Una emoción especial te embarga cuando asistes al inicio de una gira. Es el día en que se abre el telón –también literalmente en este caso- del nuevo espectáculo, y tal como Mägo de Oz había prometido, el escenario de “La noche de las brujas” está a la altura de sus mejores producciones.
Una gran pantalla que ocupa todo el ancho de la estructura interior proporciona audiovisuales específicos para cada canción; a sus pies, sobre una plataforma, tres gárgolas, una a cada lado representando al macho cabrío y otra de Nosferatu en el centro. En cada extremo, ya fuera del ámbito de acción de los músicos, otro diablo. El tablado está salpicado de lápidas y, cuando empieza a brotar humo mientras suena la intro “Zugarramurdi”, la estampa es fantasmagórica.
Pero la música y los conciertos de Mägo de Oz son como las películas de Tim Burton, aun cuando abrazan la oscuridad, la intención es entretener, no acongojar, y por muy siniestra que sea la presentación, las melodías luminosas siempre regresan, más pronto que tarde, al primer plano. Mägo actúa sin malicia aunque “Malicia” sea, como en el disco, la canción con la que nos reciben, suponiendo su estreno en directo y siendo uno de los varios temas en los que emergen columnas de chispas del escenario.
Para ese momento aún estaban entrando al recinto los más rezagados, que quizás no se habían enterado de la cancelación de Transilvänia, una atractiva propuesta para recuperar el germen mismo de los Mägo en la que se juntan Txus, Moha, Juanma Lobón, el cantante con el que dieron sus primeros pasos, Tony Corral, saxofonista en ese primigenio conjunto, el bajista Peri que no necesita presentación si eres seguidor del grupo, el batería Teto Viejo, que fue compañero de Fernando Mainer en Tako, y el guitarrista Jacobo Zafra. Una urgencia familiar de este último fue lo que provocó que finalmente no pudieran actuar, arrancando el concierto de los de la bruja temprano, a las 20:30, y extendiéndose hasta bien entradas las 23:00.
Antes de seguir con el relato, me gustaría ahora destacar que, aunque tendamos a idealizar el pasado, esta formación cada vez suena más cohesionada y más limpia. En pretérito imperfecto asistí a conciertos en los que el sonido se hacía un poco bola; yo lo achacaba a lo difícil que debe ser ecualizar a tanto instrumentista, pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte la banda y su equipo han conseguido un mejor balance en ese aspecto. Por otro lado, disfrutar en el mismo escenario del talento de los guitarristas Jorge Salán, Víctor Fraile e Ix Valieri es un lujazo.
Volviendo a la reflexión inicial, otro de los atractivos de vivir un arranque de gira es que se desvela el repertorio, o cuando menos el esqueleto central del mismo, que el grupo interpretará en los próximos meses. Pues bien, “Maritornes” nos retrotrajo al siglo pasado y volvimos al presente de la banda con “Ríos de lágrimas”, en la que Rafa Blas recordó a las víctimas de la DANA en Valencia con “dedicatoria” para Mazón.
El cantante quiso saber después, pidiendo que cada género levantara la mano a su debido turno, cuántas diablesas y cuántos diablos había en el palacio; más de los segundos que de los primeros, pero sin una enorme diferencia. El mismísimo Gran Duque del Infierno se asomó a la pantalla en un “Astaroth” que fue de lo más heavy de la noche.
Se da un momento simpático cuando Rafa va lanzado a anunciarnos “Abracadabra” sin acordarse de que tiene que presentar a las dos primeras invitadas de la noche: la vocalista Alba y la flautista Queralt, ambas de apellido Moreno, colaboradoras cercanas del grupo; por ejemplo la segundo sustituyó a Diego Palacio en una gira por América. Ahora sí el frontman nos cuenta que si lo estamos pasando mal en la vida por cualquier cosa, solo tenemos que decir una palabra mágica: “Abracadabra”. Esta vez la pantalla nos traslada a la estética circense de ‘Ilussia’.
Blas confiesa que la siguiente es una canción de amor que le gusta muchísimo, y nuestra curiosidad queda satisfecha de inmediato cuando profiere el título de “Maite Zaitut”, la adaptación de un tema de Gwendal del lejano ‘Finisterra’, cuando Txus ya nos advertía de los peligros de la tecnología pero pocos imaginábamos que HAL 9000 de “Odisea en el espacio” estaba a la vuelta de la esquina y al alcance de todos. Muchos “Hechizos, pócimas y brujería” nos van a hacer falta para salir airosos tras entregarle el bastón de mando a Matrix.
Xana Lavey se hace con el micro principal y nos cuenta que las letras de Txus nos hablan de esperanza y superación pero también tratan temas duros de oír sin eufemismos ni maquillajes, como en “Mi cuerpo y yo nos dejamos de hablar”, sobre el tormento que muchas mujeres viven cada día, refiriéndose a las violaciones. Muy a cuento celebrándose el concierto horas antes de que las campanadas de las 00:00 dieran paso al 8M. En esta y en la siguiente, “Halloween – almas sin luz”, le acompaña Alba, y especialmente en la segunda la conjunción de voces resulta deliciosa.
