Llegaron del norte y se trajeron el invierno nórdico a la península. La mañana siguiente al paso del Heidenfest por Madrid amaneció con una bonita nevada sobre la ciudad y sus alrededores, y con el vívido recuerdo de haber contemplado nuevamente a cuatro emblemas del folk metal europeo sobre las tablas. Korpiklaani, Finntroll, Heidevolk y Trollfest ratificaron que, pese a que la época de mayor efervescencia del género y la eclosión de los grandes referentes ya se ve por el retrovisor, su vigencia permanece incólume. Quienes exprimimos hasta la última gota del apogeo de todo aquello vivimos la noche con emoción, entrega y un poso de nostalgia.
The Dread Crew of Oddwood
Los privilegiados que pudieron arribar a la sala Mon de Madrid a una hora en la que la mayoría de los mortales todavía están en sus puestos de trabajo entraron en calor con el folk pirata con sustrato metalero pero acústico, animado y movido de los simpáticos californianos The Dread Crew of Oddwood. Al son de temas como “Side Quest”, “Give Me Your Beer” o “Lawful Evil” se despacharon las primeras cervezas en la barra y el personal puso a punto sus articulaciones para todo lo que estaba por venir.
Trollfest

Hay a quienes no parece importarles mucho el qué dirán y con esa filosofía llegan alto, siendo ellos mismos y aprovechando cada dulce bocado que la vida les permite masticar. Los noruegos Trollfest son de este tipo de personas que llevan el carpe diem tatuado en su ADN, y vaya si lo demuestran con su divertidísimo troll metal, que viene a describir esa confluencia entre melodías folk alegres, vivaces e irresistiblemente agitadas con elementos de salvajismo emanado del black metal, aunque los puretas de este último género saldrían despavoridos solo con verlos ataviados con horteras vestidos rosas coronados por cabezas de flamenco. De flamenco, el ave, no confundir con los trajes folclóricos de Andalucía. Nada más lejos de la realidad.
Los de Oslo no se cortaron ni un pelo a la hora de hacer vibrar de lo lindo a un creciente número de asistentes desde su arranque, predicando con el ejemplo, con “Dance Like a Pink Flamingo”, sucedida por “Flamongous”, “Happy Heroes”, “Twenty Miles an Hour” y “Kaptein Kaos”, ideal para desatar el caos más inofensivo, jovial y despreocupado.

La apología del desfase continuó con “Trinkentroll”, tras la que bebimos un largo trago de “Piña Colada” (figuradamente, que era martes) y nos imaginamos en una barbacoa noruega con mucho Akvavit y mucha camaradería al son de “Renkespill” y “All Drinks on Me”. Su vocalista y también percusionista, Trollmannen, fue inusitadamente dicharachero con el personal y bromeó que como último tema tocarían uno épico y progresivo que durase quince días antes de acometer “Kjettaren mot Strømmen”, que aunó brutalidad salvaje y perspicacia melódica para dejar el listón bien alto.
Heidevolk
Entre el siglo IX y el XI, los vikingos, de manera no demasiado fraternal y amistosa en líneas generales, ocuparon lo que hoy conocemos por Países Bajos, entonces llamado Frisia. Descendientes de aquellos bien podrían ser los componentes de Heidevolk, que se plantaron sobre el escenario con sus dos vocalistas alzando a sendos lados de la batería unos imponentes cuernos vikingos, quién sabe si colmados de algún brebaje para proporcionarles la energía precisa para afrontar su poderoso y certero show.

Mucho ha llovido desde que los neerlandeses se popularizaron entre los acólitos del género con temas como “Nehalennia” o “Vulgaris Magistralis”, que en realidad es una versión de una simpática y humorística canción de Normaal, banda de rock que hizo ruido allá por los años setenta.
“¿Estáis preparados para matar con nosotros?”, preguntó con fiereza y entrega uno de sus dos vocalistas, que intercalaban graves y grumosas voces graves con ásperas guturales, tras la inaugural “Ontwaakt”, dando paso a “Ostara”, seguida por “Walhalla wacht” e “Yngwaz’ zonen”, abrumadoramente evocadora con las voces envolviéndonos sobre la única base de una cadenciosa batería cuyos timbales parecían marcar el avance de una horda hacia la batalla.

