Crónicas

McEnroe en Getxo: Memorias a la orilla del mar

«Que McEnroe no es un grupo para todos los públicos por su poso doliente es algo evidente, pero nadie debería discutir la extraordinaria calidad de su música, la desnuda y descomunal interpretación de Ricardo Lezón o esas curradísimas letras que hacen para gente que ha estudiado.»

24 mayo 2024

Punta Begoña, Getxo (Bizkaia)

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Todas las ciudades poseen rincones que evocan de inmediato otra época. A veces pueden pasar desapercibidos para el personal de a pie o permanecen en tal estado de ruinoso abandono que prestar atención a lo que se antojan restos de un antiguo esplendor es más labor de un investigador experto que de un peatón ocasional. Pero la historia sigue ahí, no hace falta más que acercarse e informarse un poco para iniciar una suerte de viaje en el túnel del tiempo.

En el municipio vizcaíno de Getxo teníamos, por ejemplo, una casa abandonada en medio de un bosque con pentagramas dibujados en su interior que podría servir de localización para cualquier película de terror. Otro lugar mítico eran las galerías de Punta Begoña, obra del arquitecto Ricardo Bastida en respuesta a un encargo de 1918 del magnate Horacio Echevarrieta. Un lugar que antaño servía para ver y ser visto a la burguesía local y también para controlar las minas de hierro de la margen opuesta.

En tal pintoresco enclave, hoy en proceso de recuperación, se produjo el segundo de los calentamientos para ese esperado festival BBK Bilbao Music Legends que encabezarán Deep Purple y The Pretenders el 14 y 15 de junio. Los protagonistas eran un grupo tan de la tierra como McEnroe, con una trayectoria que ya abarca varias décadas y una referencia indie de notable prestigio en el género. Basta acudir a alguno de sus conciertos para constatar el considerable tirón que todavía gastan en la actualidad.

Galerías de Punta Begoña en Getxo (Bizkaia).

Las invitaciones para el show exclusivo en lo alto de las galerías de Punta Begoña estaban agotadas, por supuesto, pero no se experimentó ninguna sensación de agobio, por lo que agradecer a los organizadores que se haya primado la comodidad ante todo. Y para quitarse el sombrero fue también la labor del técnico de sonido, que logró un resultado realmente espectacular al aire libre, con las dificultades que eso suele conllevar. Mucho nivel.

Valga a modo de advertencia para los neófitos que McEnroe es una banda que un servidor calificaría de “doliente”, es decir, esa música que uno no se pondría para salir de fiesta, sino más bien para soportar con dignidad la resaca del día siguiente. No en vano entre sus influencias se encuentra el llamado slowcore, pero también The Smiths o el post rock de Mogwai, entre otras cosas.

El formato elegido para la ocasión era el dúo, aunque no completamente acústico, como se anunciaba en el cartel. El líder Ricardo Lezón, que ha escrito hace poco la emotiva biografía ‘Lento y salvaje’, hizo gala de su sobriedad habitual, pero por esa sencillez que solo tienen los genios supo ganarse al atento y educado respetable. Ojalá todos los conciertos fueran así, sin cotorras ni maleducados pegados al móvil.

Como si estuvieran rescatando diferentes pasajes de unas memorias, así configuraron Ricardo y su compañero a la guitarra el show, que iniciaron con una pieza tan sobrecogedora y de poner pelos de punta como “Mundaka”, del disco ‘Las orillas’. Siempre nos gustó el rollo descarnado de esta gente, que en realidad encontramos muy similar al de la primera época del bardo asturiano Nacho Vegas, aunque ambos en verdad son contemporáneos, pues iniciaron sus carreras en un momento similar.

Sin despegarse de ‘Las orillas’, ya que la foto de su contraportada se había tomado a escasos metros, según nos relató Ricardo, recuperaron también “La cara noroeste”, otra maravilla de las que se te encoje hasta el corazón. Obviamente, no era un recital para los que buscaran frenetismo, pero aquello poseía una calidad incontestable. Y habría que estar muy sordo para no apreciar los inmensos tonos de Lezón, un tipo que siente cada estrofa y lega interpretaciones admirables.

No todo el material procedía de McEnroe, el disco en solitario del vocalista llamado ‘Esperanza’, en el que canta junto a su propia hija, también se reivindicó con un temón tan mayúsculo como “Arena y romero”. El líder destacó que dicho tema triplicaba las reproducciones del resto de cortes, pero quiso poner en valor un trabajo tan digno también con “Lobos”.

Interior de las galerías de Punta Begoña.

Que sus letras son para tipos con cierta cultura lo constató “Mi Vietnam”, otra joya que revelaba un profundo talento literario a la altura del maestro Nacho Vegas. Punto aparte en la discografía de McEnroe se encontraba sin duda ese trabajo compartido con los catalanes The New Raemon con el título de ‘Lluvia y truenos’ del que interpretaron “Gracia” o ese inmenso “Cristo de los Faroles”, que podría cantar hasta el propio Vegas.

Al ser un bolo al aire libre de vez en cuando se mezclaban otros sonidos como el de un avión en “La electricidad” y el efecto era impresionante, casi tanto como aquella vez en fiestas de Santurtzi cuando Bunbury habló de perder trenes bajo la lluvia y justo apareció un ferrocarril. Extraordinarias coincidencias de la vida.

Vistas desde lo alto de Punta Begoña.

“Un rayo de luz” era otra composición reposada en la que Ricardo también cantó con su hija en estudio, y gracias a ello “subieron las escuchas”, según relató. Para despedirse, mencionó que vivió una temporada a escasos metros de Punta Begoña, por lo que se acordó de su padre en “Manuel”, una gran manera de cerrar esa ventana por la que nos permitió asomarnos a su interior.

Que McEnroe no es un grupo para todos los públicos por su poso doliente es algo evidente, pero nadie debería discutir la extraordinaria calidad de su música, la desnuda y descomunal interpretación de Ricardo Lezón o esas curradísimas letras que hacen para gente que ha estudiado. Una sesión de memorias a la orilla del mar. Qué privilegio.

Alfredo Villaescusa
Etiquetas: , , , , , , ,

Categorizado en: , ,

Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *