musical es arrolladora, a caballo entre el rock y el metal alternativo con sello propio y un guiño al stoner que de cuanto en cuando se torna protagonista.

“Magma”, destacada entre su repertorio y que cuenta, además, con un curioso videoclip; “Glue”, “A Song” y “Black Old Ship” mantuvieron el listón a la altura de las circunstancias y fueron los pretextos ideales para quemar el combustible de un tanque inagotable que les provee de una energía casi irreproducible fuera de un escenario. De hecho, en lugar de afincarse bajo un umbral de confort,  el conjunto capitaneado por Adrià Marva, elástico cantante y también guitarrista, fue incrementando su garbo. El frontman destacó, en un momento dado, que era Mauro, batería de The Crab Apples, quien, habiéndose aprendido en pocos días el repertorio, les acompañaba en lugar de su percusionista habitual, Antonio Postus, que no pudo acudir por incompatibilidades de agenda.

Gyoza

Aquello era como una olla a presión con el pitorro forrado con silicona: en algún momento iba a estallar. Y vaya si lo hizo. Tras “What Can I Do?”, “Walking Alone” y “The Young Stranger” , la empanadilla japonesa que les confiere el nombre acabó estallando al son de “Yes Sir, Yes Ma’am”, en la que el propio Adrià bajó el palo del micrófono para cantar y tocar entre el público. En la traca final, conducida por el riff del “Shadow on the Sun” de Audioslave, acabaron desbocados, y en un momento de furor incontrolado, el recién estrenado bajo de Alex F. Cardellach se partió en dos: por un lado el mástil y por otro lado, el cuerpo. Y así, con caos y adrenalina en cotas álgidas, como en aquellos tiempos pretéritos en los que el rock en vivo huía de toda contención, culminó una bajada a una mina de oro que bien habían disfrutado aquellos que solo lo contemplan tras los escaparates de las joyerías caras. Entiéndase la metáfora.

Jason Cenador
Algún día en
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

1 comentario

  • Juandie dice:

    Buenas actuaciones por parte de estas bandas emergentes de nuestro país que a su manera lo dieron todo para que disfrutase el público madrileño de esta sala rockera.

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