Más folkie y ágil fue “A Wolf in My Heart”, que precedió al temazo en toda regla que es “Oeros”, finiquitada con acompasadas guitarras dobladas tras una auténtica tormenta de alto voltaje. Nos preguntaron entonces si estábamos sedientos y nos convidaron a beber con los dioses antes de “Drinking with the Gods (Valhalla)”, ideal para hacerse un hidalgo con un cuerno a rebosar de hidromiel y coronada por interesantes juego de voces y pasajes instrumentales, que lo habría sido mucho más si parte de las pistas no hubieran estado pregrabadas.
Para el final dejaron las mencionadas “Vulgaris Magistralis” y “Nehalennia”, que confieso que estaba deseando vivir en directo y que no defraudaron en absoluto, cerrando una actuación enérgica y correcta.
Finntroll

Los verdaderos triunfadores de la noche, maestros absolutos del claroscuro musical entre la bestialidad abrumadora y salvaje del black metal, y la luminosidad melódica y alegre de un folk que bebe a tragos largos del humppa finlandés, fueron los siempre infalibles Finntroll, sin duda máximos exponentes de un estilo a priori inverosímil y a la postre realmente efectivo pese a lo aparentemente antagónico de sus elementos. Y es que tinieblas y vivacidad solo pueden darse la mano cuando el arte es tan permeable que las fronteras entre las emociones que evoca se diluyen sin aparente explicación.

Con la sensible baja de su vocalista Vreth por problemas de salud sobresalientemente suplida por Mathias “Kistelach” Dahlsveen, de los noruegos Vanvidd, cuyas prestaciones a las abrasivas voces guturales encajaron a la perfección con la filosofía musical de la banda y que ofreció un concierto en todos los sentidos de matrícula de honor, arrancaron con “Midvinterdraken” y “Vindfärd / Människopesten”, curiosa elección de aquel inolvidable ‘Nattfödd’ que los condujo a la cima del folk metal en su vertiente más extrema allá por 2004 y del que, al humilde juicio de quien firma estas líneas, se podían haber extraído canciones mucho mejores que quedaron fuera del set.

Aquello adquirió una nueva dimensión de efervescencia con la colosal y demoledora “Solsagan”, en el que brutalidad y melodías coreables se entrelazaron de manera casi inexplicable generando una catarsis que se perpetuó con la épica “Fiskarens fiende”, ante la que Kistelach brindó con nosotros y “Blodsvept”, anunciada por el vocalista como un tema sexy tras alegrarse públicamente de haber aparecido con la ropa quitada (sin camiseta, claro) por el considerable calor que sufríamos en la sala. “Los siguientes sois vosotros”, animó.
La cosa se puso más seria con la devastadora y sensacional “Nedgång”, tras la que una musiquita que parecía anunciar la bajada de los trolls desde algún bosque profundo en las montañas sirvió de puente para “Svarberg”. Y tanto que bajaron los trolls, pues en ella los componentes de Trollfest aparecieron para cantar en la recta final.

Los pogos se hicieron más patentes al son de “Mask” y, sobre todo, la imprescindible y aclamadísima “Trollhammaren”, pretexto ideal para que el público corease el nombre de la banda con entusiasmo. Nos recordaron entonces la ausencia de Vreth y su reemplazo por Kistelach antes de dar paso a la inmersiva “Nattfödd”, que en sueco significa “nacido de la noche” –sí, cantan en sueco, lengua cooficial en Finlandia–, para finalizar con “Skogsdotter”, previa explicación de la leyenda que la motiva; la vetusta “Jaktens tid” y “Ormfolk” un auténtico conciertazo pese a que añoramos temas como “Under bergets rot” o “En Mäktig Här”.
Korpiklaani

