Crónicas

Bilbao BBK Live con Arcade Fire, Massive Attack, The Prodigy o Slowdive: Un colectivo antisistema, la chica Bond y la urna de Bowie

«Desde luego era complicado que coincidieran en el mismo recinto un colectivo antisistema empeñado en denunciar las injusticias de la guerra, una chica Bond amiga de Warhol e icono de Studio 54 y una urna de Bowie que no podía hablar, pero que lo decía absolutamente todo.»

Del 11 al 13 de julio

Kobetamendi, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa. Foto Massive Attack: Angel.

La selección natural que preconizaba Darwin sostenía que el individuo que mejor se adaptaba al medio era el que sobrevivía. Una teoría evolutiva que bien se podría aplicar del mismo modo a festivales multitudinarios como el Bilbao BBK Live, que va camino de cumplir dos décadas desde su primera edición y este año ha alcanzado la impresionante cifra de 110.000 personas. Muchas cosas han cambiado en Kobetamendi, desde un ecléctico cartel en el que lo mismo cabe el punk que los sonidos urbanos en boga hasta esa infatigable voluntad por hacernos caminar cuesta arriba hasta el recinto y así preocuparse por nuestra salud cardiovascular.

Arcade Fire

En este aspecto, es realmente encomiable el incesante servicio de autobuses puesto en marcha para subir hasta el monte Cobetas, pues ninguno de los días tuvimos que esperar colas ni para ir ni para volver, ni siquiera cuando coincidían picos importantes como la finalización del concierto de Arcade Fire. Y otro aplauso para esa acondicionada zona de prensa que volvió a contar con un maravilloso espacio al aire libre para descansar y desintoxicarse un poco de las grandes muchedumbres.

Punto negativo, eso sí, para cierto personal de seguridad que controlaba el acceso al festival, que incluso obligaba a los fotógrafos a sacar el equipo con malos modos y cero educación. No vendría nada mal en este sentido fijarse en festivales británicos como Rebellion, donde existe otra cultura solidaria de intentar ayudar al semejante alejada de los típicos chulos con porra más empeñados en crear problemas que otra cosa que tenemos que soportar en este país. Obviamente, sé de buena tinta que existen grandes profesionales en el sector, así que todo mi respeto para ellos.

Himnos de festival y música de ascensor

Iniciamos la primera jornada con los madrileños Dharmacide por consejo del compi Carlos Benito, que casi nos obligó a ir a verles. Y lo cierto es que acertó de pleno, pues estos tipos vinculados a otros proyectos como Depresión Sonora o VVV [Trippin’ You] le daban a un post punk con un leve deje al rock alternativo de Smashing Pumpkins por su tono melancólico. Oficiar con sombrero siempre es un plus, y si encima se cascaban temazos del calibre de “Dreams”, pues mejor todavía. Un gran entremés.

A los que no terminamos de pillar el punto fue a los irlandeses NewDad, que se movían en un shoegaze muy flotante, con ocasionales ecos a The Smiths y languidez desbordante. Consiguieron despertarnos con su versión del “Just Like Heaven” de The Cure, muy similar a la original, y sin duda de los principales atractivos de su actuación. La verdad es que su álbum debut ‘Madra’ prometía más en estudio.

NewDad

Si hay un grupo experimentado en festivales, esos son los vizcaínos Shinova, en cuya trayectoria citas multitudinarias como la del Sonorama juegan un papel fundamental. Podrá gustar o no su actual orientación pop rock, pero de lo que no cabe duda posible es de que Gabriel de la Rosa es un frontman impresionante, clavando cada tono, con poses grandilocuentes a lo Bunbury y dejándose la piel y el alma en el escenario.

Himnos como “Te debo una canción” o “Gloria” parecen pensados para ser coreados a pleno pulmón en cualquier festival de la península. Y por si esto fuera poco, contaron con uno de los mejores sonidos de las tres jornadas, por lo que era comprensible que la mayoría entrara de lleno en su propuesta. No hay antídoto más efectivo para desterrar prejuicios necios que exhibir semejante fortaleza en directo. Se lo merecen todo.

Shinova

La baja de última hora de Cymande nos trajo una agradable sorpresa con la incorporación de los irreverentes Los Punsetes, que ya desde el comienzo apelaron al derecho de cada uno a dar su “Opinión de mierda”. La impertérrita vocalista Ariadna no lució vestidos tan llamativos como en otras ocasiones, recordar en este sentido que la hemos visto de gótica, de japonesa y con otros tocados impresionantes que ella misma diseña.

