Normalmente se suele aconsejar a los artistas que se mantengan lejos de la política. Exponer la ideología sin reparos a algunos casi les ha costado la carrera o les ha afectado en mayor o menor medida. No vivimos los mejores tiempos posibles para la libertad de expresión, con tendencias autoritarias al acecho y un buenismo torpe que no hace sino provocar el incremento de las opciones de aquellos contrarios a la democracia. Ante este panorama solo cabe agachar la cabeza y lamer la bota del matón de turno o revelarse contra todo intento de reducir las conquistas sociales de siglos pasados.
El bardo asturiano Nacho Vegas tuvo bien claro qué bando era el suyo cuando publicó ‘Resituación’ de 2014, un disco que llegaba después del EP ‘Cómo hacer crac’, donde ya profundizaba en su vertiente más política. Podríamos decir que el cantautor ha seguido el camino inverso al de muchos que alardean de sus ideas durante la juventud y luego con la edad van dejando la lucha aparcada por el camino.
A estas alturas de la película no parece que existan demasiados fieles que ignoren el compromiso de Nacho en diversas causas solidarias y cuando uno acude a un recital sabe lo que hay, igual que si fuera a ver a Fermin Muguruza. Por eso mismo debería cobrar más valor, si cabe, el mérito de agotar entradas en el Kafe Antzokia con varios meses de antelación. Pero ser consecuente con una postura, implica a veces ciertos sacrificios, como cuando canceló su concierto el pasado mayo en solidaridad con la huelga de técnicos de eventos y espectáculos organizada para ese día.
Nacho Vegas
En teoría había posibilidad de devolver la entrada al anunciarse la nueva fecha, pero viendo el estado abarrotado del recinto, imaginamos que muy pocos o ninguno se habían acogido a esa opción. Y eso que se trataba de principios de septiembre, cuando muchos todavía están de vacaciones o tal vez a punto de emprenderlas en dicho mes.
Con una banda en la que estaban colaboradores habituales como el guitarrista Joseba Irazoki, Nacho Vegas irrumpió en escena trajeado, con llamativos botines y esas gafas de sol que se han convertido en una parte imprescindible de su ser. La pose solemne adecuada para que fuera tomando forma “Alivio”, esa especie de oración apocalíptica que también iniciaba su último trabajo, ‘Vidas semipreciosas’.
Según nos comentaron, esa noche el asturiano tenía intención de dejarse llevar en lo que respectaba al repertorio, todo un detalle que un servidor agradeció en un panorama con demasiados funcionarios que reproducen al milímetro el mismo cancionero durante una gira entera. Que viva la espontaneidad y el talento en estado puro que no necesita pedir permiso para nada.
Recuperó un tema de su primera época tan querido por los aficionados como “Nuevos planes, idénticas estrategias”, que sigue poniendo piel de gallina en directo. Y prueba de lo bien que ha sido acogido el material más reciente lo encontramos en “Fíu”, que dedicaba a su madre Cristina Vegas y que fue coronado con los gritos de “antifascista” al final. Glorioso.

El asturiano apenas habló durante la actuación, como es su costumbre, pero cuando dijo que era “buen momento para cagarse en Dios” sabíamos que era el turno de “Deslenguarte”, con la parte que en estudio interpreta Albert Pla a cargo de Irazoki, que no lo hizo nada mal. El guitarrista navarro es en la actualidad uno de los grandes activos de la banda de Nacho, con aportes que engrandecen cada una de las canciones.
El repaso al disco ‘Vidas semipreciosas’ continuó con “Los asombros”, antes de ponerse combativo en “Cómo hacer crac”, donde alguno ironizó diciendo: “Esta era de pogo”. Por la cantidad de verdades como puños que suelta en cada estrofa podría serlo, sí. No esperábamos que recuperara “Vinu, Cantares y Amor”, y menos todavía acompañado por Anari, la Patti Smith vasca, que aportó fragmentos en euskera de poner pelos de punta. Un instante para recordar aderezado al final por los gritos de “Gora borroka feminista”. Épico.

Con el corazón tan elevado hubo que bajar con los mortales en “Ciudad Vampira”, pero no tardó en incrementar la intensidad en “Les ales”, su peculiar revisión del clásico “Txoria Txori” de Mikel Laboa. Un guiño a la cultura vasca antes de presentar a una banda con parte astur, catalana y vasca. “España ni la pisamos”, ironizó Nacho.
“La gran broma final” desató alaridos cuando fue reconocida por el respetable y les quedó mucho más enérgica que en estudio. Turno entonces de relajar con “Mi pequeña bestia”, con ese aire tan sesentero que hasta podría pasar por un tema de Jeanette. Y para rematar había que recurrir a una de esas canciones en plan himno que sirven incluso para definir toda una trayectoria, caso de “El hombre que casi conoció a Michi Panero”.
Hubo tal estruendo pidiendo bises que Nacho no tardó en regresar con “Ser árbol” y “Seis pardales”, que denunciaba la aberración jurídica por la que fueron condenadas seis sindicalistas por protestar en Gijón. Hubo además palabras para todos los presos políticos que todavía siguen encarcelados en el Estado español. Y sobre la crisis migratoria de Ceuta, el músico también expresó su opinión dejando claro que “cualquiera que piense que un ser humano es ilegal es un racista”.
“La pena o la nada”, del majestuoso álbum junto a Bunbury ‘El tiempo de las cerezas’, puso el broche a una velada muy equilibrada en cuanto a repertorio. Tocó cortes de diversas etapas de su trayectoria, los clásicos que debían sonar sí o sí, pero también algunas sorpresas que a buen seguro agradecerían los fans más acérrimos.
Los medios nos dicen cada dos por tres que están subiendo opciones bastante peligrosas, pero conciertos como el de Nacho Vegas nos demuestran que todavía sigue perdurando un importante núcleo de resistencia que tiene claro quiénes son los que ponen palos en las ruedas del progreso social. Como el hijo de Cristina Vegas. Antifascista.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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