A los más nostálgicos nos encantó que los también finlandeses Korpiklaani, estos cantando tanto en finés como en inglés, cortasen la cinta inaugural de su actuación con dos clásicos de los viejos tiempos como la agitadísima y vibrante “Hunting Song” y la entrañable y festiva – nada raro en ellos – “Wooden Pints”, que nos revitalizaron después de una prueba de sonido que se hizo un poquito larga. Fue, no obstante, buena excusa para avituallarse y recuperar energías para esos moshpits que estaban más que cantados, y que prosiguieron con la muy cantada “A Man With a Plan” y la insigne “Happy Little Boozer”, la canción que hizo de ellos allá por 2006, ¡hace ya veinte años!

Ataviado con un vistoso look de reminiscencias paganas, una chupa de cuero con la que nos hacía pasar todavía más calor por él y un sombrero de generosas dimensiones, el carismático vocalista Jonne Järvelä, que hace ya años que dejó de tocar en directo la guitarra aminorando así el poderío de su sonido en vivo, demostró su rango vocal en la más densa “Kalmisto”, que sucedió a “Aita” y dio paso a la espesa “Ämmänhauta”, antes de sumergirnos en la acompasada y folkie “Tuli Kokko”, transportando nuestros espíritus a la frondosa naturaleza nórdica con Janne cantando extremadamente grave, echando mano de la técnica khoomei que en los últimos tiempos están popularizando en la escena del metal los mongoles The Hu. En ella echamos de menos los vientos, cuyas melodías articulaba el acordeón y el violín. Fue el único corte que cayó de ‘Tales Along this Road’, un álbum que, sin duda, merece mucha más representación en sus repertorios. Pero el tiempo pasa, las discografías se van engrosando y los nostálgicos nos vamos quedando sin puntos de agarre.

Muy alegre y hasta con alusiones latinas, algo que no deja de pillarnos a cierto contrapié, sobre todo tras tan solemne evocación pagana, se presentó “Päät pois tai hirteen”, para que la agitación prosiguiese con “Lonkkaluut”, cuya guinda la puso un fogoso solo de violín por parte de Olli Vänskä, quien se incorporó a la banda hace un lustro. Muy animada y despreocupada se nos antojó también “Ruumiinmultaa”, en la que Jonne tocó el laúd al igual que en la jovial versión de “Gotta Go Home” de Bonnie Tyler.

Tal vez la nostalgia es la explicación por la que el concierto en este punto se nos estaba haciendo algo de bola. Quienes nos familiarizamos con Korpiklaani en su época de mayor expansión echábamos en falta, tal vez, otro tipo de canciones, a lo mejor más temas de álbumes anteriores, aunque la subjetividad aquí es de recibo reconocer que juega un papel fundamental. Sí que miraron hacia el pasado con “Viima”, aunque no fue del todo fiel a su tradicional melodía, y “Metsämies”, un clásico tras el que se retiraron unos segundos para que Samuli Mikkonen arrollase con un fornido solo de batería.

Ya se había quitado, por fin, la chupa Jonne, que mencionó el frío de Finlandia para presentar “Saunaan”, con la que rinden culto a una de las costumbres más arraigadas en su país, como arraigada está en algunos la ingesta del “Vodka” que da título a una de sus canciones más celebradas. Con ella y con palabras de cariño del frontman hacia la audiencia, a la que tildó de buena gente y le transmitió que nos llevaba dentro de su corazón, dieron carpetazo a un concierto correcto y divertido con sus puntos álgidos y sus momentos más prescindibles.
Empecé a respirar rock desde niño, mi primer programa de radio lo hice con quince años y a los dieciséis monté una web. Comencé a escribir en MariskalRock, La Heavy y Kerrang en 2006, y en 2008 di el pistoletazo de salida a El Drakkar en MariskalRock Radio, que años después se transformaría en La Hora Argonauta. También presento festivales y pongo musiquita en sitios.
Mi vida está en Madrid, pero parte de mi corazón está en Castrocalbón (León) y en Oslo (Noruega).
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