Quizás por esa muralla sónica heredera de The Jesus & Mary Chain que suelen desplegar brillen mucho más en salas que al aire libre, pero ahí estaban sus letras punzantes para dejar claro que les sobra “media España”, que tienen un “Arsenal de excusas” y que lejos de criminalizar a los solitarios abogan por mandar a tomar por saco a “Tus amigos”.

Los Punsetes

Con el repertorio que se marcaron era complicado aburrirse, hasta llovieron balones inflables en “Maricas” y uno casi le da a Ariadna, que se tuvo que salir de su estático papel tradicional pronunciando un “¡Bueno!”. Echamos de menos “Alférez provisional” y otras joyas, pero fue genial ver a la peña montar un pogo recatado con “Una persona sospechosa”. Espíritu punk.

La música de ascensor de los franceses Air tal vez tuviera su prestigio, pero obviamente no era lo más adecuado para un festival por la noche. En teoría, interpretarían al completo su laureado disco ‘Moon Safari’ y hubo algún pico interesante en este sentido con la etérea “Sexy Boy” o la robótica “Kelly Watch The Stars”, pero la parte que más emocionó a la concurrencia fue cuando interpretaron en formato instrumental “Playground Love”, el tema estrella de la BSO de ‘Las vírgenes suicidas’ de Sofia Coppola. Amor perpetuo a las hermanas Lisbon.

Bienvenidos al Karmacoma

Que Massive Attack son una banda con bastante conciencia política lo dice el mismo nombre del grupo, inspirado en la primera guerra del Golfo, por lo que, con la que está cayendo, no era sorprendente que metieran alguna referencia a Gaza o Ucrania. De hecho, el líder de los de Bristol, Robert del Naja, llevaba un brazalete con la leyenda “Libertad para Palestina”, si no me equivoco.

Además, las pantallas proyectaban diversos mensajes anticapitalistas únicamente en euskera, nadie les dijo que en Bilbao seguramente se utilice más el castellano que la lengua de Aresti, pero bueno, y eso por no contar los extranjeros de hasta cincuenta países que pululaban por el recinto. ¿Justa reivindicación o mera meadita territorial exigida por el Partido? Que cada cual piense lo que quiera.

Mensajes anticapitalistas en euskera durante Massive Attack.

Los colaboradores no tardaron en hacerse notar, como Horace Andy en “Girl I Love You” o Elizabeth Fraser en “Black Milk”. Mencionar la ilusión que nos hacía ver a esta última en directo, vocalista del grupo gótico Cocteau Twins. Como si fuera una especie de obra de teatro, con diferentes actores entrando y saliendo de escena, así se desarrolló un variado recital que hasta tuvo su momento punk con la acelerada revisión del “Rockwrok” de Ultravox que se asemejó a los Sex Pistols y desató bailoteos vintage por el recinto.

No faltaron tampoco “Angel”, uno de sus temas más recordados, con la participación del rastafari Horace Andy, o la inevitable “Teardrop”, con Elizabeth Fraser de nuevo otorgando dignidad al asunto. Y no conviene que caiga en saco roto la envolvente “Karmacoma”, una suerte de afrodisiaco musical que acabó provocando la ruptura entre la banda y Tricky a cuenta de los créditos en la composición.

Elizabeth Fraser con Massive Attack. Foto: Angel

En resumen, fue un concierto muy equilibrado, con momentos lo mismo deslumbrantes que otros más dirigidos al público sibarita. El manifiesto artístico que soltaron por las pantallas resultó curioso en un inicio, pero a la larga supuso un punto de distracción frente a lo realmente importante, que era la cuidada música que nos ofrecían. Como cuando te ponen subtítulos para ver un peliculón y al final acabas más leyendo que haciendo otra cosa.

Hemos intentado varias veces adentrarnos en el universo de Los Planetas, más que nada porque han influenciado a otros combos que adoramos como Odio París o Los Punsetes, pero sus bolos siempre nos han parecido soporíferos hasta la extenuación. Esa noche, sin embargo, iban a interpretar al completo el laureado disco ‘Super 8’, por lo que la cosa podría molar.

Los Planetas

Opinamos, no obstante, que su sonido de guitarras chirriantes impactaría bastante más en salas que en recintos al aire libre, pero a pesar de ese hándicap, el personal se vino muy arriba con su himno “Qué puedo hacer” y también les quedó muy chula la reposada “Si está bien” o la guitarrera “Jesus”. Imperdonable que no tocaran nuestra preferida “Pesadilla en el parque de atracciones” y que reventaran tímpanos de la distorsión, pero estuvieron muy inspirados esa noche. Si encima hubieran contado a la batería con Eric Jiménez, ya lo habrían bordado.

