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Crónica de The Wave Pictures en Bilbao: Un poco de música ligera

Existe tal furor por la música en directo en la actualidad que hay muchos eventos con entradas agotadas que uno no los ve venir. Frente a esas citas ante las que es fácil pronosticar un lleno total con varios meses de antelación, luego están esos bolos más modestos que acaban abarrotados casi sin darse cuenta, como si se hubiera producido una extraña carambola del destino o una conjunción de los astros.

En el caso de los británicos The Wave Pictures convendría precisar que no se trataba de su primera visita al bilbaíno Kafe Antzokia, pues hace unos años ya recalaron en el mismo sitio, aunque su tirón no era ni de lejos el de hoy en día. Y eso que estamos hablando de una gira larga de hasta diez fechas por la península, un servidor imagina que este incremento de personal se habrá notado del mismo modo en otros sitios.

Los bolos en el piso superior del Kafe Antzokia son muy cómodos por varios aspectos. Para empezar, aunque la sala esté llena, apenas hay sensación de agobio, los baños para evacuar se encuentran a escasa distancia del escenario, y encima las actuaciones suelen terminar con tiempo de sobra para coger metro y otros transportes públicos. Nada que ver con ese páramo en el que se han convertido las noches entre semana más allá de las doce.

The Wave Pictures

A pesar de que se declaran influenciados por el tono confesional de Morrissey y The Smiths, The Wave Pictures era en realidad un grupo a la vieja usanza, un trío compenetrado al milímetro al que se le notaba la influencia de los clásicos de las colecciones de discos de sus padres. Pero no bebían únicamente de un arroyo, pues el indie rock a lo Pavement podría constituir otra influencia importante, así como el garage rock o la psicodelia de The Velvet Underground.

Como seguramente harían muchos de los grupos a los que admiraban, ellos no llevaban setlist apuntado en ningún sitio, parecía que iban decidiendo sobre la marcha qué canción tocar, una de esas rara avis que en una misma gira podría cambiar de repertorio de manera radical. Ojalá recuperemos esa sana costumbre de los tiempos en los que el rock n’ roll todavía era peligroso.

“Sugar”, del álbum ‘Look Inside Your Heart’, fue la encargada de abrir el recital, sin demasiada pompa, los egos no iban desde luego con este grupo, pues otra de sus influencias la encontramos en el espíritu autosuficiente de la cultura del do it yourself. No en vano en sus primeros conciertos vendían sus discos en CDs grabados por ellos mismos, más artesanal imposible.

“Sweetheart” fue otra de las piezas que reconocimos, aunque en una versión bastante ralentizada. En teoría, presentaban un nuevo disco llamado ‘Gained/Lost’, pero no cayó ningún tema hasta “Faded Wave Pictures T-Shirt”, con un cierto aire psicodélico al “Heroin” de The Velvet Underground. Otro detalle que llamaba la atención era el sonido cristalino que conseguían extraer de sus instrumentos, otro concepto diferente al de esos grupos acostumbrados a sacar arsenales de pedales que asustan.

Como hemos dicho, estos tipos disponían de un importante bagaje musical a sus espaldas, así que no tardaron en caer algunas versiones, como un “Green River” de Creedence Clearwater Revival bastante irreconocible y muy llevado a su terreno, casi como si fuera una canción suya. También anunciaron una revisión de Grateful Dead, que podría haber sido “Friend of the Devil”, puesto que la habían tocado en anteriores conciertos de la gira.

Se les notaba muy rodados, algo que era evidente, no valía cualquiera para marcarse un concierto prácticamente improvisado en el que se escogían canciones sobre la marcha. “Give Me a Second Chance” apeló de nuevo a la psicodelia y al rock setentero, mientras que en la balada “Sparklers” cedieron el protagonismo al batería Jonny, que ocupó el centro del escenario para entonar con poso soul a lo Sam Cooke.

Ya hemos dicho que los recitales en el piso superior del Antzoki no destacan por su extensión, pues se supone que deben terminar antes de que comience lo que tengan programado en la sala grande. No obstante, estos oriundos de la localidad rural de Wymeswold (Leicestershire), todavía tuvieron tiempo para conceder un bis, después de que el vocalista y guitarrista preguntara si queríamos algo más de “música ligera”. “Bamboo in the Rain” puso la guinda a un bolo breve, pero muy efectivo de cara a hacernos pasar un rato agradable sin demasiadas pretensiones.

Supongo que para la próxima deberían oficiar ya con galones en un recinto de mayor capacidad, puesto que en la actualidad han conseguido labrarse un hueco tanto para aficionados al indie rock como para rockeros clásicos en el sentido más aperturista del término. Quizás haya que hacerles caso y considerar que lo suyo no es más que un poco de música ligera. Recuerdos infinitos a Soda Stereo.

Alfredo Villaescusa

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