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Crónica de Larsen + Diskonformes en Bilbao: Preparados para el mundo

Hay grupos que a pesar de su breve trayectoria marcaron un antes y un después en la historia de la música. El ejemplo más palmario a nivel internacional lo encontramos en Sex Pistols, cuyos miembros únicamente se aguantaron lo suficiente para grabar un único disco de estudio, pero que se tornaría tan influyente que se sigue reivindicando a día de hoy. Muchas veces no es necesario aguantar durante décadas para ser reconocido, sino solo estar en el momento y lugar adecuado, tener un poco de suerte y confiar en que la palabra se extienda cual reguero de pólvora.

A Pollo, Mosca, Monje y Rana les sucedió un poco esto último cuando formaron Larsen, fruto de los fines de semana que pasaban en Cerceda (Madrid) este grupo de amigos. Su trayectoria apenas duró cuatro años, de 1981 a 1985, pero se convertiría en eso que se llama un grupo “seminal” por la posterior carrera de sus integrantes, vinculados con Commando 9mm, La Uvi, Desenterrados, Sagrada Familia o Peligro 66, entre otros.

Cualquier persona mínimamente interesada en el fenómeno punk debía acudir sí o sí a la bilbaína sala Mytho, el lugar escogido para que los históricos Larsen iniciaran su gira “Resurrección”. Si echamos la vista atrás, seguramente esta decisión no tuvo nada de casual, pues en su época su estilo rabioso casaba con gran parte de las bandas vascas, por algo llegaron a tocar con Eskorbuto o RIP, dos figuras fundamentales del rollo.

Lo curioso de la velada que nos ocupa, aparte de colgar el cartel de entradas agotadas, fue la cantidad de peña joven que había en el bolo, incluso los propios Larsen ironizaron sobre ese hecho diciendo que cuando estaban en activo muchos no habían ni nacido. Supongo que los teloneros tuvieron algo que ver en el llenazo, aunque nos preguntamos lo mismo que el activista musical Javi Rubio, ¿dónde se mete esta gente en los bolos de grupos punk más modestos? En cualquier caso, adoración absoluta a esa chavalada combativa que demuestra que el género tiene tirón y futuro para rato.

Diskonformes

Fieles representantes del porvenir eran sin duda Diskonformes, trío local influenciado hasta las cachas por Eskorbuto, pues guitarrista y bajista se alternaban a las voces y el primero hacía gala de movimientos tan salvajes como Iosu Expósito tocando “Anti todo” en el Café Panamá. Los señores de apariencia respetable de entonces probablemente no supieran que estaban contemplando a unas auténticas leyendas, quién sabe si en unos años no sucederá lo mismo con este prometedor combo.

De momento, calificaríamos desde ya como himnos del punk “Destruye la paz” o “Un cuento para niños”, entre otras piezas. ¿La nueva banda más honrada del mundo? Eso lo veremos, de energía sobre las tablas andaban sobrados.

Monje, primer cantante de los míticos Larsen

Intuíamos que algo especial debían hacer Larsen para conformar un repertorio decente y dinámico, pues tampoco disponían de un colosal catálogo de canciones, pero dicen que de la necesidad surge la virtud y al final lograron configurar una noche antológica que los aficionados no olvidarán en mucho tiempo.

¿Cómo lo consiguieron? Pues ahora lo relatamos. Ya de entrada se marcan “Sucia suciedad”, “Usurero” o “Destruir Madrid”, esto es, los temas maqueteros de la primera época que se transformaron en legendarios y que nunca llegaron a grabarse en estudio, lo cual todavía les proporcionó mayor valor. A día de hoy, diría que ni siquiera están en Spotify, algo de indudable mérito, dada la cantidad de canciones y artistas de la plataforma.

Pollo, toda una figura legendaria del punk madrileño

Si algo llamaba la atención de las grabaciones primerizas de la banda era la falta de medios, un detalle que se advertía incluso en el EP ‘¡No!’, que no destacaba precisamente por una espectacular producción. “Vomitas sangre” y “Réquiem” no tardaron en abrirse paso y constataron lo que imaginábamos, que en directo sonaban como cañonazos. Por lo tanto, he aquí una oportunidad única de escuchar los temas con la dignidad y la potencia que merecían, fijo que fueron concebidos con la intención de liarla lo máximo posible en los bolos. Para deleitarse y admirar detalles en las composiciones en estudio ya existen otros grupos.