Si antes hemos mencionado que el sonido de Shinova fue de los mejores del festival, los británicos The Prodigy podrían presumir sin duda del volumen más atronador, lo cual tampoco estaba mal para despertar al personal a eso de las dos de la mañana. La puesta en escena con varios estandartes por ahí era del mismo modo espectacular, pero tampoco es que destacara demasiado la nitidez, algo que si vas del puestazo al que incitan temas como “Breathe” o “Firestarter” no debería ser un gran problema.

The Prodigy

Había un guitarrista que ponía posturitas a lo Billy Duffy, pero en la mayoría de ocasiones parecía paripé más que otra cosa, puesto que la guitarra realmente no la distinguimos en condiciones hasta el tercer o cuarto corte. Aquello estaría alto, sí, pero en cuanto a calidad dejaba bastante que desear. Lo dicho, a la próxima pasadme vuestras drogas y entonces tal vez lo disfrute.

Un icono transgresor y urgencia punk

La segunda jornada aglutinó a una considerable muchedumbre ya desde primera hora con los prometedores EZEZEZ, cuyo vocalista sorprendió por su atuendo festivalero con la cara pintada y una camiseta que decía: “Gracias por venir”. Habían arrastrado además a unos cuantos acérrimos que coparon las primeras filas y a buen seguro les harían sentir como estrellas, aunque temazos como “Dutxita” o su homónimo “Ezezez” explican de inmediato por qué cada vez más peña alucina con ellos. De aquí ya solo pueden ir hacia arriba.

EZEZEZ

El recuerdo que teníamos de las pamplonicas Melenas era de un grupo de guitarras, por lo que nos desconcertó cuando vimos sobre las tablas varios sintetizadores. Su nuevo enfoque electrónico en realidad tiene más que ver con el krautrock y la psicodelia, por lo que tampoco es que sea desagradable, un claro ejemplo lo constituía “Bang”, con ese incesante e hipnótico ritmo motorik para entrar en trance. Homenajearon a un clásico de las sesiones góticas con la adaptación al castellano del mítico “Eisbär” de Grauzone y se sorprendieron de que algunos entre el público conocieran la letra original en alemán.

Los resucitados Standstill son un combo que surgió de la escena hardcore punk y entre sus componentes encontramos al compositor Enric Montefusco o a reputadas figuras del panorama indie del calibre de Ricky Falkner, productor de bandas como Love of Lesbian o Berri Txarrak, aparte de líder de Egon Soda y otros proyectos. Con semejantes mimbres era complicado dar un concierto malo, por lo que nos puso piel de gallina el sonido épico que se gastaron en su himno “Adelante Bonaparte” o la no menos impactante “¿Por qué me llamas a estas horas?”. Una brutal coalición de talentos sobre el escenario, deseando volver a verles.

Standstill

Después de tal subidón quizás la psicodelia de efluvios asiáticos de Khruangbin no nos cautivara lo suficiente, a pesar de una impactante puesta en escena que recordaba a algunas escenas de la película ‘Kill Bill’.

Muy delirante nos resultó, por el contrario, la propuesta del icono transgresor Albert Pla, que primero tranquilizó diciendo que no estaba solo, antes de que salieran unas bailarinas, y luego nos brindó algo tan irreverente como “Bombas en Madrid”, donde imagina lo que habría sucedido si el bombardeo de Gernika hubiera sido en la capital. La letra no tiene desperdicio. Sé que se nos escapa un poco del espectro rockero, pero ojalá existiera más gente en el mundo como Pla, capaz de rasgar vestiduras en un país todavía atrasado en muchos aspectos. Respeto infinito.

Aiko El Grupo

Pura urgencia punk destilaron las chicas de Aiko El Grupo, cuya rotunda declaración de intenciones de tocar el máximo de canciones en el menor tiempo posible ya barruntaba que sería de lo mejor del Bilbao BBK Live. Le echaron unas ganas descomunales, con la vocalista y guitarra agitándose como si estuviera poseída, y no era para menos con la multitud de juventud que se concentró para verlas, los cuarentones podrían contarse con los dedos de la mano.

Ellas se definen como riot punk, con la vista puesta en Bikini Kill y similares, supongo, pero al final se asemejan a una versión muy acelerada y macarra de Los Fresones Rebeldes, “K Pesao” era una muestra evidente. Y “Es la forma que tienes de ocultar algo que hay en tu mente” contó con la colaboración del guitarrista Mario de Carolina Durante, para estrechar todavía más vínculos generacionales. Maravillosas.

