Marbella volvía a convertirse en el epicentro del rock con la visita de una de las bandas más influyentes de todos los tiempos: Deep Purple. El Starlite Occident ya es un recinto especial por sí mismo, pero cuando lo que suena es rock y, además, de la mano de una banda como Deep Purple, la experiencia adquiere otra dimensión.
Por sorpresa, ya que no suele ser habitual, disfrutamos de unos teloneros. King Sapo sonaban mientras iba entrando la multitud y, ¡ostras, qué buenos! Había escuchado algo de ellos, pero no tuve ocasión de verlos. De esas bandas de las que te hablan bien, pero que, cuando las ves, piensas que deberían hablar todavía mejor. Los chicos de King Sapo supieron defenderse a lo grande, desde el inicio, cuando todavía había poco público, hasta cuando el recinto empezaba a llenarse. Una muy grata sorpresa a la que aconsejo dar una escucha. Sonaron temas como "Desorden", "Libre", una versión muy currada de "Trouble So Hard" o "Afrodita Blues", con la que finalizaron un concierto que, al menos para mí, fue una grata sorpresa.
Un minuto antes de las 22:00, la inconfundible "Mars, the Bringer of War", de Gustav Holst, comenzó a sonar por el recinto. Bastaron unos segundos para que el murmullo del público desapareciera y toda la atención se centrara en el escenario. Y entonces llegó "Highway Star". Sinceramente, creo que no existe una mejor manera de empezar un concierto de Deep Purple. Hace apenas unos días publicaban nuevo disco, y temas como "Arrogant Boy", "Diablo" o "Guinnesis" demostraron que Deep Purple sigue componiendo música con personalidad. Resulta admirable que una banda con semejante legado continúe creando material nuevo sin vivir exclusivamente de su pasado. No tienen nada que demostrar, pero siguen demostrando que quien tiene nivel, lo tiene.

El setlist de la banda es increíble, tanto para un nostálgico como para un nuevo seguidor o incluso para un curioso. Evidentemente, muchos temas clásicos se quedan sin hueco, pero, después de una carrera de más de 50 años y de este nivel, raro sería lo contrario. Cierto es que del disco 'Machine Head' es de donde más temas seleccionaron y, bueno, destacaría, dentro de "los no clásicos", "When a Blind Man Cries". Es de esos temas que crean un silencio de admiración en el recinto que solo pueden provocar los grandes elegidos.
El sonido de la banda y el estado de forma físico y mental de todos sus miembros es simplemente envidiable. No es solo la voz, no es solo lo musical, es el saber llenar un escenario gigante como el del Starlite Occident y conseguir que se les quede pequeño. Ian Gillan, a sus 80 años, mantiene esa elegancia que siempre le ha acompañado. Es evidente que el tiempo pasa para todos, pero, cuando parece que la voz ya no alcanza ciertos registros, aparece algo mucho más trascendental: su alma. Y esa continúa siendo inagotable e inmortal.

Simon McBride es la pieza más actual de este inmortal puzle, que encaja a la perfección. En todos los temas, en sus punteos, en su solo... mostró una técnica y un saber estar sobre el escenario que le hicieron ser uno de los pilares para animar a un público que, sentado por el formato del recinto, terminaba poniéndose en pie para disfrutar del directo de unas auténticas leyendas. Mi sensación era que todos intentábamos atrapar cada instante del concierto para guardarlo como un recuerdo imborrable.
Los teclados de Don Airey te transportan automáticamente a los 70, a los 80 o incluso a la actualidad. En "Hard Lovin' Man" parecía que Starlite, Marbella y la propia banda viajaban varias décadas atrás. Y cuando llegó el momento de su solo... simplemente demostró por qué sigue siendo uno de los grandes. Técnica, personalidad y un repertorio de sonidos que levantaron la admiración de todo el recinto. De Roger Glover y Ian Paice me quedo con una sensación muy clara, y es que son dos rockeros que lo viven como lo vivían hace años y años. Estética, entrega y, sobre todo, técnica musical. Es imposible poner una pega, ni a ellos ni a la banda en general.

Y llegaba la parte que más me llenaba musicalmente, y es que, si tengo un tema de Deep Purple que me transmite, ese es "Space Truckin'". Ya solo con que suene en directo es una suerte increíble, pero es que, además, sonó tan perfecta, tal y como siempre suena en mis discos, en mi cabeza... Fue, de veras, un auténtico goce musical. Y si hablamos de hitos, de temas que transportan y de canciones que conquistan desde la primera escucha, ese es el rey de la noche: "Smoke on the Water". Prácticamente nadie permanecía sentado; todos coreaban, cantaban y brindaban al cielo con sus cervezas, disfrutando de una manera que en pocos momentos de cualquier concierto se puede llegar a experimentar.
Ya para finalizar, tres temas donde presente y pasado volvían a darse la mano. Empezaron con "Guinnesis", de su reciente álbum 'Splat!'. Luego le siguió "Hush" y terminaron con otra mítica como "Black Night". Ver a Deep Purple en pleno 2026 es un lujo; que estén en una forma envidiable es una auténtica gozada, y disfrutar una vez más de tantos himnos es una suerte incalculable. Hay bandas que forman parte de la historia... pero Deep Purple tiene algo más. Más de cincuenta años después, siguen escribiéndola.




