A veces uno piensa en lo triste que debe ser la vida de aquellos que opinan que ya está todo inventado y por tanto no existe nada que merezca la pena en la actualidad. Aparte de una muestra total de ignorancia, es un claro indicativo de que el sujeto en cuestión tampoco acostumbra a frecuentar salas, garitos o cualquier otro lugar en el que alguien se suba al escenario. Porque si desde luego hay algo que incluso florece hoy en día es la abundancia de propuestas culturales, con conciertos en mil sitios y en ocasiones tan concentrados en una sola jornada como para montar un festival.
Debido a este último motivo de vez en cuando es necesaria hacer una selección y quedarse con lo que más llame la atención, o desechar aquellas bandas o artistas que hayan estado hace poco por estos lares. En el caso de los oriundos de Aranjuez Bum Motion Club era ya la quinta vez que subían a Bilbao, pero nosotros los descubrimos en el Canela Party y caímos subyugados por completo ante su sonido shoegaze heredero de Slowdive, Triángulo de Amor Bizarro o los fundamentales My Bloody Valentine.
El auge del post punk contemporáneo tal vez haya propulsado en cierta manera a estilos colindantes como el rock alternativo noventero, el noise rock de The Jesus and Mary Chain o la nueva psicodelia que encarnan también desde Aranjuez los grandiosos Rufus T. Firefly. Bajo esa suerte de paraguas musical se congregaron en torno a casi un centenar de personas en el bilbaíno Kafe Antzokia, una multitud variopinta en la que se podía observar desde los típicos indies de pedigrí hasta alguna camiseta de Iron Maiden entre la multitud.
Bum Motion Club
Que el tema del sonido se lo tomaban muy en serio los arancetanos Bum Motion Club lo comprobamos en el impresionante arsenal de pedales que tenían preparados a ras de suelo. Un despliegue necesario para reproducir hasta el más mínimo detalle que provocaba unas encomiables atmósferas de ruido y melodía que nos hicieron levitar en bastantes momentos.
“Afecto y simpatía” abrió la velada remitiendo a su anterior larga duración ‘Claridad y laureles’, pero no tardaron en zambullirse en ‘Distracciones’, el último disco que venían a presentar, con “Paseo de vuelta”, todo un temón con letra nostálgica que debería desatar gargantas por doquier en un mundo justo. Y lo mismo podríamos aplicar a “Pausa”, otra composición redonda que en directo se tornó un chute de emoción en vena.
La cita siguió ganando intensidad en “La grieta”, en la que el vocalista aparcó un rato la guitarra mientras la bajista Iris contribuía a los coros. El otro compi a las seis cuerdas tomó la voz cantante en “Amigo” y la dedicó a los que ya podían llamar con ese nombre en la capital vizcaína. Lo cierto es que no esperábamos tanta peña en el piso superior del Antzoki, seguro que en la próxima visita consiguen arrastrar a más todavía.
“Somos gente de pocas palabras”, se excusó el vocalista principal, pero eso nunca nos pareció un problema, el lenguaje que ahí se debería imponer era el de la música y en ese terreno les sobraba elocuencia con un himno como “La muerte del mañana”, pistoletazo de salida de su anterior álbum. Nada más escuchar ese flotante comienzo nos transportamos de inmediato hacia esas templadas noches de Torremolinos en las que con un poco de suerte ya ni sudas, un hecho que maravillaba incluso a los lugareños.
Remitieron a The Stone Roses y otros combos pretéritos en “Bandera blanca”, en especial en las guitarras noventeras. Y mantuvieron el interés con “El destello”, con una letra que merecía escucharse y que les emparentaba con los añorados Odio París. Confesó el cantante que igual iban muy rápido tocando, pero no había problema, pues lo suyo era que terminaran antes de que comenzara el bolo de la sala de abajo.
Se vinieron tan arriba que hasta incorporaron “Cielo abierto”, que no estaba prevista en el set list, pero siempre molarán esos recitales sujetos al cambio que demuestran que ofician humanos y no androides programados por algún misterioso algoritmo. Y mira por donde que nos legaron el mejor instante de la noche, acercándose más que nunca al ruido chirriante de los Triángulo de Amor Bizarro más salvajes. Inmensos.
Tras semejante derroche de electricidad, tocaba bajar a nuestro planeta y regodearse en las recargadas atmósferas de “Casi un buen día”, muy en la línea de La Plata. Lo malo de este grupo es que no disponen todavía de un extenso catálogo, por lo que fueron terminando con “Los ojos”, otro notable colchón de ruido shoegaze, antes de pegar la estocada final con “Abismo”, una pieza enérgica para dejar al personal con un sabor de boca inmejorable.
Poco más de una hora sirvió para constatar el brillante futuro que debería esperar a este original combo, con un sonido que cautiva, agarra por las solapas, te eleva en un torbellino y te suelta extasiado en cualquier rincón. Animaron a “arrastrar a algún colega” para la próxima y así montar “un buen ejército”. Si existe un insensato capaz de rechazar un plan tan apetecible, mejor acordarse de aquella eterna frase de ‘El cazador’ que decía: “Cuando un hombre dice no al champán, dice no a la vida”.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
- Crónica de Bum Motion Club en Bilbao: Un buen ejército - 17 marzo 2026
- Pink Floyd pagó treinta libras a esta cantante para que no pronunciara ni una sola palabra: “Roger Waters dijo: “Solo ooh y ahh”” - 15 marzo 2026
- Richie Faulkner (Judas Priest) sigue recibiendo fisioterapia tres veces al día cinco años después del grave infarto que casi acaba con su vida - 15 marzo 2026