La amiga de Andy Warhol

Nunca conviene dejarse llevar por los prejuicios, menos si se trataba de una diva tan legendaria como Grace Jones, eso que en los tiempos modernos llamaríamos una “mocatriz”, pues apareció en películas como ‘Conan El Destructor’, fue chica Bond, amiga de Andy Warhol y todavía tuvo tiempo para desarrollar una carrera musical durante más de cuatro décadas.

Grace Jones

Esperábamos una suerte de híbrido entre disco añejo y reggae, pero la veterana artista de edad inconfesable nos dio en los morros de entrada con una sensual y desbordante revisión del “Nightclubbing” de Iggy Pop y Bowie. Touché. Que saliera media hora tarde como una sinvergüenza se olvidó rápido con un auténtico show en el estricto sentido de la palabra, con incesantes cambios de vestuario, que se note que trabajó en la farándula de Studio 54, y con numeritos tan bizarros como cuando un guardaespaldas la llevó a burros para saludar a la peña.

Se pasó aparte un rato considerable diciendo que quería hacer el amor, que estaba “cachonda”, y su brillante revisión del glorioso “Love Is The Drug” de Roxy Music pudo levantar más que los ánimos de muchos melómanos. Y eso que ponerse a la altura vocal de un coloso como Bryan Ferry no era tarea sencilla. ¿Y esta señora dicen que tiene 76 palos? Pues se tiró como treinta minutos dándole al hula hop mientras presentaba a la banda, estaba en un estado deslumbrante en todos los sentidos. A sus pies, diosa de ébano.

Derby Motoreta's Burrito Kachimba

Y para cerrar el día ahí teníamos la kinkidelia de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que congregó a una nada despreciable muchedumbre casi a las dos de la madrugada. La banda salió a tope, a comerse el escenario, con un frontman desbordante como Dandy Piranha, con una clase que remitía al mismísimo Robert Plant, y fundiendo sonidos tan dispares como el stoner rock, el protopunk o el inmortal legado de Triana. A estas alturas “The New Gizz” debería poner pelos de punta a cualquier persona decente, del mismo modo que la embriagante “Gitana”  o la reciente “La fuente”, todo un torbellino de energía en directo. Apostar por ellos siempre es un valor seguro.

Synth dub ibérico

En las primeras horas de la tercera jornada nos decantamos por Alcalá Norte, uno de los grupos del momento en el terreno del post punk con una esperada gira por la península de más de treinta fechas. El espectacular tirón que están viviendo se tradujo en una afluencia impresionante para tan temprana hora y ellos demostraron sobre el escenario que si están en boca de la mayoría no es de pura chiripa.

Alcalá Norte

Tuvieron además guiños con la parroquia local al introducir una parte en euskera en “Los chavales”, aparte de la camiseta del Athletic que portaba el vocalista, por supuesto. El batería heavy hacía de maestro de ceremonias presentando las canciones, alguna como “synth dub ibérico”, y dedicando “420N” a “los porreros” o acordándose de “Tolkien” en “La calle Elfo”. Y muy bien les quedaron “La sangre del pobre”, que podría ser un tema de La Movida, o esa delicada maravilla llamada “No llores, Dr G”, por la que les debería felicitar hasta Fernando Márquez “El Zurdo” de La Mode. Se merecen todo lo bueno que les venga.

Muy curiosas resultaron del mismo modo las londinenses multiculturales Los Bitchos, con componentes de Australia, Suecia o Uruguay, entre otras nacionalidades. En lo musical, se mueven en un formato instrumental muy amplio en el que cabe desde el surf rock más o menos convencional, ritmos latinos como el de “Kiki, You Complete Me” y hasta la cumbia de “1K!”. El personal acogió con los brazos abiertos sus melodías de tripi o para fumar porros y los bailoteos proliferaron por la carpa del escenario Beefeater. Muy divertidas.

El Columpio Asesino

Los navarros El Columpio Asesino tenían que poner fin a su carrera en condiciones con una actuación estelar en el Bilbao BBK Live que no defraudó lo más mínimo, propulsada desde el inicio por una bomba sónica del calibre de “Arde Babel”, que podría sonar hasta en garitos góticos. “Ballenas muertas en San Sebastián” siguió elevando la magia de esta última cita y no menos brillante se antojó su canto estajanovista “Sirenas de mediodía”.

El repertorio no tuvo desperdicio, con todas las piezas que deberían sonar, como “Diamantes”, “Perlas” o la electrónica “Huir”, con Cristina destilando glamour y marcándose sus pasos de baile. El colofón se alcanzó con su himno de puestazo “Toro”, que evocaba un frenesí colectivo como el que se vivió entonces. Permanecerán por siempre en la memoria.

