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Crónica de Ezpalak + Lukiek en Bilbao: Punta de lanza de una generación

Ezpalak

Tal vez el panorama musical acabe devorado en algún momento de tanta nostalgia, pues no son pocos los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor y que si los jóvenes no van a conciertos es porque todos están escuchando reggaetón o cualquier otra ponzoña infecta. Vamos a compartir un conocimiento que podría cambiar por completo la vida de los seres grises que opinan así y es el hecho constatado de que en la actualidad existe una boyante escena de post punk que ha revitalizado el género y hasta ha posibilitado que incluso se convierta en un fenómeno de masas gracias a grupos como Belako o Depresión Sonora. ¿Cómo os quedáis?

En efecto, frente a los agoreros y los profetas del apocalipsis musical nada como comprobar el espectacular tirón de convocatoria de dos de las bandas más punteras del rollo, dos diferentes perspectivas de abordar un estilo tan amplio imposible de categorizar en ningún cajón de sastre. Si Lukiek por sí solos ya han abarrotado la sala Santana en anteriores ocasiones, sumemos a los zestoarras Ezpalak, cuya presencia resulta cada vez más común en festivales y con una cantidad de fieles en progresivo aumento.

Esta dupla de talento se había organizado con motivo de la iniciativa Negufest, y fue casi como si hubieran tocado corneta, porque el bilbaíno Kafe Antzokia presentó un aspecto bastante concurrido, con entradas agotadas. Muchos veinteañeros petaron el recinto y aseguraron de esta forma el futuro de la escena, también estaba dándolo todo Cris, la vocalista de Belako, que no dudó en acudir para apoyar a su compañero Josu en el grupo que abría la velada.

Josu y Antton (Lukiek), reunidos en torno a la batería de Christian

A Lukiek les tenemos catados casi desde sus mismos comienzos y resulta verdaderamente espectacular la evolución que han pegado en apenas tres discos, desde una frescura que evocaba la del rock alternativo de los noventa hasta un palo cercano al art rock con enrevesadas composiciones, alguna incluso llegando por poco a los ocho minutos. Diría que a su material más reciente hay que pegarle varias escuchas, pero lo que sí que entraba sin dificultad era la enorme química entre Josu, cada vez más parecido a Matt Bellamy (Muse), un batería con tanta pegada como Christian o el pulso fundamental de Antton al bajo. Un supergrupo local, con todas las de la ley.

Contaron además con la colaboración del frontman de Ezpalak, Juanjo, que salió a desparramar con ellos al escenario en “Nondik Zatozie”, si no me equivoco. Pero ellos se bastaron solos para enfervorizar al personal con trallazos como “Kontuz”, que iniciaron en plan reggae como The Clash y provocó tanto entusiasmo entre la chavalada que desencadenó círculos. No faltó su himno “Vanpiro Zara Orain” ni tampoco la tradicional coreografía del público de sentarse durante un rato para luego levantarse con ímpetu. Nunca dejan indiferente.

Ezpalak

Quizás sea que a Ezpalak no les hemos visto tantas veces como a los anteriores, pero nos sorprendió la contundente bofetada sonora que propinan en las distancias cortas, con un evidente poso Idles y algunos ramalazos a lo Rage Against The Machine. Que con estos mimbres les sigan tomando como un grupo indie parece más un chiste que otra cosa.

Lo que les sucede en realidad es que poseen varias facetas, por lo que pueden arrancar acercándose al rock industrial en plan NIN con “Bidegurutzean”, ir cogiendo cuerpo en “Apurrak Jaten” y desatar su lado más cercano al hardcore con “Kontran”. Josu de Lukiek les devolvió el favor y les acompañó también durante un tema, al igual que Juanjo había hecho con ellos durante su tiempo en escena.

Ezpalak, evocando el legado de los noventa

Alcanzaron un tramo memorable con “Berandu”, con una energía demoledora que a veces no se intuye lo suficiente en estudio, o “Zu Izan”, que tira tanto de melancolía noventera a lo The Smashing Pumpkins como del rock electrónico sofisticado de New Order. Agitándose cual presa de un ataque epiléptico, Juanjo hizo que el personal comiera de su mano y no dudó tampoco en lanzarse a la muchedumbre para animar todavía más el cotarro.

“Lalalalala” ha encontrado sin problemas su hueco en el repertorio, y dudo que lo pierda, dado lo bien que les funciona en directo, le molaría incluso a Tom Morello. La entrega por parte de los fieles era tan descomunal que el vocalista dijo en cierto momento: “No quiero que se acabe esto”. Bastaba que el enérgico frontman se acercara a las escaleras en “Lehertu Arte” para que se desatara la locura, una especie de fenómeno fan.

Eñaut Gaztañaga, a la guitarra de Ezpalak

Provocaron otro subidón con “Boterearen Dantza”, tralla hardcoreta para desparramar y montar pogos como si no hubiera un mañana. Se tornaron épicos con “Itzala”, con las gargantas desatadas, y pusieron la guinda con “Zatoz”, quizás no tan salvaje como las piezas anteriores, pero perfecta para transmitir la sensación de versatilidad y de que habíamos presenciado, no uno, sino varios recitales diferentes.

Cuando os encontréis con uno de esos cenizos que repiten la matraca de que hoy en día no sale nada que merezca la pena, habría que recordar el derroche de talento que vivimos esa noche en el Antzoki. He aquí la punta de lanza de una generación, el que quiera ponerse una venda en los ojos, puede hacerlo, aunque lo mejor para salir de dudas es acudir a cualquier concierto de esta gente y alucinar una vez más. Un futuro deslumbrante.

Alfredo Villaescusa

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