Crónicas

Roskilde Festival 2024 con Foo Fighters, Jane's Addiction, PJ Harvey, Frank Carter & The Rattlesnakes o While She Sleeps: Cantando bajo la lluvia

«Cuando te dicen que los festivales se están cargando la música y que te tratan como ganado y que hay muchas incomodidades, siempre respondo que todas esas quejas son porque no han estado en Roskilde»

Del 29 de junio al 6 de julio

Roskilde, Dinamarca

Texto: Juanlu Herranz

Otro año más, como acontece desde hace dos décadas, Juanlu Herranz cogió su mochila y se plantó en Roskilde Festival. Esta edición estuvo marcada por la lluvia, lo que no hizo que la diversión fuera menor. Grandes conciertos, camaradería y la sensación de que no hay mejor festival sobre la faz de la tierra son los tres pilares que sustentaron los cuatro mejores días del año para nuestro redactor.

Pues sí, como quien no quiere la cosa, este año se cumplían veinte años desde mi primera visita a Roskilde, algo que evidentemente ha marcado mi vida, puesto que desde entonces no he faltado a ninguna edición de uno de los clásicos europeos, con la evidente excepción de los dos años que no se celebró el festival debido a la pandemia del coronavirus, que ahora nos parece tan lejana. Las previsiones climatológicas se cumplieron, pero gracias a la evolución en estas dos décadas, apenas nos mojamos por el apoyo tecnológico que nos advirtió de los momentos críticos y que hizo que nos pusiéramos bajo techo a tiempo de evitar las pulmonías. Salvada esa circunstancia vivimos un festival igual de ecléctico que siempre, en donde los conciertos de rock en todas sus variedades fueron de nuevo los grandes triunfadores.

Miércoles 3 de julio

Tras la habitual primera noche de aclimatación en Copenhague, pusimos rumbo a Roskilde, donde antes de las tres de la tarde ya habíamos sacado nuestras acreditaciones y plantado la tienda, así que, con la tranquilidad de que iba a ser una jornada con buena climatología, nos dirigimos al recinto para comenzar esta primera jornada, siempre más reducida en duración, para comenzar la aclimatación. La primera parada fue en el escenario Gaia, uno de nuestros favoritos de la edición pasada, para ver al supergrupo Better Lovers, capitaneado por el cantante Greg Puciato y con varios miembros de la desaparecida banda Every Time I Die. En este 2024 editarán su disco de debut y la verdad es que causaron muy buena sensación. Hardcore punk de manual en un arranque que suelen propiciar los programadores del festival para ir entrando en calor.

Rápidamente, cambio de tercio para disfrutar en el Arena de Jessie Ware. No os voy a engañar, la británica no es muy rockera, pero sí sabe cómo elevar la temperatura a base de pop y música disco que fue muy bien recibida por el público y que alcanzó su clímax durante la versión del “Believe” de Cher en la recta final de su actuación.

Better Lovers

Recuperamos las guitarras en el escenario EOS de la mano de Frank Carter & The Rattlesnakes. Podemos convenir que su versión actual es algo más domesticada que cuando le vimos con Gallows hace más de una década, pero vivimos un concierto la mar de entretenido, con constantes bajadas del cantante entre el público mientras desgranaba un repertorio bastante equilibrado dentro de su ya extensa discografía (cinco discos en una década de existencia).

De regreso al Gaia pudimos disfrutar de una de las últimas sensaciones del indie rock, Bar Italia. El trío británico defendió con éxito una propuesta que mezcla el shoegaze con alguna que otra guitarra acelerada y que tiene a la vocalista Nina Cristante como la seña de identidad. Uno de esos grupos a los que seguir la pista.

Había que estrenar el Orange, icono del festival, aunque fuera de la mano de la rapera Doja Cat. Quien me conoce, sabe de mi eclecticismo, pero hay ciertos fenómenos que se escapan a mi entendimiento, y este es uno de ellos. A pesar del entusiasmo de la muchachada nórdica (en estas latitudes este tipo de artistas es muy valorado), no logré conectar en ningún momento con la propuesta y no encontré ningún asa al que agarrarme, pero al menos ya pudimos comprobar que el público iba a llevar en volandas a los artistas masivos gracias a un nuevo sold out completo en todas las jornadas.

Frank Carter & The Rattlesnakes

Así que había que quitarse el mal sabor de boca y acercarse de nuevo al Gaia para hacer unos cuantos pogos con Snõõper. Micropíldoras punk de apenas un minuto capitaneadas por la inquieta vocalista Blair Tramel, que nos hicieron reconciliarnos con las señas de identidad del festival.

