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Crónicas

Crónica de Hell and Heaven 2018: ¡México se enciende!

«Listos para seguir incendiando de emociones los corazones de un público mexicano que ve por fin la realización de un sueño en el que la globalización del hedonismo ha hecho posible ver carteles de este tamaño»

4 y 5 de mayo

Autódromo Hermanos Rodríguez (Ciudad de México, México)

Texto: Sergio Islas Pacheco. Fotos: Daniel Galindo

Las estampas estaban ahí, puestas para quien quisiera consignarlas para la posteridad con la lente inmortal de un celular o de una cámara de fotos. No hay retórica suficiente, ni siquiera en el plano poético, que dé una descripción exacta de lo que siente el corazón cuando se observa a ésos chicos sonrientes y llenos de satisfacción en medio de una torrencial lluvia, pletóricos de emoción y dibujando con sus manos guitarras imaginarias mientras corren los últimos acordes de “Rock You Like a Hurricane” de los Scorpions, con la cual se ponía fin a una maratónica jornada pasada por el agua inclemente que caía a chorros, como si quisiera bautizar a los acólitos de la noche a ritmo de heavy metal.

Sucios y empapados a más no poder, ésos mismos chicos que eran capaces de conmover a las piedras por su pasión a la música y cansados de estar de pie sin inmutarse frente a la naturaleza por más de 12 horas, dejaban una constancia inequívoca de la buena salud del rock en general, levantando las cejas de quienes, a fuerza de calificativos y denostaciones, se empeñan en darle muerte desde hace tiempo frente a los nuevos ritmos que la anterior generación ya es incapaz de entender en este plano de modernidad cambiante.

El Festival Hell and Heaven de este año con todo y su impresionante cartel ha sido la culminación del sueño más grande que haya tenido alguna vez un rockero mexicano; también es la culminación de una historia que a base de anhelo se ha convertido en realidad, como si de un cuento de hadas se tratase; algo que por supuesto se merece un país tan entregado al género rockero como México, que ha sabido venerar como deidades a ésas grandes figuras del olimpo que con los años han ido desfilando uno a uno para culminar con un elenco así, amalgamando una pléyade de figuras que resultaron este año la envidia de centro y Sudamérica.

Por años, por décadas mejor dicho, un derroche de figuras como las que trajo el festival no habría sido posible, ni de broma, con el rock prohibido y penado y con la incipiente obligación gubernamental y mediática de colgar sambenitos estúpidos a todos ésos fieles rockeros que se habían resignado a la clandestinidad. Y hoy, un festival de esta envergadura, ha sido capaz de llamar a 160 mil personas en un solo fin de semana según cifras oficiales, dejando un impoluto saldo blanco que dejó a un país entero pendiente de las que podrían ser las últimas presentaciones que México haya visto de muchos monstruos del rock que se han despedido con toda dignidad de un país que sigue fiel. Como siempre.

No ha sido un camino fácil. Live Talent, la promotora incansable que lo ha hecho posible, ha luchado lo inimaginable para sostenerlo con toda necedad frente a todos los obstáculos, y ha sabido salir adelante pese a suspensiones oficialistas y presiones gubernamentales en años anteriores contra este proyecto que ha debido aliarse al final a una empresa como OCESA para consolidar lo que también es su sueño cumplido y convertirse finalmente en una empresa líder en el género desde su modesto inicio en el 2010. No es gratuito entonces que a ellos les corresponda el mérito de convertir este festival en un punto de referencia fundamental en el hemisferio, un  evento que ha sido concebido y desarrollado de forma íntegra en México. El cartel de este año reunía en un par de noches grandes nombres de la talla de Ozzy Osbourne, Deep Purple, Megadeth, Scorpions, Judas Priest, Epica, Bad Religion, Marilyn Manson, Gojira, Saxon, Testament, Gwar, Moonspell, Sabaton, Over Kill, Tenacious D, por mencionar algunos nombres que años atrás parecía imposible reunir en el contexto latinoamericano. Y se logró. Nombres de leyendas con artistas incipientes se mezclaban en un coctel que pese a todas las trabas oficialistas por fin ha enseñado al público mexicano a descubrir con firmeza y paso a paso en la última década que se siente estar el primer mundo festivalero.

