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Crónica de Ramoncín en Madrid: Medio siglo de rock and roll castizo

Al ingresar a La Riviera, el cartel colgante de Inverfest nos recibe. Es domingo por la tarde en Madrid, y Ramoncín llega para presentar su tour denominado “Celebración 50/70”, el cual conmemora su primer concierto hace medio siglo y sus setenta primeras velitas de vida impregnadas de rock and roll.

Por las pantallas laterales se observa la variada oferta de conciertos que propone el tradicional festival invernal, el cual, se encuentra atravesando su decimosegunda edición en tres localizaciones diferentes (Madrid, Zaragoza y Euskadi). Drugos, Chicle, Derby Motoreta's Burrito Kachimba y Uoho son algunos de los ilustres del rock patrio que dirán presentes en este 2026.

La gran pantalla central está presidida por un dibujo en colores vivos donde la Gran Vía madrileña es protagonista junto a edificios emblemáticos. Por todo el escenario hay distribuidos amplificadores, numerosas guitarras ubicadas en soportes verticales, y el stage está culminado por un par de escalones y una plataforma semicircular para que el frontman esté aún más cerca del público.

A las siete en punto, tres generaciones de fans sentían como se les aceleraba el corazón con “No volarán”, canción no editada oficialmente aún. Previamente, el cantante madrileño dedicó unas sentidas palabras a todas las víctimas del trágico accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba): “Quiero pensar en esas personas que han tenido un momento durísimo en los trenes. Vamos a pensar en ellos”, palabras que fueron secundadas por aplausos cargados de emoción.

En segundo término, custodiado por su fiel escudera de seis cuerdas, dispara con “Sangre y lágrimas” seguida de “Putney Bridge”, perteneciente a su recordado disco ‘Arañando la ciudad’, y la euforia desatada desde el primer acorde de la noche se mantendrá a lo largo de las dos horas y media de un directo que sirvió para repasar todas las épocas de su carrera, honrar su leyenda y homenajear al rock and roll.

Ramoncin se mostró conversador durante toda la actuación, muy cercano. Descendía constantemente a la plataforma semicircular y tocaba las palmas de sus seguidores. Había clima de fiesta, de celebración, de toda una vida dedicada a la música. Avisa: “Os van a grabar y quedaría muy mal si salís con un teléfono en la mano”.

Desprovisto ya de su guitarra, mediante silbidos que sirven de introducción, comienza con “Hola, muñeca”, y los coros de la misma son un espectáculo adentro de otro espectáculo. La conexión se palpa y se percibe en el ambiente. Los aplausos estuvieron presentes durante todo el concierto, y se percibía en los rostros la emoción. No era nostalgia, era éxtasis que emanaba de los cuerpos ante la solidez del sonido de la banda que lo acompaña. Hasta siete músicos se pueden ver sobre las tablas, incluido el propio frontman, con una gran conexión entre ellos.

“Estas dos canciones separadas por 30 años….hubo un Madrid que pide que recuerde que hace 40 años murió Enrique Tierno Galván”, comenta, y acto seguido ejecuta las emotivas y descriptivas “¿Qué es eso del amor?” enlazada con “Reina de la noche”. Por momentos, la voz está demasiado al frente, pero esto no impide venerar al rock mediante la obra de este madrileño único.

“Canciones desnudas”, “Cuerpos calientes” tras una gran anécdota sobre un programa de TVE la cual desata las risas colectivas, “Como un susurro” y “A diez pasos” entre otras van poblando el cuadro sonoro de la noche. En algunas incorporan ciertas dosis de blues, pero en esencia lo que brilla en la noche es el rock and roll en estado puro, castizo. Cuatro guitarras, un piano, una batería pulcra y un bajo que aporta crudeza son los responsables. Todo liderado por el cantante, quien por momentos, se traslada al fondo del escenario para darle protagonismo absoluto a sus compañeros de carretera.

La implicación del público es total, y conforme coge la batuta imaginaria Ramoncin, su parroquia lo sigue. Las luces del escenario mutan a rojo intenso y es el clima ideal para afrontar “En el infierno”, y la emoción es plena cuando coge la armónica y comienza acompañado por el piano una versión desgarradora de “Ángel de cuero”, la cual se percibía como una postal.

Indica Ramoncin que “las mejores canciones de amor se escriben desde el desamor y las canciones de esperanza, cuando estamos desesperanzados”, y afronta “Quemando puentes”. Comenta a su audiencia que “el pueblo está dividido entre buenos y malos. Hay que saber quiénes son los malos”, desatando una ovación.

El tramo final es una delicia volcánica. Toca “Estamos desesperados” seguida de la contundente “¡Déjame!” y la épica “Miedo a soñar”, finalizada tras un largo segmento instrumental de verdadero fuego y con los cinco músicos de cuerdas en el frontal del escenario ubicados en línea y concluyendo con el quinteto moviéndose de esquina a esquina del stage para recibir una ovación seguida de estruendosos “oé,oé,oé”.

Durante la ejecución de “Al límite”, presenta con cariñosas palabras a toda la banda, con una mención especial a su compañero guitarrista desde 1988 Gabi Abril. El respetable no se quería ir sin la infaltable “Hormigón, mujeres y alcohol”, y el cantante les deleitó con una versión apoteósica de la misma, la cual tuvo un gran momento con varios de los integrantes recostados boca arriba en el escenario sin dejar de tocar e incorporándose para los últimos acordes de este himno, tras lo cual dio un abrazo colectivo a todo el foro para finalizar al histórica actuación.

Ramoncin brilló en una noche donde 50 años de rock and roll hicieron vibrar a Madrid.

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