Y con el cansancio empezando a florecer, cerramos la jornada en el Orange con la propuesta electrónica de Jungle, en la que también se entrelazan elementos de soul y funk que entraron de maravilla como colofón a una buena jornada mientras algunas pequeñas gotas de lluvia empezaron a aparecer para recordarnos que la siguiente jornada habría diluvio.

Jueves 4 de julio

Gracias a unas temperaturas agradables pudimos descansar adecuadamente en las tiendas de campaña, algo fundamental para aguantar una jornada de más de doce horas en el recinto. Nuestra primera parada fue con los locales Zar Paulo en el Arena. El año pasado actuaron en los primeros días del festival, en los escenarios dedicados a bandas emergentes, y con su primer disco, ‘Elendig Software’, se han convertido en uno de esos fenómenos locales que siempre causa interés disfrutar en el festival. Público entregado y banda muy engrasada pese a ser tan jóvenes.

Hicimos una pequeña escala para debutar en el Avalon de la mano de Blondshell, el seudónimo de la artista Sabrina Mae Teitelbaum, que defendió de manera magnífica su debut discográfico con esta denominación (antes firmaba como Baum). Voz enérgica y guitarras cortantes. Muy interesante.

Y de allí al EOS para ver a While She Sleeps, que tuvieron que lidiar con algo poco habitual en Roskilde, un retraso en su actuación de más de media hora. Algo en el escenario no funcionaba (quizás debido a las lluvias de la mañana, que a nosotros nos pillaron en la tienda de campaña) y hubo que esperar a que se solucionara el problema. Eso sí, en cuanto les dejaron, su vocalista, Lawrence Taylor no dejó de animar a un público que acabó entregado ante un repertorio más centrado en su anterior disco, ‘Sleeps Society’, en lugar de su reciente ‘Self Hell’, y que hizo las delicias de cualquier buen aficionado al metalcore.

Belle and Sebastian

Debido al retraso y a las pocas ganas de picotear en el Orange a Ice Spice, nos quedamos comiendo cerca de este mismo escenario para esperar el comienzo de Belle & Sebastian. Los de Glasgow son la definición perfecta del pop británico de manual, y su líder, Stuart Murdoch, es un tipo encantador.

Es un grupo que me ha acompañado media vida y al que tengo mucho cariño a pesar de no tener guitarras afiladas. Repertorio de grandes éxitos para su debut en el festival (raro que no les trajeran a comienzos de milenio, cuando eran un grupo en boga) y asalto del escenario final durante “The Boy With The Arab Strap”. Magníficos.

Apenas pudimos asomarnos un poco en el escenario Gloria (el más reducido y que casi siempre tiene cola para entrar en la carpa) para ver los últimos temas de la actuación de Gel, con una Sami Kaiser desatada. Es una banda en crecimiento dentro de la nueva ola de hardcore norteamericano. También os digo que esos minutos valieron mucho más la pena que toda la actuación siguiente, la de Khruangbin en el Arena.

El trío toca como los ángeles, pero tampoco entendemos bien qué ha pasado para un subidón de popularidad desde su anterior actuación en el festival, ya que ahora están en segunda fila de todos los festivales europeos de este año. Rock básicamente instrumental, con muy buen gusto, pero que nos dejó la sensación de que les falta algo para llegar a audiencias más grandes.

Mientras estábamos en el Gaia viendo a las canadienses The Beaches, hizo acto de aparición un microdiluvio de cuarenta minutos que hizo que todo el mundo buscara refugio bajo techo. Conseguimos salvar los muebles y no calarnos los pies, así que dimos una oportunidad al cabeza del día en el Orange, 21 Savage, pero una vez más, entre la media hora inicial en la que sólo compareció su DJ y el arranque de su actuación propiamente dicha, nos sentimos extraños dentro de una masa que coreaba todas sus canciones. Debe ser que nos hacemos mayores y sólo apreciamos el old school hip hop.

Así que allí dejamos al cabeza para irnos al EOS a ver a una de las sensaciones de la temporada, el grupo femenino británico The Last Dinner Party. Y podemos entender las buenas críticas que están cosechando. ‘Prelude To Ecstasy’ alcanzó el número uno en las islas británicas y ellas defienden a la perfección en directo sus canciones más conocidas, como “Nothing Matters” (gran cierre) o “Sinner”, pero también con temas ajenos como el “Wicked Game” de Chris Isaak. Mucha simpatía y muchas dosis guitarreras para una de las mejores actuaciones de la jornada.