Scorpions

Ciertamente ha sido un cartel incluyente, en el que además de las actividades musicales formales, se le ha dado gusto a todo mundo, desde la zona de niños donde podían encontrar diversas actividades que los introducían al mundo rockerizado, hasta funciones de lucha libre (un deporte de gran arraigo cultural en este país), pasando por exhibiciones de motocross acrobático, pases de cine, oferta de juegos de toda clase para jóvenes y adultos y hasta la oportunidad de hacer jams con otros asistentes y subir a un escenario de marcas patrocinadoras probando suerte en la ejecución de un instrumento. La zona Re-Start para personas con capacidades diferentes fue otro gran acierto, al poder brindar al público en sillas de ruedas la oportunidad de ver en condiciones de equidad todos los shows gracias a una plataforma erigida por lo alto de los asistentes para tal efecto. Pero la nota se la siguen llevando los grupos, que pese a algunas fallas técnicas de sonido hicieron historia. El pogo de Bad Religion fue uno de los más brutales de toda la primera jornada, realizado en medio de una lluvia intensa que fue dejada de lado gracias a un setlist compuesto por todas las épocas del grupo, que era esperado por cientos de punks que solo fueron al festival por ellos. Testament y Dead Cross hicieron también retumbar literalmente el piso en medio de una vorágine que ya nadie detenía, ni siquiera el clima que se mostraba reticente a cambiar para dejar un margen para disfrutar sin terminar hecho una sopa.

Sobresalientes las actuaciones de The Darkness y de Moonspell, que desde escenarios diferentes se disputaban audiencia en igualdad a la misma hora, al tiempo que Refused y Mastodon machacaban el escenario gemelo principal. Por México brillaron Maligno, Pressive, The Warning y sobre todo Jet Jaguar, banda esta última ganadora del Wacken Open Air del año pasado que dejaban en claro que son un grupo digno de competirle al que más en el mundo y que resulta ser una de ésas grandes promesas a tomar en cuenta en un nicho especial. Los gigantes Kadavar resultaron ser, para quienes no les habían visto en vivo, una gran revelación llena de fuerza en su propuesta stoner rock que de pronto daba aires de homenaje a otras bandas del tipo de Black Sabbath y Led Zeppelin, mostrando su evidente amor por el rock setentero. Actuaron junto antes de la habitual descarga de los contundentes De La Tierra. The Wicked Ones, banda mexicana ganadora de un concurso que reunió lo mejor de las propuestas mexicanas y encargados de cerrar el escenario denominado True Metal Stage, demostró que es otra propuesta que de seguir así, serán una de las cartas fuertes que representen a México en esta generación y los aplausos del público que se quedó a verlos mientras sonaba Deep Purple en el escenario principal dejaban constancia de ello.

Marilyn Manson

El más reciente disco de Deep Purple se llama ‘inFinite’ y la actual gira se denomina The Long Goodbye Tour, sugerente título que vaticina un retiro. Sin embargo, solo Roger Glover en entrevistas se ha manifestado proclive al retiro, aunque Ian Gillan siempre evada el tema. Sin embargo, la convocatoria del grupo dejaba claro que para eso aún faltaba. Ian Paice marcaba el rumbo con “Highway Star”, acompañado por Roger Glover en el bajo, Don Airey en los teclados, Steve Morse en la guitarra y por supuesto Ian Gillan en las vocales. “Pictures Of Home”, “Bloodsucker” y “Strange Kind Of Woman” sonaban únicas para beneplácito de una audiencia que sabía que venía lo fuerte de la noche. Deep Purple repasaba de esta manera un setlist perfecto con canciones como “Perfect Strangers”, “Smoke On The Water” y su riff para expertos en air guitar; “Hush” y “Black Night”, éxitos que ya forman parte del soundtrack universal en la historia del rock mundial.

Para cerrar el primer día del Hell and Heaven subiría al Hell Stage los alemanes de Scorpions, que tras un video introductorio de la actual gira Crazy World Tour, dejaría sonar su primer tema de la noche “Going Out With A Bang”, seguido con “Make It Real”, “The Zoo” y “Coast to Coast”. Y es que en su set y tomando como referencia una despedida largamente anunciada, no escatimaron en emociones al dejar sonar canciones como “Wind of Change”, “Tease Me Please Me” y hasta “Overkill”, su homenaje a Motörhead. Al ritmo de las sirenas de emergencia de la policía y en un formato que ya se conocía del grupo dejaban salir “Blackout”, “Big City Nights”, cerrando con un encore compuesto por “Still Loving You” y finalmente “Rock You Like A Hurricane”, que por supuesto la gente disfrutó y coreó con todo y la lluvia que aunque había amainado, seguía presente sin retirarse del todo.

