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Crónicas

Volbeat, Skindred y Bad Wolves en Madrid: El privilegio de atestiguar cómo se forja un mito

«Son divertidos, son emocionantes, son únicos. Son Volbeat y, gracias al dios del rock and roll, existen en el mismo tiempo que nosotros»

12 noviembre 2022

Palacio Vistalegre, Madrid

Texto: Jason Cenador | Fotos (Bilbao): Íñigo Malvido

Cuando hay bandas que suben y suben sin ni siquiera intuir su techo y uno lo contempla y lo disfruta año a año, los temores de que el rock y el metal vean su vigencia relegada a reliquias del pasado y se dirija hacia un invierno de irrelevancia y minoritarismo exacerbado se diluyen como un azucarillo. Volbeat es la demostración perfecta de que pese a las mareas en contra y las hostilidades de sonidos vacuos, prefabricados y alienantes, hay alto voltaje para rato y bandas que ahora mismo, en vivo y en directo, se están labrando un estatus de leyendas que los llevará, en unas décadas, a situarlas al mismo nivel – o casi – de quienes ahora son venerados como epítomes irrepetibles.

Volbeat

Como ocurre habitualmente en shows en los que se reúnen varias bandas de entidad, el show de los elegidos para romper el hielo, unos Bad Wolves que trabajan duro para obtener en Europa una repercusión que se aproxime, al menos someramente, al éxito sin paliativos que cosechan en Estados Unidos, arrancó a media tarde.

Decididos a meterse al público en el bolsillo, los californianos se emplearon a fondo sobre el escenario y ofrecieron un concierto muy dinámico y resolutivo, con energía, fuerza e intensidad, acaso empañado por un sonido más parecido al del cuarto de baño de un polideportivo que al de un emplazamiento donde habitualmente se celebran grandes conciertos.

Bad Wolves

Pese al poco recorrido como banda, dado que se formaron en 2017, estos lobos han conseguido situar su metal alternativo en un privilegiado escalafón de popularidad, sobre todo gracias a su aplaudidísima versión del “Zombie” de The Cranberries, en la cual iba a participar la propia Dolores O’Riordan, que nos dejó abruptamente ahogada en la bañera cuando precisamente se había desplazado a Londres para prestar su voz a la causa. El propio cantante, Daniel “LD” Laskiewicz reconoció ante el público antes de acometerla que sin esa canción no habrían estado ahí compartiendo plantel con Volbeat y Skindred, y dedicó la canción a “la nueva familia de Bad Wolves en España”.

No nos cabe duda de que en los próximos años esa familia irá sumando miembros a espuertas, pues la reacción del público a temas como “Sacred Kiss”, “Killing Me Slowly” o “Never Be the Same”, en la que nos recordaron que hay que vivir al día porque el mañana nunca está garantizado, fue particularmente cálida. De hecho, los asistentes respondieron masivamente a la petición del hiperactivo frontman de sentarse en el suelo y levantarse al romper “I’ll Be There”, y aplaudió una actuación breve pero consistente.

Skindred

Mucho más recorrido a sus espaldas llevan los galeses Skindred, adalides del metal más irreverente, combativo y original en el viejo continente o, mejor dicho, en las islas de al lado del susodicho. Su genuina combinación de metal alternativo con ingredientes y espíritu del reggae les han granjeado una relevancia más que merecida, sobre todo viendo en acción al portentoso frontman que es Benji Webbe, un personaje genial bajo los focos con una presencia irrebatible y un carisma de estrella total. Showmen así dan otro color a los directos, sobre todo si los secunda un grupo tan bien plantado y sus canciones aglutinan tanto significado.

