En el arte, como en la vida, la actitud es lo único innegociable, ¡y en la música mucho más! Por extensión, en el rock no hay ni que mencionarlo, pero a veces me pongo triste pensándolo porque de verdad que cuando se nos vayan estas superestrellas de verdad, fuera va a hacer mucho frío. No importa si hablamos de la primera línea o de la segunda, ¡incluso con más razón hablando de la división de plata! Porque en el primer escalafón siempre habrá grandes nombres, artistas mejores o peores que se hagan gigantes por cualquier cosa viral, o empujados por campañas de promoción desmedidas o por la enésima multinacional que, extraño o no, apueste fuerte por gente muy válida.
Pero la autenticidad, el corazón, la diferencia, lo que marca a generaciones enteras nunca está en la pasta, ni en la exposición pública o la promoción extra. Primero está en el corazón y en el alma, pero luego está en cada gota de sudor que cae al escenario, en cada sonrisa de felicidad y orgullo que le produce a cualquier seguidor ver a los grandes de verdad. Que sí, insisto, de segunda fila, le compro el argumento a cualquiera que me lo esgrima.
¿Y qué? Sin desmerecer a los tótems, por supuesto, pero sin Hanoi Rocks no hubiera habido Guns N´Roses ni Mötley Crüe, punto. Ni por supuesto LA Guns, ni Cinderella, ni Skid Row… Todos maravillosos, pero al final al César lo que es del César. El pionero en esto puede ser Aerosmith (y Alice Cooper, Scorpions, Deep Purple, Black Sabbath, Judas Priest o Motörhead)… y es también Hanoi Rocks, con Michael Monroe y un jovencísimo Sammy Yaffa (además de un Andy MacCoy –y Razzle- hoy fuera de la ecuación) a la cabeza.

Muchos estarán diciendo que qué tiene que ver todo esto con la crónica. Pues lo tiene que ver todo, porque en estos tiempos de ver artistas veteranos en horas bajas, o aprendices aun aprendiendo uno tras otro, el señor Michael Monroe sigue siendo el rock, con mayúsculas. La imagen, actitud, verdad, corazón (sí, lo repito a posta) y la sonrisa… ¿Por qué todos los jugones sonríen igual?, que decimos en basket. Pues porque es una jodida realidad. Y hay alumnos aventajados más que válidos, ¡cómo los propios Jolly Joker! (de los que ahora hablamos), pero hay muy pocos de los que han marcado la historia que aún hoy merecen máxima reverencia y siguen siendo igual de auténticos, geniales y diferenciales como antaño.
Con los matices y debates internos que queramos al respecto, pero ver a Michael Monroe sobre un escenario como hicimos los muchos afortunados (sold out en ReviLive, que no es enorme pero tampoco una sala pequeña) el pasado jueves es caviar del bueno. Y una de las pocas razones para seguir pensando que el rock (el de verdad), efectivamente, no está muerto.
Con una banda real de “outlaws” detrás, tan buenos técnicamente como malencarados y sobrados de actitud, tuvimos más de hora y media de ambrosía “angelina” … perdón, escandinava, que valieron más que los últimos años de muchas de las bandas que, antaño merecidamente, hoy no tanto, nos siguen ofreciendo medianías, mainstream y rock (y metal) blandito. Todo ello tristemente adaptado al sistema año tras año a precios de risa (o de locura, según queramos entenderlo). Una pena que no hubiera más público joven aprendiendo del maestro del glam rock, pero en estos conciertos la media de edad ya sabéis que es difícil que baje de 40 y ya 50. Como decimos tantas veces, y vuelvo a reiterar desde mi púlpito una vez más, ¡ellos se lo pierden!
Jolly Joker
Los valencianos eran elección perfecta para abrir la velada en Madrid, y ellos (grandes fans, reconocidos e indisimulados) encantados. Y eso que les costó calentar a la gente, que empezamos más fríos y con un sonido que no terminaba de ajustarse. Del volumen de los conciertos ya no comento mucho, que es batalla perdida, pero las ordenanzas son las que son y punto. De todos modos, Lazy Lane, Yannick y compañía salieron como siempre a no hacer prisioneros y convencer a propios (que éramos muchos) y extraños (que al final del concierto eran pocos). Me pareció divertido el detalle de la imagen del frontman con camiseta vintage de Alice Cooper, botas de leopardo, gafas de rock, sombrero y demás, y el batería con camiseta de Slayer y tatuajes por el cuello, ¡¿quién dijo miedo?!