Tras colgar el letrero de localidades agotadas para el segundo día, el platillo resultaba ideal para disfrutar al tope con la pasmosa fe de ver el sueño convertido en realidad. Más precavidos, la gente llegó de forma unánime con impermeables que solo estorbaron, por fortuna, para el disfrute de una jornada más larga que muchos desearon con todo su corazón que no concluyera. Desde el principio el poder de bandas mexicanas como Tanus, una excelsa muestra sonora puesta en marcha impregnada de beats y nü metal, S7N y Strike Master dejaban muy por encima el nivel actual del rock mexicano en general pese al esfuerzo de artistas como The Charm and the Fury, Nervosa y hasta los mismos Saxon, que con todo el empuje que les da su trayectoria llena de éxitos no logró encender al público del mismo modo en que ya lo hacían a la misma hora bandas como Los Viejos, que gozaron de gran convocatoria entre el público que se quedó prendido de su espectáculo.

Gwar

Skindred daba cátedra en el escenario Alternative Stage, con miles de personas moviéndose al ritmo de su ragga metal, al tiempo que Tankard desparramaba un mosh con un thrash metal largamente esperado tras más de cinco años de ausencia de México, con un set preparado exprofeso lleno de temas clásicos de su primera etapa como “Zombie Attack” y “Empty”, en el que incluso la cantante de Nervosa llegó a colaborar con ellos en su cierre. Gojira desde el escenario principal y Brujería desde el True Metal Stage daban cátedra cada quien por su lado sobre el saber manejar un escenario y a una masa que se agolpaba para verles con toda atención. Brujería se ha pasado muchas veces en los últimos años por México y pese a ello, hicieron de su turno algo memorable, jugando una y otra vez con ésa retórica provocativa que los hizo en algún momento algo único, sin perder un ápice su irreverencia e incitando al choque entre cuerpos. Gojira era un huracán incontenible, que dejaba paso al gran ícono noventero de la cultura popular que resultó ser al final todo un fiasco: Marilyn Manson. Entre las fallas técnicas propiciadas por sus ingenieros y la mezquindad del cantante para prodigarse en el escenario, el show de Manson además de pesado, resultó ser algo que nadie en absoluto extrañó cuando abandonó tras “Beatiful People”, que ni con las arengas de todo el grupo logró despertar a su audiencia que más bien se quedaba en un silencio incómodo aguardando la salida de Megadeth.

El lineup se volvía una locura al empalmar casi a la misma hora cuatro referentes esperados por la audiencia que se disputaron palmas y vítores: Gwar, Megadeth, Overkill y Tenacious D. Tan diferentes musicalmente, pero iguales en el amor que les profesan. Entre todos ellos, quienes se llevaron la noche por el espectáculo y entrega mostradas fueron los estadounidenses Gwar enfundados en disfraces de bárbaros interplanetarios que en el escenario destriparon lo mismo a Donald Trump -reclamando por el muro que debería construir en la frontera mexicana- que al papa, a quien le arrancaron la cabeza. Mención aparte merece la teatralidad de este grupo que por vez primera pisaba México y que despertó una morbosa fijación en la audiencia que hizo que su presentación tuviera la mayor cantidad de público reunido entre los escenarios secundarios. Gwar terminaba con “Let Us Slay”, “Zombies, ¡March!”, “Fuck This Place” y “I’ll Be Your Monster”. Megadeth en el escenario principal reventaba bocinas y oídos con temas como “Symphony Of Destruction”, “Peace Sells” y “Holy Wars… The Punishment Due”, con 80 mil personas cantando al unísono.