La curiosidad de ver a una banda de K-pop nos llevó al Gaia a disfrutar de Balming Tiger, que en realidad ofrecen algo parecido al hip hop de bandas como Beastie Boys (que se entienda la comparación, por favor) que lo que comentábamos con 21 Savage, y lo cierto es que echamos un rato la mar de entretenido con un público bastante entregado.

Nos volvimos a asomar por el Orange, pero Skrillex nos echó a los pocos minutos. Fuegos artificiales y electrónica solo para los más cafeteros, pero que, sin embargo, una vez más, llenó el mayor de los recintos con la gente dispuesta a pegarse una farra.

Tras un ligero refrigerio, decidimos cerrar la jornada a eso de las dos de la mañana con Angel Du$T. Los del Baltimore congregaron a unos pocos elegidos, que decidimos quemar nuestras naves entre pogo y pogo antes de retirarnos a la tienda de campaña satisfechos del resultado de la batalla librada en lo musical y lo meteorológico.

Viernes 5 de julio

Una jornada más, la parte más dura del clima aconteció a media mañana, mientras nos encontrábamos en la tienda de campaña. Fue uno de esos diluvios en los que menos mal que la tienda resistió el envite. Imaginábamos el tremendo barrizal que nos iba a esperar en el recinto y no nos equivocamos en nuestras predicciones cuando a eso de las tres de la tarde entramos por las puertas del festival.

Arrancamos la jornada en el Orange con la cantante noruega Aurora, todo un fenómeno en Escandinavia, sobre todo con su reciente disco ‘What Happened To The Heart?’. Ciertas reminiscencias a Björk, que son palabras mayores, mientras tratábamos de no hundirnos en el barro, con unas melodías inspiradas que hicieron de su concierto un soplo de aire fresco necesario.

Y del presente-futuro directos al pasado-presente de la mano de la gran Kim Gordon, alma de Sonic Youth. Ruido con sentido y voz cautivadora. Una de esas artistas clave para explicar el rock de las cuatro últimas décadas, que ofreció un concierto enérgico y rotundo, que no siempre es lo habitual para alguien que supera los setenta años. Diosa.

Y en este punto tomamos una ligera bifurcación para presenciar en la zona de prensa junto con colegas alemanes el partido de cuartos de final de la Eurocopa entre España y Alemania. Lo cierto es que no había nada interesante en el horizonte en un par de horas largas, así que, entre cerveza y cerveza, pero con buen rollo con nuestros colegas germanos pudimos disfrutar de la victoria de la roja in extremis en la prórroga, que nos llevó a un buen rollo absoluto antes del plato fuerte de la jornada (y de todo el festival, si me apuráis), que vino de la mano de Dave Grohl y sus Foo Fighters en el Orange.

Foo Fighters

Este año no pisaban suelo español, así que sabía que era una cita ineludible. Hay veces que Dave se pasa de pesado con sus aventuritas, pero las que eligió para contar en esta ocasión vinieron de maravilla para ir cogiendo aire entre sus temazos. Quizás la más chula, la de su actuación con Nirvana en 1992 que tuvieron que posponer minutos ya que Dinamarca se jugaba la final de la Euro y ellos en el camerino pidiendo a dios que ganaran los daneses… (esto lo digo por enlazar nuestros minutos futboleros anteriores).

Resulta raro no ver a Taylor Hawkins tras los parches, pero hay que reconocer que Josh Freese es una máquina y que desde el inicial “All My Life” hasta el colofón con “Everlong” resultaron las dos horas y cuarto más entretenidas de toda esta edición de Roskilde. Hubo tiempo para corear himnos como “The Pretender”, “Times Like These”, “Learn To Fly” o “My Hero”, incluso para recuperar el “This Is A Call”, del que el día anterior se cumplían veintiocho años de la edición de su disco.

Personalmente, me quedo con una sobrecogedora interpretación de “Best of You”, que hizo que florecieran las lágrimas por mi mejilla. Es uno de esos temas que siempre me ponen la piel de gallina, aunque a muchos otros lo que les emocionó fue el recuerdo al malogrado Taylor durante “Aurora”. Los Foo nos deben una actuación en España y a ver si en 2025 lo cumplen.

Y después de tantas horas de emociones a flor de piel, quedaba dejarse llevar por el hedonismo pop que propone Roisin Murphy, la antigua cantante de Moloko, que llevó su fiesta a todas las esquinas del escenario Arena y, por otro lado, comprobar que hablando de Kvelertak, tiempos pasados fueron mejores, y es que el vocalista que sustituyó hace ya un lustro a Erlend Hjelvik no consigue que me emocione tanto con los temas de la banda. En cualquier caso, cumplimos con la tradición de cerrar con algo de rock siempre que sea posible.