No cabe duda de que una de las cumbres fue “Nacido de la pota de un punk”, inspirada por las frecuentes vomitonas de su colega, y posteriormente vocalista, Chema, sobre un cactus del local de ensayo. Fue recibida con un inmenso pogo que abarcó prácticamente toda la sala, una tónica que se repetiría también con otros himnos. “Culpables” o “Política internacional” han aguantado con mucha solvencia el paso del tiempo y todavía destilan tanta bilis como hace varias décadas. El punk siempre fue antifascista y políticamente incorrecto, es hora de que algunos lo vayan entendiendo.

Larsen, con la reivindicación por bandera

Lo que no esperábamos ni en nuestros mejores sueños es que dedicarían un tramo del show a Ramones. Dada nuestra predilección por los de Forest Hills, disfrutamos como un loco de la adrenalínica “Glad to See You Go” o “Beat on the Brat”, de nuestras preferidas del histórico debut de los neoyorquinos. “I Just Want to Have Something to Do” era otra de las favoritas que nos ponía los pelos como escarpias, sobre todo por el muro de guitarra de Johnny Ramone y ese estribillo que incita a levantar el puño.

Y qué vamos a decir a estas alturas de “The KKK Took My Baby Away”, para dejarse la garganta como mínimo en cada estrofa. “I Believe in Miracles” marcó el final de este glorioso intervalo ramoniano y nos dejó bien contento para lo que restaba de noche. Se podrían haber tirado así horas y horas, pero tampoco era cuestión de abusar. Todo un detalle haberse acordado de esa gran banda que ya nunca podremos ver en directo.

Larsen

“Peinado glam” nos conectó con el presente gracias a la alusión al infecto Donald Trump y en la homónima “Larsen” recordaron el nombre del grupo, que procedía de la denominación de los técnicos de sonido al efecto de acercar demasiado los instrumentos a los amplificadores. La contención no estaba entre los valores predilectos de esta resurrección, por lo que dedicaron “Noche de destrucción en Rock-Ola”, al “templo de la movida, lleno de hijos de puta”. Sus altercados con los miembros de seguridad de la citada sala fueron legendarios, hasta llegaron a hacer un muñeco para ridiculizar a los matones.

La recta final fue antológica, con “El payaso” generando los preceptivos pogos y un “Hospital” más en consonancia con el espíritu siniestro de Parálisis Permanente, al igual que “Enterrado”. “Lucha contra el tecno” reflejaba la tensión existente entre las diversas tribus urbanas de la época, algo que chocaba en un tiempo en el que casi ha desaparecido ese concepto. Para los nostálgicos quedarán esos institutos donde siempre había heavys o punks y se destilaba bastante más personalidad que ahora.

Pollo (Larsen)

Una de las influencias de Larsen fueron los norteamericanos Dead Kennedys, llegando incluso a grabar una versión en castellano de “California Über Alles” llamada “El remedio fue peor”, por lo que no podían obviar ese legado. Ahí cayó “Too Drunk To Fuck” de los de San Francisco, todo un clasicazo del punk, y luego otro como “God Save The Queen” de Sex Pistols, casi nada. El himno futbolero “You’ll Never Walk Alone” calentó los corazones de los fieles a la temperatura adecuada para que echaran el resto con “Frontera francesa”, donde el recinto volvió a transformarse en un inmenso pogo descontrolado. Lo bonito.

Contemplar a esta banda más de cuatro décadas después de su disolución era un auténtico regalo, un fenómeno tan difícil de observar como un eclipse solar, por lo que solo pensar en perdérselo se antojaba una majadería mayúscula. Ellos ya han afirmado que están preparados para seguir extendiendo la palabra encima de los escenarios. ¿Estará el mundo preparado para ellos?

Alfredo Villaescusa

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