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Crónicas

Luback en Madrid: Un paso agigantado hacia la excelencia

«Son la gran noticia del rock clásico estatal y serán muchas más las noches de gloria a su merced»

3 mayo 2021

Sala Moby Dick, Madrid

Texto y fotos: Jason Cenador

Uno de los retos más desafiantes que se pone por delante de cualquier banda capaz de alcanzar con el lanzamiento de un disco las cotas de genialidad y pulidez que este quinteto madrileño aprehendió de la mano de ‘The Measure of the Step’, su más reciente lanzamiento, es defenderlo en vivo con la misma eficacia. Cuando no hay ni trampa ni cartón, cuando los botoncitos del estudio no alteran un ápice el resultado, cuando la verdad ha de prevalecer por obligación y no por elección, se juega la segunda vuelta de la eliminatoria. Y Luback volvió a ganar por goleada en ella.

Tal vez lo consiguió precisamente porque su obra de estudio rebosa también de verdad, porque la honestidad y su obcecada devoción por un sonido orgánico y sin dopaje dejan sin efecto las artimañas que el ingeniero de sonido puede incorporar. Al suyo, con ecualizar como es debido, dejar que cada elemento disfrute de su espacio y abrir mucho los ojos y la boca al verlos tocar tendría que haber sido suficiente.

En una remozada sala Moby Dick tan repleta como los protocolos de seguridad frente al coronavirus (y la barra del centro del local que tanto espacio le come) permitían, Luback dieron una lección de rock con mayúsculas, con ese regusto añejo casi omnipresente y esa ambivalencia que, por paradójico que parezca, acentúa su personalidad sonora. Les tiran los clásicos, les apasionan los setenta y los viven tanto que no hay clichés que valgan a la hora de articular sus canciones: solo naturalidad, sentimiento y una entrega que en directo que respira a cada compás. Creyéndoselo tanto, cómo no nos lo vamos a creer los demás.

El arranque el show fue inusual, un subrayado en fosforito de la importancia que, a día de hoy, cobra para los madrileños su faceta más comedida. Por eso, optaron por una evocadora intro hilada por “Outcast”, corte con el que prácticamente nos transportaron al delta del Misisipi y en el que su feligresía por los sonidos sureños quedó apuntalada a las primeras de cambio. Más eléctrica, vibrante y agitada es “Heat, Flames and Fire”, un himno de rock and roll para el que hicieron el primer cambio de guitarras y cuya excelsitud bien podría mirar de frente a todas esas bandas que últimamente triunfan internacionalmente apelando estilísticamente a aquellos gloriosos setenta. ¿Y si Greta Van Fleet fueran de Majadahonda y Luback fueran de Míchigan? Ya se sabe que lo azaroso de la procedencia tiene mucho que escribir en el destino.

Continuaron con la emoción en la picota de la mano de la felina agudeza de “Black Cat”, un rock más acompañado e igualmente magnético que va cogiendo fuelle y que en directo termina con el riff del “Black Dog” de Led Zeppelin, por si a alguien le quedaba un resquicio de duda de por dónde van los tiros.

“Muchas gracias por venir con la que está cayendo, seguro que es una frase que no os han dicho nunca”, pronunciaba Cristian del Corral, el cantante, guitarrista y alma máter de la banda ante una audiencia enmascarada pero rendida a sus pies. Es afable, cercano y simpático pero tampoco excesivamente dicharachero sobre un escenario que le pide constantemente música y no monólogos. Él le hace caso y se la da, no sin antes recordar el largo parto que ha supuesto, pandemia mediante, el lanzamiento de su último disco. A él pertenece ese vivaracho y divertido rock and roll casi tropical de “Tale of the Gang” y también la exquisita “Fighting Star”, sin duda una de las que más capaz es de erizar el bello de la audiencia. Qué melodías de guitarra, qué finura; luz hecha música con un aroma irresistible a Crosby, Stills & Nach, Bryan Adams o Van Morrison. Pero con su sello intransferible. En ella sobresalió ese teclado con sonido hammond ejecutado por Yago Sáez, que adquirió un mayor protagonismo.

