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Crónica de Standstill en Getxo (Bizkaia): Adelante con un plan nuevo

Que unas determinadas personas coincidan en el espacio tiempo debería considerarse siempre una especie de milagro cotidiano. Con la cantidad de gente poblando el planeta, ya tiene que darse cierta casualidad o conjunción de los astros para que en una banda florezca el talento por doquier y encima sus miembros logren la prodigiosa gesta de aguantarse durante bastantes años, ni siquiera The Beatles consiguieron estar juntos más de una década, valga a modo de aclaración para los que piensen que este tipo de dinámicas internas son coser y cantar.

En el caso de los catalanes Standstill, lograron labrarse una trayectoria de ocho años antes de separarse en 2015. Hubo que esperar hasta 2024, casi una década, para que volviera a brotar el impulso de hacer música juntos, algo que tampoco surgió de la noche a la mañana, porque primero les vimos en su gira de reunificación por festivales, luego por salas, antes del presente periplo en el que celebran el 20º aniversario del influyente disco ‘Viva la guerra’, obra maestra del circuito independiente patrio y considerado por algunos como de lo mejor de su época, por encima de Los Planetas y otros iconos indies.

La desapacible jornada no invitaba para nada a acercarse hasta el Muxikebarri de Getxo, un gran lugar para conciertos, por nuestra experiencia previa, pero cuando existe una propuesta atractiva, eso no hay tormenta que lo pare. Muchos debieron pensar de esa manera, pues apenas había asientos libres en el coqueto recinto getxotarra. Debido a la ausencia de foso, hubo que buscarse bastante la vida para el tema de las fotos, pero ya contábamos de sobra con ello.

La velada se inició con un breve documental sobre la historia de la banda, con diversos componentes que habían pertenecido a Standstill en un momento concreto de sus vidas. Durante cerca de un cuarto de hora nos relataron cómo entraron en ese circuito, así como los motivos que les llevaron a abandonar la música y la profesión que desempeñan en la actualidad. Un curioso homenaje que certificaba que todas las piezas poseen valor de cara a ese engranaje final que supone labrarse una carrera en el ámbito independiente.

Tras esa suerte de introducción, irrumpen los miembros de Standstill para saludar a la peña y comenzar la interpretación de ‘Viva la guerra’ de cabo a rabo. No habría por tanto sorpresas en lo que respectaba al repertorio, había que saber a lo que se venía, aunque por el proverbial respeto mantenido durante el concierto, se notaba que la mayoría eran forofos o muy aficionados al grupo. A las cotorras ni se les esperaba.

Con el conocido listado de canciones, uno de sus grandes himnos, “¿Por qué me llamas a estas horas?”, no tardó en sonar, y de paso propulsar los ánimos de la concurrencia hasta la estratosfera desde el comienzo. Los más sibaritas podrían disfrutar de la enrevesada “La risa funesta”, que fue una bañada a nivel instrumental, aunque lo contrario hubiera sido complicado en una banda que cuenta con Enric Montefusco a la guitarra y a la voz, el tremendo Ricky Lavado a la batería, el productor Ricky Falkner al bajo y un enérgico Piti a la guitarra que se movía como Tom Morello de Rage Against The Machine.

Precisamente, el frontman Enric nos relató la peripecia vivida ese día por Piti debido al temporal que barría la península y que obligó a su vuelo a aterrizar en Vitoria. Por fortuna, el hacha consiguió llegar a tiempo para el bolo, así que en su honor iba “Aire”, más apropiada no podía ser. Uno de los grandes atractivos de ‘Viva la guerra’ era que los temas se enlazaban entre sí sin apenas separación y eso lo cuidaron al milímetro en las distancias cortas, por lo que pasamos del ambiente sombrío de “Noticias del frente” a la curiosa mezcolanza de estilos de “Víctor San Juan”, con mención especial para esas palmas que se contagiaron entre la concurrencia. “Nunca pensé que bailaría un flamenco rarísimo”, se sorprendió Montefusco ante la descomunal entrega del personal.

“1,2,3 Sol” cursó a modo de particular interludio durante seis minutos, con un Enric sublime en el apartado vocal. Con el poso hardcore de antaño, “Yo soy el presidente de la escalera” fue de los instantes más celebrados del conjunto, a la par que una nueva muestra de virtuosismo de la banda. Dicen que combos contemporáneos tipo Viva Belgrado han seguido sus pasos, al escuchar este ambicioso corte, uno acaba convencido por completo de ello.

Enric recordó lo mucho que han cambiado las cosas en estos veinte años, por ejemplo, la forma de escuchar música. Un servidor puntualizaría que se ha perdido por completo ese hábito, pues la mayoría se limita a oír sonidos, sin procesar ni retener absolutamente nada. Para los que disfrutamos incluso de estructuras minimalistas, ahí teníamos los más de ocho minutos de “Sí, quiero”, que posteriormente enlazaron con “El porqué de hablar solo” y el colofón de “La mirada de los mil metros”, un derroche de talento en bruto para elevar a la categoría de arte la crisis existencial que experimentaba el grupo por aquel entonces.

Para coronar una noche gloriosa, regresaron con unos bises que complementaron a la perfección lo ofrecido hasta entonces. “Hay que parar” reincidió en la sensación de despedida y “Feliz en tu día” quedó a modo de testimonio de la voluntad de experimentación que inauguraron con este tema que abría su álbum homónimo de 2004. De ese disco recuperaron del mismo modo “Cuando”, muy pertinente, pues fue la primera vez en la que abordaron el asunto de si merecía la pena seguir con el grupo, como nos relató el vocalista.

El guitarrista Piti, aportando a los coros

No podían obviar la inevitable “Adelante Bonaparte”, que puso al respetable levantado como si fuera a pasar revista el mismísimo personaje histórico de la canción. Y encima añadieron magia a la cita al anunciar que en breve volverían a entrar en el estudio, lo que provocó un sonoro aplauso de la afición y las palabras de Montefusco: “¡Adelante con un plan nuevo!”.

Es de agradecer que tras esta gira aniversario de ‘Viva la guerra’ no se esfumen de la escena cual azucarillo diluido en agua, pues talento como el que suman sus diferentes cabezas pensantes siempre servirá de inspiración y hasta de faro o guía en tiempos inciertos. ¿Quién dijo que las crisis son siempre algo negativo? No hay nada más revitalizante que resurgir con fuerzas renovadas como el ave fénix.

Alfredo Villaescusa

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