Rafa regresa y el teclista Francesco Antonelli emprende “Siempre – Adiós Dulcinea parte II”, en la que se van incorporando el resto poco a poco, siendo el último di Fellatio, dando continuidad a esos instantes de batería programada que ya tenía la canción original.
Llega de speech de Víctor, que bromea con que estaremos esperando que suelte alguna barrabasada y/o estupidez y que así será. Convierte su minuto de gloria sin mástil principalmente en un alegato antibelicista, gritó vehementemente un “¡No a la puta guerra!” abogando por el bálsamo unificador de la música por encima de nacionalidades, credos u orientación sexual. Luego nos hizo mover los brazos de lado a lado para acabar emulando la vocalización desidiosa de un reguetonero, reconociendo que se imaginó a Mägo de Oz en la Superbowl y cómo habría carteles entre el público en los que se reclamara el regreso de Jose o de Zeta; ahí enlaza con la presentación ya anunciada de Juanma y Tony. Tras corear el público su nombre, el cantante nos cuenta, más o menos, lo que contó en nuestra radio acerca de cuando conoció a Txus compartiendo su pasión por la música. Define con admiración al batería como un luchador nato. El tema interpretado no da lugar a la sorpresa, es “La ruta de los sordos” como en el último disco.
Continúa el ambiente alegre con “La noche celta” y justo después Rafa comparte con nosotros que la siguiente -“La danza del fuego”- la practicaba con su profesor de canto, quién le iba a decir que años después él sería el vocalista de la banda. ¡Y qué vocalista! Mientras se solventa un problema técnico, se pone a jugar con nosotros a lo Freddie Mercury para que le respondamos, y el mantenido final salpicado de gorgoritos es sencillamente impresionante. El imprevisto dura más de lo esperado, así que se saltan el guion y llega el solo de Jorge Salán, el mejor guitarrista de España según nuestros lectores. Tanto el momento en el que deja su instrumento apoyado y toca en horizontal, como cuando le vendan los ojos, hace que poco más tengamos que añadir al respecto.
Txus se canta “La viuda de O’Brian” ocupándose de la batería Teto, y tras ella sí pueden por fin recuperar “La costa del silencio”, lanzando Rafa como preámbulo un sonoro “Nunca mais”. Fue una de las canciones en las que más pirotecnia y fuego hubo.
Aún no había tenido momento protagonista el bajista Fernando Mainer, y lo tuvo durante “Mil ojos tiene la noche”, con ese comienzo que me recuerda a Duff McKagan y Guns N’ Roses y la parte en que una bonita figura vuelve a poner el foco sobre las cuatro cuerdas, seguida por el pasaje de delays en la guitarra que suponen una de las atmósferas más singulares, por diferente, de todo el concierto.
En compañía de Erik Cruz, cuyo chaleco a lo leñador contrastó con la estética puramente heavy de los magos, interpretan ni más ni menos que los 21 minutazos de “La cantata del diablo (Missit me dominus)”, coronados con la “oración” de Txus plasmada en la pantalla. Frente a conciertos de hora y cuarto a piñón fijo, Mägo de Oz sigue en el barco de quienes ofrecen una experiencia extensa y enriquecedora. Al terminarla, se toman unos minutos de descanso antes de la traca final.
A su regreso, Rafa pide disculpas por el fallo técnico, añadiendo que así demuestran que no son IA. Supongo que no fue casualidad que lo dijera justo antes de “El vals de las almas rotas”, cuyo videoclip se realizó precisamente con Inteligencia Artificial. En cualquier caso, lo que vemos sobre el escenario es todo carne y hueso, incluidas las bailarinas de Irish Treble y un Ix a pecho descubierto.
Los botes del público en “Molinos de viento” demostraron que aún no estábamos cansados, y sabíamos que aún quedaba la más infaltable de las canciones.
Moha coge el micro para recordarnos que el día anterior se había cumplido el primer aniversario de la muerte de Kiskilla, que el año anterior nos había dejado Fernando Ponce de León, y suma a su homenaje a Robe y a Jorge Martínez, pidiendo aplausos para todo ellos.
Es entonces cuando les previenen de que hay un nuevo imprevisto técnico que resuelven jugueteando con “Smoke on the Water” y dedicándonos Txus unas palabras de agradecimiento. La “Fiesta pagana” es en compañía de los invitados de la noche y con confeti a tutiplén, dejando una bonita imagen de sábado a la noche (de brujas).
Esfuerzo económico en la producción y esfuerzo humano de unos músicos entre los que hay varios fuera de serie, hacen que el concierto sea un espectáculo de altura; no esperábamos menos de una de las grandes leyendas del rock en el idioma de Cervantes.
No dejes para mañana lo que puedas subir hoy.
- Crónica de Mägo de Oz en Madrid: El hechizo de una noche de brujas - 9 marzo 2026
- Crónica de O’Funk’illo en Madrid: Fiesta con dinero en los bolsillos - 29 diciembre 2025
- Crónica de Indiana en Madrid: El rollo sigue viviendo - 22 diciembre 2025