Era momento de meterle una buena inyección de adrenalina a la actuación y así lo hicieron con la excitante “Need”, que se asienta sobre un riff absolutamente brutal y sonó con un empaste impecable, insuflando decibelios y saciando nuestra sed de movimiento y distorsión, pese a la quietud a la que nos subyugaban nuestras respectivas sillas.

Hicieron hincapié en su desafío a los cánones de la industria al inaugurar su nuevo álbum con una instrumental, “Inner Cry”, para la que invitaron a la violonchelista Blanca García y el siempre atento bajista, Manuel Fernández, empuñó el violín. El dueto de cuerda se mantuvo en “Pioneers”, también a medio tiempo pero más intensa.

Markus Wilson, guitarra solista, tomó la palabra para introducirnos con carisma la fenomenal “Shaped By You”, en la que Cristian se colgó la armónica trasladándonos a ese sonido envolvente y campestre del country rock. Arribamos así a uno de los momentos más apabullantes y emotivos del concierto, en la que, tras solicitar aplausos para sus técnicos de luces y sonido, Cristian pidió silencio total y se arrancó a tocar sin microfonación alguna el inicio de “My Ghost”, una de sus piezas más oscuras, profundas y desgarradoras. También, una de las más emocionantes de todas cuantas hicieron sonar. Tras ella, el contrapunto lo puso la muy luminosa “Light State of Mind”, cristalizando así el enorme dinamismo que los hace tan atractivos.

El punto álgido de la gala llegó con “Life Guru”, cuyo coro final nos invitó a no dejarlos solos ni un instante y reventó en un solo de guitarra apoteósico, de esos que hacen de un concierto de rock clásico una experiencia sensorial sin cotas ni cotos. Y con él, llegamos a una conclusión: si una pega tiene este grupo llamado a ocupar un asiento en el salón de honor de los grandes es que no exprimen como podrían las increíbles cualidades a las seis cuerdas de Markus Wilson. Está claro que uno de sus rasgos de identidad es, precisamente, alternar temás más aguerridos con otros más acompasados, pero si le sacaran punta a su faceta más trepidante y eléctrica, a ese blues rock desbocado con el que Markus hace salir humo de los potenciómetros, engancharían si cabe más. Y no por ello tendrían que dejar de lado su suculenta vertiente más permeable al folk o al soul. ¡No lo queremos ni de broma!

El concierto se celebró en la jornada de reflexión antes de la debacle de las elecciones madrileñas, y esa conciencia crítica que en los tiempos que corren parece estar asfixiada por un inconcebible adoctrinamiento de funestas consecuencias para tantos y tantas es la que sí sale a reducir en “Beware”, un corte que no por sosegado es menos intenso, sobre todo en su aspecto lírico. “Si acabas gobernando es importante que lo hagas para mejorar la vida de la gente y no para otra cosa; y si lo haces mal, somos muchos más que tú”, manifestó Cristian antes de acometerla.

La recta final se enfiló con “Inside”, en la que el frontman tocó un timbal en comunión con el siempre impecable batería, Héctor Cebrián. Iban a terminar con la misma pieza que finaliza ‘The Measure of the Step’, un simpático tema llamado “Empty Pocket” que, según explicó Markus, versa sobre un borracho que se queda sin dinero para su última copa pero que termina con una en la mano, quién sabe por qué. Pero la gente tenía muchas ganas de más y aún quedaba más de una hora para el toque de queda, así que, previa presentación de todos los integrantes, versionaron el “Runnin’ Down a Dream” de Tom Petty para echar el candado a un concierto sublime que los ratificó como una de las bandas del momento. Son la gran noticia del rock clásico estatal y serán muchas más las noches de gloria a su merced.

Jason Cenador
Algún día en
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Ante el dichoso virus que mejor que hacerle cara que a través de este buen concierto que se marcaron los LUBACK en una de las salas más emblematicas y rockeras de la capital presentando su último álbum de estudio el cual ha calado bien por estos lares. Las mejores de las suertes porque son una buena banda y ojala les salgan más conciertos por territorio hispano.

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