En el mundo de la música sucede a menudo lo de toparse con tipos que parecen haber nacido en la época equivocada. No se trataba de una mera afición, sino de una devoción por unas formas de antaño que se tornan engullidas por esa sociedad de adictos a los móviles incapaces de prestar atención más de quince minutos. Que llegue entonces alguien y obligue a echar el pistón de la frenética existencia cotidiana por lo menos durante hora y pico debería considerarse una auténtica proeza de esas que nos demuestran que estamos vivos y no dominados por unas pantallas.
La historia del californiano Nick Waterhouse posee algo de épica en el detalle de que trabajó en una tienda de discos como si fuera el protagonista de la recordada obra ‘Alta fidelidad’ de Nick Hornby. Seguramente él no se encomendaría a Bruce Springsteen en busca de consejo, sino a Chris Isaak, Roy Orbison o Van Morrison, al que revisita cada noche este periplo de una manera muy peculiar.
La actual gira peninsular certificó sin duda el espectacular tirón que tiene el norteamericano, pues en Madrid se vio obligado a añadir un segundo show tras haber agotado las entradas del primero, una gesta que volvió a conseguir sin apenas dificultad. El bilbaíno Kafe Antzokia tal vez no estuviera a reventar, pero logró congregar una multitud bastante respetable para un día entre semana, lo cual demostraba que su estilo vintage cada vez va ganando más seguidores.
Con traje negro y aspecto aseado, Nick Waterhouse inició el recital destapando su embriagador perfume de antaño con “Is That Clear”, remitiendo tanto en estilo como en actitud a su paisano Chris Isaak. Pensábamos que optaría por un formato más intimista, pero le acompañaba una bandaza con todas las de la ley, con teclista madrileño y racial corista que recibía tremendas ovaciones cada vez que efectuaba algún alarde vocal. Diluir aquel conglomerado de talentos en el concepto de mera banda de acompañamiento sería una verdadera injusticia.
“I Had Some Money (But I Spent It)” reincidió en los ritmos noctívagos y nos constató el evidente poso soul de su música, mientras que “Medicine” nos introdujo de nuevo en un universo sombrío que encajaría en las pelis de David Lynch o Tarantino. Era tal el poder de las composiciones que al tipo no le hacía falta hablar lo más mínimo, exceptuando las elementales normas de cortesía. Se saltó incluso su sobriedad protocolaria al admitir que estaba deseando regresar a Bilbao tras las buenas impresiones que le dejó su anterior visita.
En “The Score” utilizó la guitarra a modo de percusión antes de legar uno de los picos de la velada con “Hide and Seek”. Cada canción podría haber sido un clásico en un universo paralelo que se quedó estancado en la década de los cincuenta o sesenta. “Very Blue” bordaba al milímetro la atmósfera de la citada época y “Raina”, de su debut ‘Time’s All Gone’, encajaría en alguno de los últimos discos de Arctic Monkeys.
Recuperó el legado de uno de sus grandes ídolos, Van Morrison, pero se concentró en el periodo de Them, del que rescata un “I Can Only Give You Everything”, muy llevado a su terreno y con alarde vocal de su corista, que cosechó los preceptivos aplausos, por supuesto. “Katchi” continuó la línea ascendente del show, al tiempo que el teclista también recibía el cariño de la concurrencia en forma de aplausos. “I Feel an Urge Coming On” tenía una de esas melodías tan contagiosas que si no te movía ligeramente aunque sea el pie, lo mejor sería comprobarse de inmediato el pulso.
“B. Santa Ana, 1986” evocó su soleada tierra y a la vez valió para confirmar que estaba bastante más escorado hacia el soul que su compatriota Chris Isaak. “Some Place” se tornó otro temón de una calidad incontestable y en “(If) You Want Trouble” aportó más electricidad al asunto, no sin dejar de cultivar ese tipo de tonadillas que valdrían para escuchar en un destartalado garito de madrugada, uno de esos en los que si pides agua o un refresco sales de cabeza por la ventana.
La única interacción que se permitió con el respetable fue una breve presentación de la banda antes de “L.A. Turnaround”, que contó con una soberbia interpretación realzada por el aporte de la corista, al igual que sucedió en otras piezas previas. Tras unos pocos minutos, regresó para otorgar la estocada con el rock n’ roll de “Celia Marie”, que será su próximo single, y “Song for Winners”, con notas que incitaban a contonearse bajo el efecto del alcohol.
Definitivamente, este tipo era un bardo noctívago de otra época, con un sonido muy particular que remitía a esos tiempos analógicos donde la mayoría de cosas poseían el triple de alma. Desde los punteos de guitarra, cuyas notas casi se clavaban en lo más hondo del ser, hasta esos coros que nos trasladaban varias décadas atrás. Toda una brillante relectura de influencias pretéritas.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
- Crónica de Nick Waterhouse en Bilbao: Un bardo noctívago de otra época - 9 marzo 2026
- La curiosa coincidencia entre la muerte de Ozzy Osbourne y la de Lemmy Kilmister (Motörhead) revelada por su hijo Jack - 8 marzo 2026
- Nikki Sixx (Mötley Crüe) desvela “un triste recordatorio” que queda de Mick Mars: “Alguien al que salvaste la vida aún puede traicionarte” - 8 marzo 2026