Portando una bandera de Reino Unido en blanco y negro, emergió junto a sus secuaces el enérgico vocalista mientras sonaba una versión con sintetizadores de la marcha imperial de Star Wars, y ahí empezó su show. Nos hizo cantar, gritar y repetir por sectores partes de canciones que después serían coreadas por el público durante su interpretación, se rió con nosotros y también un poco de nosotros, y nos pidió que alzásemos el puño antes de la imprescindible, asertiva e insurrecta “Kill the Power”. También sacó a un miembro de su personal para felicitarle el cumpleaños, recibir de sus manos un tecladito de juguete y que soplase las velas en una tarta ante todo el mundo. Y, por supuesto, clamó por las más justas causas y contra el racismo, el sexismo y la guerra, eso antes de “L.O.V.E. (Smile)”, un luminoso tema inédito que formará parte de ‘Smile’, su próximo álbum, y para el que nos hizo gritar hasta la extenuación las letras que configuran la palabra amor en inglés.

Skindred

Temazos como “Under Attack”, “Jump Around”, precedida por el inicio del mítico “Jump” de Van Halen, teclado disparado incluido mientras él hacía que tocaba el mencionado instrumento de juguete; “That’s my Jam” o “Gimme that Boom”, otra de las que formarán parte de su esperado próximo álbum, pusieron aquello patas arriba pese al deficiente sonido, impulsadas por una banda que es dinamita en directo y cuyo alma máter logró que nos sentáramos en el suelo, ondeásemos bufandas o lo que sea y hasta coreásemos a su son por unos instantes el “Wonderwall” de Oasis (hasta que nos dijo con sorna que nos callásemos la boca) o el “War Pigs” de Black Sabbath. Menudo artista.

Volbeat

En el siguiente parón se llegaron a hacer pruebas de sonido a la vista de todos y no quedó ningún cabo por atar para que todo estuviera niquelado antes de que las estrellas de la noche, los daneses Volbeat, subieran la escalinata hacia otro baño de masas, hacia otro éxito sin paliativos. Desde el primer acorde de la inaugural “The Devil’s Bleeding Crown” pudimos ratificar lo que quienes hemos tenido la ventura de disfrutar de bastantes conciertos suyos, que es imposible que Volbeat no suene absolutamente impecable. La diferencia de sonido entre ellos y sus predecesores fue descarada, tal vez demasiado, pues para nuestro regocijo, la limpidez de cada instrumento y de la inigualable voz de Michael Poulsen era arrolladora. Si su técnico de sonido ofreciera charlas TED, se forraría.

Tras la poderosa pieza con la que comenzaron apostando a caballo ganador y la sucesiva “Pelvis on Fire”, fue tiempo de defender su más reciente lanzamiento, ‘Servant of the Mind’, con  “Temple of Ekur”, que en vivo diría que funciona aún mejor que en estudio, con esas guitarras fieras, rocosas y apabullantes. La banda aprovechaba al máximo cada centímetro del escenario y los músicos recorrían una y otra vez la pasarela para acercarse a diferentes sectores de la audiencia, enfervorecida como la ocasión prácticamente obligaba. De hecho, Poulsen tenía varios micrófonos repartidos por la escena y cantaba indistintamente ante unos u otros. Y su voz sonaba siempre a gloria pura.

El propio vocalista se dirigió con efusividad y agradecimiento a un gentío que exhibía sin cortapisas su admiración e hizo una apología de la felicidad frente a los “tiempos duros” y los “días locos” que sufre nuestro mundo. Por eso, nos conminó a olvidar todo lo malo durante la siguiente hora y tres cuartos y darlo todo por la música, algo que sin duda hicimos ante la contagiosa, irresistible e hímnica “Lola Montez”, una de las que jamás fallan, de las que emocionan hasta casi hacernos levitar. Su “yeeeh” final fue tan coreado por el público que Michael repitió la frase que lo precede, “the love of your life”, hasta tres veces para volviéramos a cantarlo. “Deberíamos hacer esto toda la noche”, comentaba encantado de tener ante sí a un público tan entusiasta. Como para no serlo.

