El lunes 20 de abril fue una noche marcada a fuego porque el quinteto norteamericano descargaría toda su prodigiosa interpretación musical sobre un público de fanáticos peruanos reunidos en el Costa 21 de San Miguel en Lima, Perú.
Ciertamente, los que han disfrutado de un concierto de Dream Theater en vivo saben que más que un evento artístico es una fecha de culto donde todos los sentidos se ven cautivados por la poderosísima invocación que estos músicos hacen en vivo directamente a las musas, en este caso, a los apus musicales peruanos. La audiencia ya se encontraba reunida de antemano en las puertas del Costa 21 haciendo fila desde las dos de la tarde bajo el poderoso sol de las costas del Mar de Grau. Pero nada de eso importa cuando vas a atravesar las puertas hacia el gran Teatro del Sueño.
Minutos antes de la hora fijada, el gran telón delante del escenario con el nombre y logo de la banda que cubre el escenario se elevó hasta arriba para delirio de los fanáticos porque a las 8:00 en punto de la noche inició la gran velada. La intro de “Metropolis Pt. 1: The Miracle and the Sleeper” marcó el punto de partida de una euforia contenida durante 16 años desde la primera vez que Dream Theater tocó en la Explanada del Estadio Monumental.
Aquella vez y esta noche también, Mike Portnoy asumió la batería con tal contundencia que el Teatro del Sueño se vio respaldado con una muralla rítmica imbatible. El retorno de Portnoy no solo retumbaba en la arena de Costa 21 sino que trascendía hasta los vecindarios vecinos donde cientos de convertidos fanáticos observaban desde las ventanas al quinteto proveniente de la escena musical neoyorquina. La fanaticada esperaba los primeros riffs de John Petrucci en la guitarra, las notas de John Myung al bajo iban con la batería rodeando los acordes de Jordan Rudess en los teclados y, una vez enrumbados, no hubo marcha atrás, solo el rugir del público peruano competía con la armonía devastadora que emergía de los altavoces.
Una tras otra fueron ejecutadas con maestría: “Act I: Scene Two: I. Overture 1928”, “Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu”. Pero un súbito anuncio los detuvo por un momento: este día se festeja el cumpleaños del baterista Portnoy, los 59 años de un prodigio de los tambores, los cuales estaban decorados en la parte de atrás con un grupo de globos morados y plomos. El público y la banda homenajearon al cumpleañero entonando “Happy Birthday” a voz en cuello. Luego de una reverencia en agradecimiento, los Dream Theater atacaron con “The Mirror”, “Panic Attack”, “The Enemy Inside”, por supuesto que no podía faltar “Peruvian Skies”, para finalizar la primera parte con “As I Am”. Salen las caricaturas invitando al público a servirse unas refrescantes chelas (cervezas peruanas) antes de dar pie a la segunda parte.
Esta celebración de los cuarenta años de la banda ahora se convierte en una presentación contundente de su último disco ‘Parasomnia' (2025) machacando “In the Arms of Morpheus”, “Night Terror”, “A Broken Man”. El público está en un trance constante con el desempeño dinámico de LaBrie en el micrófono, el cual ahora luce una cabeza gritona en el pedestal. Y el constante devenir del teclado de Rudess, el cual se inclina, gira, se ilumina y simplemente se transforma en un ente viviente bajo los dedos de Jordan. Myung no se queda atrás con sus bajos de seis cuerdas y la magia que emerge de su interpretación; sí, señores, estamos en un sueño de imágenes y sensaciones progresivas que no queremos que llegue a su fin.
“Midnight Messiah”, “Are We Dreaming?”, “Bend The Clock” y “The Shadow Man Incident” tuvieron una pausa con una nostálgica proyección de un inserto de la película “The Dead Poets Society” (1989), con un Robin Williams interpretando al profesor John Keating alentando a sus alumnos a “hacer de sus vidas algo extraordinario”. Y de eso se va a encargar Dream Theater, de volver esta experiencia en algo extraordinario, único, irrepetible.
“A Change of Seasons” fue interpretada desde la parte I a la VII, el público estaba en éxtasis total, gente de todos los lugares del país fue convocada a esta reunión y no habían fallado, no podían fallar. Y los músicos entregaron todo, devotos a la comunión que solo la música puede lograr. Saludaron al final y se fueron, pero por breves momentos, puesto que el encore nos trajo: “Act II: Scene Eight: The Spirit Carries On” y finalmente la esperada “Pull Me Under”. Esta noche el mosh pit se vivió en lo más recóndito de los cerebros; todas las sensaciones neuronales fueron activadas con la más depurada maestría de estos señores maestros del metal progresivo.
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