Sábado 6 de julio

La última jornada siempre hay una mezcla de emociones muy acentuada. Tristeza por un nuevo final y alegría infinita por todas las vivencias acumuladas. Es curioso ver cómo muchos asistentes recogen su petate y se marchan a sus casas a pesar de que, siendo ahora la última jornada en sábado y no en domingo, pudiera parecer un aliciente para estar hasta el último suspiro. Nosotros, como españoles, aguantamos hasta el final, pase lo que pase.

PJ Harvey

El arranque de la jornada fue en el Arena para una fiesta brasileña con tintes de rock progresivo a cargo del colectivo Bixiga 70. Una hora con ritmos tropicales pero con un vigor rockero que ya querrían para sí muchos grupos que presumen de serlo. Como nos resultó imposible entrar en el escenario Gloria para English Teacher, aparecimos en el Orange para ver a Tems, y nos resultó agradable su r&b, pero insuficiente para llenar un escenario tan mítico.

Un ratito del hip hop agresivo de Action Bronson nos vino bien para cambiar de tercio antes de llegar a uno de los platos fuertes del festival para un servidor: Lankum. El conjunto irlandés da lo que se espera de ellos: tristes melodías de profunda tradición folk de su país. Si no lo habéis hecho aún, sumergíos en su disco del año pasado, ‘False Lankum’ , y si os hace click en vuestro interior, dudo que os abandone.

Durante esta actuación aconteció el último microdiluvio de esta edición y eso hizo que el concierto de PJ Harvey en el Orange sufriera un ligero retraso, que gracias a Dios no trastocó los planes de nadie. Ella está en estado de gracia, una diosa para los de mi generación, que lleva una banda de impresión y que entrelaza perfectamente los temas de su último disco, ‘I Inside The Old Year Dying’ con auténticos clásicos de su discografía como “Angelene”, “Send His Love to Me”, “Man-Size” o “Down By The Water”, mi momento preferido de una actuación excelsa, que dignificó el Orange como lo habían hecho Foo Fighters veinticuatro horas antes.

Jane’s Addiction

Y para refrendar que los clásicos lo son por algo, a continuación nos movimos al Arena para ver la resurrección de Jesús, digo… de Perry Farrell con sus Jane’s Addiction. Si en el Azkena Rock de Vitoria la banda estuvo superlativa pero Perry sufrió mucho en la parte vocal, en esta que resultaba su última actuación en Europa (previa cancelación de un par de conciertos en esa semana) hizo honor a su aura de leyenda. Fue una autentica apisonadora convirtiendo los diez temas de su concierto en himnos uno detrás de otro. Dave Navarro, Eric Avery y Stephen Perkins se encuentran en estado de gracia, y así temas como “Whores”, “Jane Says”, “Mountain Song”, “Stop!” o “Been Caught Stealing” supieron a gloria.

Después de esto, apenas nos quedó despedirnos del Orange con SZA, que tiene buenas canciones, buen espectáculo y le puso ganas, pero que no pareció con los galones suficientes para ese horario de clausura en un festival como Roskilde. Una vez más, el eslabón más débil de un festival fantástico, que si cumplió con creces las expectativas con el último concierto al que asistimos, el de The Armed.

El colectivo de hardcore punk de Michigan se olvidaron de la poca asistencia que tuvieron en cuanto se lio el primer pogo entre los supervivientes de las cuatro jornadas. Un concierto enérgico y entretenido, que demuestra que muchas veces los grupos menos conocidos acaban sobresaliendo entre los supuestos grandes nombres del cartel.

The Armed

Y con estas cerramos el capítulo de 2024 en Roskilde, con muchas nuevas vivencias en el zurrón y con ganas de que pasen rápido los próximos doce meses para regresar a un recinto mágico, a pesar del barro, ya que, si todo va bien, cumpliré en 2025 mi vigésima edición consecutiva.

Echo la vista atrás (dos décadas dan para mucho) y seguramente el ochenta por ciento de los mejores momentos que he vivido en un festival de música han ocurrido allí. Cuando te dicen que los festivales se están cargando la música y que en todos te tratan como ganado y que hay muchas incomodidades, siempre respondo a esos amigos o conocidos, que todas sus quejas son porque no han estado en Roskilde. Y cada año me reafirmo en esa opinión. Atreveos a probarlo un año y me contáis.

Redacción
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1 comentario

  • Juandie dice:

    Pedazo de resumen hacia el gran concierto que se marcaron grandes bandas rockeras como los FOO FIGHTERS, PJ HARVEY o WHILE SHE SLEEPS.

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