Cierto que Lazy sufrió para sacar adelante los agudos de “The Sky is so High” para empezar, y con el público aun entrando y algo frío, pero andan sobrados para sacarlo adelante. Hard rock sleazy del bueno y a partir la pana mezclando temas más recientes, como “Shotgun”, “My little Cadillac” o la tremenda “World collapse” (Lazy guitarra en mano) con más clásicos ya de su discografía como la superpunki “Fuck it All” o la power ballad “Love & Affection” dedicada con cariño y mucho tacto para tocas las víctimas del terrible accidente de tren que aún nos tiene sobrecogidos. Para rematar, “I Just Wanna Kiss you”, más netamente hardrockera” y ese “Rockin in Stereo” de sus primeros tiempos que sigue molando tanto. They are the Jolly Fuckin´Jokers, baby!!!, ¿ha quedado claro?
Michael Monroe
Botas rojas, melena rubia clásica al viento, ropa de rockstar y a darlo todo desde el principio sin escatimar con “Dead, Jail or Rockn’Roll”. Es el pacto con el diablo original, y con nosotros, y con su historia, con Hanoi Rocks y con él mismo: lo máximo, hasta la muerte, hasta que me atrape la policía o hasta que ya no pueda serle fiel correctamente al rock. No hay más, ese era el trato antaño para los grandes, los que iban a marcar esto… Y hoy todavía hay algunos que lo mantienen y otros que lo rompieron hace mucho.

Lástima no tener a Dregen ya a su lado, pero sus compinches actuales no le van a la zaga. O conmigo o contra mí, y a mi lado quiero a un grupo de forajidos de primera. Empezando por su eterno compañero Sammi Yaffa al bajo, desde los primeros tiempos de Hanoi Rocks, con sus pausas e intermitencias, que los excesos no perdonan, hasta ahora. También estaba de vuelta el entusiasta y “pegón” batería Karl Rosqvist, que se ha perdido algunos conciertos de la gira, pero aquí sí estuvo.
Steve Conte (ex New York Dolls) a la guitarra principal, otro clásico de la escena del rock de verdad, siguiendo la estela de alguno de sus ídolos como Steve Stevens (Billy Idol), Mick Mars (Mötley), el propio Dregen y compañía. Y luego el británico Rich Jones, otro de los que las matan callando, pero se ha convertido en imprescindible para Matti “Makke” Fagerholm (nombre real de nuestro héroe rubio). Un auténtico “one man gang”, en el sentido de que van todos a uno y formando un combo matador. ¡Tremendos en directo!
¿Y qué queréis que os diga? Cada día me aburre más escribir (y leer) el sucinto repaso de los hechos: se subieron, tocaron esta y aquella, dijeron esto y lo otro, los bises y todos contentos y para casa. No, el rock duro real no es esto, es lo que vimos sobre las tablas el jueves: sudor máximo, actitud de verdad, esas sonrisas encima y debajo del escenario que denotan que “it´s allright!!!” de verdad, y las caras de todos al salir con esa felicidad indisimulada y el orgullo de saber que a los conciertos buenos nunca faltamos los que sí tenemos el carnet de rockeros que no se entrega, aunque nunca lo hayamos necesitado. Casualmente, o no, siempre nos reencontramos precisamente en este tipo de conciertos únicos… curioso.

Desde el guiño felino y oriental, con los dibujos en las columnas laterales, al propio peso en el setlist, hubo una gran parte del concierto homenaje a Hanoi Rocks, como es lógico. Pero me encantaron los guiños puntuales a otras etapas de su carrera, sobre todo a Demolition 23 con alguna sorpresa tan chula como escuchar “Nothing´s All Right”, además de por supuesto la presencia de los nuevos temas del grupo, que cada último disco de Michael Monroe está a la altura. En este caso canciones como “Rockin´Horse”, brutal, “Road to ruin” o la muy sleazy “Black Cadillac” entraron de lujo en el set. Y lo mismo digo de los ya clásicos de su discografía en solitario, totalmente continuadora y deudora de Hanoi Rocks, con “Ballad of the Lower East Side”, ¡aleluya!
Un servidor conoce pocas canciones más molonas en la historia que “Motorvatin´”, con la que Sammi Yaffa redefinió el concepto de acariciarte el corazón con solo unos segundos de ritmo de bajo que cambiaron la historia del rock angelino y escandinavo. Y lo mismo decimos de los superclásicos “Malibu Beach Nightmare”, “Back to Mistery City” o “Taxi Driver”. Y lo siento, si no has crecido tarareando “Up around the Bench” o pensando en canciones como “1970”, no has aprendido nada de lo que es el rock duro, el punk rock, el sleazy y todos sus derivados. Ya sea tocados por sus autores iniciales o por sus hijos putativos… como Hanoi Rocks & Co.

¿Qué esta no es una crónica al uso? ¡Gracias por el piropo! Tampoco Michael Monroe es una estrella del rock corriente ni sus conciertos son lo que se supone o se espera de un veterano del rock supuestamente acomodado y con el estómago (y los bolsillos) llenos. Por favor, Michael, “Don´t you ever leave me, baby”!!! Y reverencia por “motortivarme” desde que era un jodido crío aprendiendo por qué esto era tan especial, hasta literalmente hoy, que me vuelvo a creer el rock y los conciertos gracias a ti.
Que no se pierda el legado y que juntos sigamos construyendo el camino. No puedes dejar el rock, y lo sabes… De lunes a jueves en MariskalRock Radio de 18:00 a 19:00, con repetición para los rezagados o nocturnos empedernidos a las 22:00. ¿Nos escuchamos juntos?
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