Megadeth

Tenacious D era un plato esperado por muchos. Tras cancelar su presentación el año pasado por causas del fatídico terremoto de septiembre, era una propuesta muy esperada e imposibilitó a muchos, incluido este redactor, a presenciar los sets de Overkill y Epica, así como parte del de Judas Priest por el empalme de horarios, pero nada fue en balde. La puesta en escena que tienen montada los actores y músicos Jack Black y Kyle Gass resulta algo atractivo, divertido y musicalmente poderoso hasta para quienes no les conozcan del todo, que les ha llevado a rodar ya incluso una película que verá secuela en breve como es “Tenacious D in The Pick of Destiny” y que en buena parte está cimentada por el carisma del actor de “School of Rock”. Y tal como se dieron a conocer, siguieron un guion divertido, compuesto de sketches dignos de ésa temporada de HBO en los cuales todas esas peleas derivaban en una canción. Mención aparte merece su tema “Dio” dedicado justamente a Ronnie James, en el que alguna vez le suplicaron en vivo que deje de hacer música para que lo pudieran alcanzar y por supuesto “The Metal”, otra de sus canciones clásicas. Con “Throw Down” siguió un momento anti Trump por parte de Jack Black, pidiendo una disculpa por tener un presidente tan pendejo y tan peligroso, “(…) es alguien que odia a México pero eso no representa lo que Tenacious siente”, dando inicio a “Death Starr”. Pese a no haber montado un show de luces y teatralidad que los destacara, su presentación fue una de las más comentadas en todo el festival.

Ensimismados en el escenario principal, las olas de gente se agolpaban ya con los escenarios secundarios concluidos para ser testigos de los dos platos fuertes de la noche. El primero con los Judas Priest, una banda tan veterana pero imprescindible que sigue lanzando discos y presentándolos en unos tiempos en que los dinosaurios se van extinguiendo. Lo suyo es seguir descargando su heavy metal clásico y por supuesto haciendo patente su “Firepower” (su último disco), que los siguen ensalzando pese a los años en un alto nivel compositivo. La CDMX llenaba su cielo con los gritos de decenas de miles de gargantas cantando éxitos de toda la vida como “Painkiller”, “Metal Gods”, “Breaking the Law”, “The Hellion” y “Living After Midnight” y era algo único ver a todo mundo coreando como si de una liturgia se tratara. Y lo mejor es que ya era momento de recibir a la estrella de la noche. Y todos en una masa que desbordaba la plancha del autódromo y que se desbordaban en todos los caminos secundarios lo sabían y se arremolinaban como podían para estar cerca de la última vez que se vea a Ozzy Osbourne por estas tierras encima de un escenario.

Tenacious D

 

“¡Hola! ¿Cómo están? Felices de estar aquí”, dijo el músico en el inicio de su presentación, que también y de forma oficial representa la última gira de Ozzy titulada apropiadamente “No more tours”, la cual no tiene fecha de cierre y sí una larga lista de presentaciones. “El Príncipe de las Tinieblas” regresaba a México para despedirse de la gente, de igual manera que hace apenas dos años se presentaba en el cierre de gira de Black Sabbath que los terminó jubilando. De vuelta a la banda solista de Ozzy Osbourne está el gran guitarrista Zakk Wylde, que asegura dar continuidad a ésa magia única que solo Ozzy es capaz de sacar a flote. Un medley con fragmentos de sus mejores canciones inició el encuentro con el cantante que con “Bark at the Moon” prendió la mecha. El público estaba absorto frente a la leyenda mientras que la gran cruz suspendida al centro del escenario comenzó a proyectar imágenes con el legendario Randy Rhoads (para lo que previo a la interpretación del primer sólo de guitarra Wylde se persignó). Sonaron “Mr. Crowley” y ”I Don´t Know”, las cuales dieron paso a una “Crazy Train”. Todo culminó con “Paranoid”, un tema emblemático que ha sabido traspasar generaciones completas por casi cinco décadas.

El cierre frenético llegó con en un gran dispendio orgásmico de pirotecnia que anunciaba una nueva edición el año entrante. Listos para seguir incendiando de emociones los corazones de un público mexicano que ve por fin la realización de un sueño en el que la globalización del hedonismo ha hecho posible ver carteles de este tamaño. Y todos éstos chicos, que forman parte de la nueva generación y que son capaces de emocionarse al límite, son el mejor aliciente de que un nuevo amanecer es posible, libre ya de ésas viejas ataduras que aún siguen formando costras y cicatrices en aquellos más viejos que por un fin de semana vieron completado un final feliz en su particular cuento de hadas llamado Hell and Heaven, un nombre que se ha convertido en el mechero de una explosión de emociones que incendiaron el país un fin de semana.

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