De un tiempo a esta parte el llamado indie rock se ha convertido en una suerte de cajón de sastre que sirve para categorizar todo aquello que no encaja en ningún otro lado. No tiene que tratarse de algún sonido vanguardista o innovador, pues a menudo se mete en este saco a bandas con una mirada más que evidente hacia al pasado, caso de The Lemon Twigs o tantos otros, especialmente en el campo de la psicodelia.
Con los norteamericanos Mercury Rev probablemente suceda bastante de esto último, sobre todo porque pasaron del sonido caótico y abrasivo de los primeros discos a un grandilocuente pop de cámara, aunque sin abandonar por completo el componente ruidoso primigenio. En medio de esa fiebre por los aniversarios que se vive actualmente, a ellos les ha dado por recuperar ‘All Is Dream’, quinto disco que cumplía este año su cuarto de siglo y que todavía posee ese carácter cinematográfico que sin duda debió de suponer todo un revulsivo en la época.
No teníamos claro el poder de convocatoria de esta gente, pero al final se registró una afluencia bastante digna en el bilbaíno Kafe Antzokia para una jornada entre semana. Vemos que por lo menos ya se intentan ajustar los horarios para que los conciertos no terminen a las mil las vísperas de días laborables, lo cual se agradece. Hasta pudimos pillar el metro para volver a casa y todo.
Sandy Bell

Abrió la velada la enigmática Sandy Bell con un estilo onírico que lo mismo remitía a Kate Bush que a la PJ Harvey de “Down by the Water”. Ofició descalza en plan hippie y con un camisón largo que también valdría para echarse una larga siesta. Lo cierto es que no estuvo mal su breve repertorio de media hora en el que versionó al bardo canadiense Leonard Cohen en “Bird on the Wire” y hasta se permitió bromear con el respetable al preguntar si estaban bien y responder que ella no, toda una prueba de su peculiar carácter.
Mercury Rev

Mercury Rev, los protagonistas de la noche, iniciaron el viaje con la lisérgica “The Funny Bird”, un tripi cósmico para entrar en materia de un plumazo. La inusual distribución en el escenario ya nos advertía que iba a tratarse de un concierto especial, con el batería en una esquina y en la otra un guitarrista que podría haber tocado en The Sisters of Mercy. De fondo, un colchón importante de sintetizadores, y dirigiendo la orquesta, literalmente, el vocalista Jonathan Donahue, con movimientos muy dramáticos, casi como si estuviera representando una especie de obra de teatro.
Bueno, tengamos en cuenta que ‘All is Dream’ era un trabajo en el que las fronteras entre el sueño y la realidad se difuminaban, un universo alternativo que tampoco abarcaron en su totalidad, pues el repertorio también incidió bastante en ‘Deserter’s Songs’, otro de los trabajos fundamentales en su trayectoria, además de ‘Born Horses’.

Se refugiaron en el mundo de los seres mitológicos con “Hercules” y se acordaron de otra figura relevante en la historia de la música como Jonathan Richman en su revisión de “She Cracked” de The Modern Lovers. Y diríamos que hasta introdujeron un fragmento del “Transmission” de Joy Division en un loquísimo “Dream of a Young Girl as a Flower”, que contó con ruiditos diversos de guitarra y movimientos escuela Ian Curtis por parte del líder. Con una banda de semejante nivel apoyándole por detrás, el vocalista se podía permitir todas las licencias poéticas y dramáticas que quisiera.
Hubo todavía más homenajes añadiendo el “Tears in Rain” de Vangelis al final de “Runaway Raindrop” y no se apearon de la dimensión lejana en la que se encontraban con “Ancient Love”, donde el frontman sacó una trompeta y se sentó en las escaleras del Antzoki, a muy poca distancia de los fieles.

Gran parte del atractivo de su directo estaba en el cantante Jonathan Donahue, que vivía cada estrofa como si fuera realmente un aspecto de su vida y no dudaba tampoco en tratar de insuflar su magia al resto de compañeros, acercándose al guitarrista con las manos extendidas, quizás invocando a algún tipo de ser superior. Las atmósferas desde luego que las bordaron, incluso con arrebatos shoegaze escuela Slowdive o una elegante tenebrosidad digna de Nick Cave and the Bad Seeds.
Uno de los momentos álgidos del show llegó con “Goddess on a Hiway”, como era de esperar, todo un temón en el que el personal chilló en cuanto lo reconoció. El cuelgue sónico que nos proporcionaron no invitaba precisamente a expresar emociones profundas, por lo que aquella demostración de afecto cobraba todavía mayor valor, si cabe.

Y si el comienzo del bolo puso la piel de gallina, no menos impresión provocó el cierre con “Holes”, una suerte de nana psicodélica antes del colofón con la orquestal “The Dark is Rising”, un epílogo tan grandilocuente e inapelable que no hacía falta decir que aquel sería el final definitivo. El vocalista hizo una vez más de director de orquesta antes de levantar la trompeta en señal de victoria.
Tal vez resultaría un recital demasiado hipnótico para algunos, pero la verdad es que era una gozada toparse con una banda tan inspirada y con un frontman que realmente sentía lo que cantaba, algo no tan común en un mundo en el que muchos se suben al escenario con el idéntico entusiasmo con el que irían un lunes a la oficina. Una realidad alternativa que no se imponía a nadie, sino que recibía con extraordinaria hospitalidad a los curiosos.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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