Volbeat

Una “Last Day Under the Sun” que se ha afianzado como imprescindible en los directos y que inunda de positividad hasta el más lúgubre antro precedió a la sentidísima “Fallen”, dedicada por el cantante a su padre. El tema, más acompasado, es una delicia en vivo y pone la piel de gallina a cualquiera. Los ojos se empañan, el corazón se encoge, los bronquios se inflaman en un deliberado ejercicio para respirar hondo y guardarse para dentro el maremágnum de emociones que desata en uno. Que hay gente alrededor y no es plan tener que recurrir al paquete de Kleenex.

Fue luego momento de echar la vista hacia esos clásicos pretéritos cuya omnipresente influencia combinaron con la contundencia del metal para originar ese sonido tan particular que los ha hecho gigantes. Así, Michael Poulsen versionó un fragmento de “I Only Want to Be With You”, original de Dusty Springfield y versionada también en estudio por los propios Volbeat, y, cómo no, de “Ring of Fire” de Johnny Cash antes de acometer la infalible “Sad Man Tongue”, heredera de sus enseñanzas pasadas por un tamiz de alto voltaje. Qué locura, qué temazo. La gente exprimía hasta la última gota de sudor. Por suerte, el Palacio Vistalegre no tiene vecinos de abajo, porque habrían dado con la escoba en el techo durante dos horas sin parar.

Volbeat

La alegría inundó a quien escribe cuando vio aparecer un bonito piano blanco en escena, pues eso significaba que la siguiente en liza sería la contagiosa, movida y despampanante “Wait a Minute my Girl”, y que en ella aparecerían pianista y saxofonista en escena. Todo sonó a las mil maravillas y enloquecimos por enésima vez bajo los numerosos globos negros que fueron liberados sobre el público. Justo después, la no menos efectiva “Black Rose” perpetuó el estado de excitación más que justificada en el que nos hallábamos y sirvió para que Michael interactuase mucho con los presentes, casi como si en vez de un pabellón con una gran entrada estuviéramos en familia en una sala más pequeña. Conseguir esa sensación les honra.

“¿Cuantos tenéis el nuevo disco?”, preguntó el vocalista para después contar con ironía solo hasta tresy dar paso a “Shotgun Blues”, una de las piezas más celebradas de este último esfuerzo discográfico. Después cayeron a plomo “Seal the Deal” y la muy contundente “The Devil Rages On”, en la que el exguitarrista de Anthrax Rob Caggiano se lució y que culminó con un diluvio de confeti.

 

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Como veía Michael muchas camisetas de AC/DC, se marcaron un guiño al “Back In Black” antes de recordar que era noche de Volbeat. “Slaytan” y “Dead but Rising”, dos de las más férreas de la velada, no obtuvieron un recibimiento tan enfervorecido, como tampoco “The Sacred Stones”, precedida de un breve parón para tomar aliento. Pero la adrenalina seguía ahí, y se desbocó con la deslumbrante “Die to Live”, de nuevo con pianista y saxofonista encandilándonos sobre el escenario. Por cierto, fue dedicada el recientemente fallecido Jerry Lee Lewis, otra estrella pionera que ahora brilla lejos de nuestro mundo.

Para el final nos esperaban dos platos fuertes, muy fuertes, dignos de restaurante de la Guía Michaelín del rock and roll. Fueron nada menos que los himnos irrebatibles “For Evigt” y “Still Counting”, que lograron que aquello se viniera abajo y culminaron de forma inmejorable un concierto digno de leyendas, de futuras leyendas que ahora tienen un presente de escándalo y que el día de mañana serán veneradas como tal. Son divertidos, son emocionantes, son únicos. Son Volbeat y, gracias al dios del rock and roll, existen en el mismo tiempo que nosotros.

Jason Cenador
Algún día en
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Gran como extenso resumen hacia las potentes descargas que se marcaron estas tres pedazos de bandas de estilos musicales muy diferentes pero con el denominador común de la caña por bandera en el mitico Palacio Vistalegre madrileño.

  • Francisco Reina Carrasco dice:

    Hola, fuimos desde Tenerife y nos encantó , hasta el último céntimo invertido estuvo más que aprovechado , deseando que vuelvan otra vez, hasta los acompañantes estuvieron de fábula .

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