Los más ortodoxos seguramente pensarán que algo se pierde por el camino cuando un artista de los nuestros disfruta de un éxito apabullante a la altura de cualquier figura internacional. Un servidor no será el que contradiga semejante afirmación, aunque habría que congratularse porque una gira bata récords en este país de tendencia ingrata para el rock. No todo va a ser rumiar miseria y disfrutar de la marginalidad, también hay que reconocer el mérito de los pocos afortunados que consiguen conectar por completo con el espíritu de su época.
El “Aullidos Tour” ha conseguido colgar el sold out en 38 conciertos en 28 ciudades, una gesta que a partir de ahora debería situar en otro lugar el baremo para lo que significa triunfar en el rock. Si nos ponemos a pensar, probablemente no exista ningún otro artista capaz de meter 16.000 personas en cada una de las cuatro noches que Fito & Fitipaldis estuvieron en el BEC de Barakaldo.
Por esa saturada agenda cultural de un tiempo a esta parte no habíamos tenido ocasión de pillar al de Zabala en este periplo hasta su última fecha, pero podemos dar fe que en su campamento base no se contemplan demasiadas novedades a corto plazo. Sus conciertos siguen abarrotados por ese respetable variopinto aficionado a los grandes saraos, aunque resultó preocupante observar la cantidad de gente con entrada de grada que insistía en entrar por un lugar donde ponía “Pista” en letras gigantes. Quizás sea otra de las consecuencias de la falta de comprensión lectora entre las generaciones más jóvenes.
Fito & Fitipaldis
Supongo que a estas alturas no habrá muchos que acudan a un bolo de Fito & Fitipaldis con la intención de que le cambien la vida o de que se produzca una reestructuración profunda del repertorio o algún otro terremoto artístico. Solo de esa manera habría que tomarse la última fecha del bilbaíno en el BEC, algo que el otrora vocalista de Platero y Tú ha interiorizado tal vez al tratarse de una gira tan intensa en poder de convocatoria.
El inicio fue sin sobresaltos con “A contraluz”, según mandaba la tradición del periplo, y no tardaría en irrumpir un clásico de la envergadura de “Un buen castigo”. Los temas más recientes estuvieron muy bien intercalados entre el resto del repertorio, con algunos funcionando de manera bastante notable, caso de “Los cuervos se lo pasan bien”, por ejemplo.
Lo suyo era que en una noche tan especial Fito dijera algo a lo largo del recital, pero hasta en un par de ocasiones espetó al respetable: “Luego os cuento algo”, quizás para crear más expectación. Como ese detalle de mandar un saludo para los siguientes de la gira. En este caso, nosotros vimos al público del día anterior, pero lo que se grabó durante la velada se quedaría durmiendo el sueño de los justos, pues no había fecha a la que dirigir tal mensaje.
Volviendo al cancionero, recuperaron poso rockero con “A quemarropa”, de los mejores momentos del bolo. Había que mencionar en este punto que el sonido resultó cristalino y con una nitidez insuperable. Por lo que me comentaron, en la jornada anterior, la de la huelga de técnicos de sonido, tampoco debió brillar demasiado ese aspecto. Tuvimos suerte, por lo tanto.
Pero hubo también nota reivindicativa cuando se mostraron imágenes de la destrucción en Gaza durante “Volverá el espanto”, antes de enlazar con soltura “Cielo hermético”, con un reseñable solo de Carlos Raya al final. Y la entrega fue máxima en “Cada vez cadáver”, con gradas y pista dando palmas al unísono, en una estampa que impresionaba.
A medida que avanzaba la cita, Fito se fue calentando a nivel sentimental y admitió que había “pena” antes de “Whisky barato”, otra de las infalibles para levantar al personal. Uno casi podía sacar palomitas para observar los curiosos bailecitos que se pegaban tanto jóvenes como mayores, alguno incluso emuló a John Travolta en ‘Fiebre del sábado noche’.
No tardaría en llegar la esperada reflexión de Fito sobre la pena, que lo consideró un sentimiento positivo, al contrario que otras emociones. Pareció más un trámite de obligado cumplimiento, aunque eso no quiere decir que no sintiera sus palabras o que no estuviera mínimamente emocionado por acabar la gira. Se había pegado un buen tute en los últimos meses, no sería descabellado pensar en cierto cansancio por su parte.
“Como un ataúd” nos proporcionó otra alegría a los rockeros, también fue de lo que más disfrutamos, y “Antes de que cuente diez” era otra de las que debía sonar sí o sí esa noche. Eso sí, lo de la presentación de los miembros a ritmo funk y soul tal vez se nos fuera de las manos, nunca nos gustaron ese tipo de cosas, y menos que duraran tanto, pero para gustos, colores.
La recta final exhibió músculo con “La casa por el tejado” y ya con la radiada “Soldadito marinero”, que Fito dedicó a su madre, el recinto se vino muy arriba en cuestión de entusiasmo. Fue un broche inapelable, en ese sentido, al margen de apreciaciones personales.
Fito regresó para los bises en modo reposado con “La noche más perfecta”, pero volvería a ofrecer otro regalo a los veteranos con “Entre dos mares” de Platero y Tú. Puestos a pedir, preferiríamos que fuera alternando las piezas de su antigua banda, aunque poder gozar todavía de un himno de estas características en el repertorio era un auténtico lujo. Ay, ¿se reunirán Platero y Tú algún día?
“Nunca he sabido lo que se dice en la última canción de una gira”, admitió antes de “Acabo de llegar”, que puso la guinda a esta despedida de los escenarios, quién sabe por cuánto tiempo. Gran parte del equipo técnico de la gira se unió a la fiesta invadiendo las tablas y participando de ese éxtasis colectivo que confirió carácter especial a la velada.
No cabe duda de que Fito & Fitipaldis se han convertido en un desbordante fenómeno de masas, por lo que habrá que aceptarlo, con lo bueno y lo malo que conlleve. El bilbaíno puede presumir de haber ingresado con letras de otro en la historia de la música en directo de este país, a ver quién encadena un periplo con similar poder de convocatoria.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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