Slowdive

Hay ocasiones en las que el molesto entorno cotorril te impide disfrutar de propuestas tan alejadas de un festival multitudinario como la de Slowdive. Pensábamos que al igual que sucedió el año pasado con Idles, gran parte de la muchedumbre desertaría, pero al contrario, la chusma parlanchina ahí se quedó dando por saco al personal, por lo que tuvimos que cambiarnos de sitio hasta tres o cuatro veces.

Mereció la pena aguantar, pues se nos ofreció un espectáculo cuidado hasta el extremo con oníricas proyecciones de fondo y melodías no menos etéreas de la envergadura de “Shanty” o “Sugar for the Pill”. Su rollo post rock actual era para melómanos, del mismo modo que las voces casi susurradas de Neil Halstead y Rachel Goswell, por lo que era un despropósito total ponerse a hablar allí de lo que se iba a hacer mañana.

Slowdive

Los fans de la música disfrutamos de lo lindo de las poses del bajista a lo Simon Gallup de The Cure o de joyas tan de poner piel de gallina como el halo New Order de “Kisses” o el emocionante clásico “Alison”. Como leí hace un tiempo en un perfil en redes sociales, “solo para poetas”. Espíritus elevados, en definitiva.

Por casualidad nos topamos con los experimentalistas de Belfast Chalk, una ida de olla muy delirante entre el punk y el tecno más bruto. Vimos solo un par de temas, pero fue lo suficiente para apuntar su nombre y seguirles la pista. Por el contrario, los tan en boga Alvvays nos parecieron un grupo más de pop de voz bonita tipo The Cramberries, que al parecer se lo debe tener ya lo suficientemente creído como para impedir hacer fotos. El escenario Beefeater se quedó muy pequeño para acoger a todos los que querían verles, por lo que a la siguiente deberían pegar el salto a un escenario principal.

El funeral más animado

Mucho nos fastidió que coincidieran Mujeres con uno de los cabezas de cartel, pero hicimos el esfuerzo de catar por lo menos unos pocos temas a los divertidos Yago, Pol y Arnau, que congregaron a una muy respetable multitud, dada la dura competencia. “Vete con él”, “Besos” o “Diciendo que me quieres” constituían poderosos argumentos para los que optaron por algo más sencillo y directo, sin tantos artificios ni majestuosidad. En su caso, menos siempre es más.

La urna de Bowie que presidió el concierto de Arcade Fire.

La última vez que vimos a Arcade Fire en Cala Mijas nos dejaron un tanto frío por el repertorio, cosa que no sucedió esta vez debido a que era el 20º aniversario de su disco debut ‘Funeral’. Pero quisieron dotar a la velada de un carácter todavía más especial convirtiéndola en un homenaje también a David Bowie, desde la intro con “Sound and Vision” a una especie de urna que colocaron en la parte delantera del escenario a modo simbólico.

Con el olor a incienso presidiendo la cita, las diferentes partes de sus piezas tituladas “Neighbourhood” fueron cayendo una tras otra hasta alcanzar uno de los momentos de la noche con “Reflektor”, que tenía la última colaboración de Bowie en vida, si no me equivoco, y nos legó estampas tan memorables como la del frontman Win Butler arrodillado frente a la urna. Se echaron de menos los tonos del Duque Blanco, obviamente, pero el vocalista cumplió con creces su papel.

Arcade Fire

La épica “Afterlife” elevó todavía más los ánimos, con Win deshojando una de las flores presentes en los micrófonos y luego sumergiéndose entre la concurrencia. El rock alternativo potente de “Ready To Start” pisó el acelerador antes del inevitable aroma The Beatles de “The Suburbs” y el instante en el que la cantante y cofundadora del grupo Régine tomó protagonismo en “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)”. La coral “Wake Up” puso el broche de oro a un repertorio variado y dinámico, con diversas referencias a Bowie como la del mismo final, donde era inevitable acordarse de las veces en que Arcade Fire y el difunto hombre de las estrellas compartieron escenario. El funeral más animado del mundo.

Desde luego era complicado que coincidieran en el mismo recinto un colectivo antisistema empeñado en denunciar las injusticias de la guerra, una chica Bond amiga de Warhol e icono de Studio 54 y una urna de Bowie que no podía hablar, pero que lo decía absolutamente todo. Así es la naturaleza de los festivales eclécticos, donde se puede pasar del blanco al negro en cuestión de segundos.

Alfredo Villaescusa
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