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Crónica de Nazca en Madrid: Fieles adeptos al espíritu del rock

Un calor inclemente acechaba mientras surcábamos el Paseo de la Castellana bajo la necesidad imperiosa de buscar un cobijo que paliase el desierto de asfalto en el que muta la capital durante estos meses. Nazca fueron los encargados de arroparnos y brindarnos refugio a través de las proezas que propaga su potente hard rock.

Al aventurarnos a cruzar las puertas de la sala Rockville, situada en las proximidades del estadio Santiago Bernabéu, comenzaban a llegar tímidamente esos fieles devotos del rock que no conciben arrancar el fin de semana sin una banda sonora propicia. Esa aparente contención en la audiencia fue notoria hasta los últimos minutos previos al espectáculo, cuando irrumpió una horda de rockeros de edades de lo más variopintas.

Una vez pudimos contemplar a los miembros de Nazca sobre el escenario, fue imposible quitar la vista de Álvaro, su vocalista, quien salió a escena acompañado de un par de muletas. Su evidente lesión no fue un impedimento para que lo diera todo sobre las tablas, aunque se le percibía contenido para no abandonar su silla y poder cantar con plena libertad. “Sois infalibles, vamos a disfrutar todos juntos”, exclamó el músico ante una audiencia entregada y dispuesta a saborear la fuerza de su hard rock. Chus nos deleitó en “Vive el momento” con unos exquisitos arreglos de guitarra, empuñando una llamativa Gibson Flying V.

Tras ir aumentando la temperatura y el ritmo de la noche, “Deshumanización” acercó al público hacia el escenario. Llamó poderosamente la atención la presencia de niños sentados en primera fila, dejando entrever que el género tiene relevo. “Hijo” protagonizó uno de los momentos más emotivos de la noche, rompiendo la dinámica de los temas previos con un tono más nostálgico aderezado con un piano de lo más conmovedor. “Es un homenaje a lo que hemos sido”, señaló la banda acerca de este corte, del que también destacaron que “es una gran canción” para ellos.

Una de las grandes sorpresas de la noche llegó de la mano de “Smokin’”, un himno del disco debut de Boston. Fue un absoluto regalo para un servidor, ya que dicho LP fue el encargado de inyectarme ese dulce veneno que me enamoró de la guitarra. En “Porque todo es fugaz”, Chus desenfundó una Fender Stratocaster con la que exhibió un registro muy blusero a la par que elegante, lo que le brindó nuevos matices sonoros a la jornada. “Sabias palabras”, sin duda, protagonizó el momento más memorable del espectáculo, gracias a que la canción desembocó en una radiante jam session donde todos los músicos demostraron su brío con sus respectivos instrumentos.

Llegó el turno de otra versión y, tras vacilar y bromear con el público tocando el riff de “Highway to Hell” de AC/DC, finalmente pudimos contemplar cómo se aventuraban a adentrarse en una de las grandes canciones de Whitesnake. “Fool for Your Loving” fue la pieza de la banda de David Coverdale que pudimos degustar durante el espectáculo. El momento climático llegó a través de “Espíritu del rock”, un lema que es prácticamente el dogma al que reza Nazca. Este corte, uno de sus grandes clásicos, protagonizó el momento más caótico y eufórico del show. El público cantaba, bailaba y gritaba, mientras exigían un bis que finalmente fue concedido.

Nazca nos arropó a través de la fuerza de su hard rock, brindándonos un dulce cobijo a los fieles devotos del género en una noche que vaticina quedarse grabada por mucho tiempo en la retina de sus asistentes y que, además, se inmortalizará a través de un disco en directo. Mientras sigan existiendo locales que apuesten por el género en directo, los grandes melómanos continuaremos poniendo banda sonora a esas noches de hedonismo sonoro que perderían todo su sentido sin la buena música.

Alfonso Herreros

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