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Crónica de All Time Low + Mayday Parade + Taylor Acorn en Madrid: Espíritu indomable

All Time Low. Foto: Alex Rico

Los lunes poseen ese aroma que a veces nos pone de mal humor al devolvernos a la realidad cotidiana. Para algunos es el primer día de trabajo, para otros, es un nuevo día más en cuanto a obligaciones de diversa índole. A sabiendas de esto, el combo norteamericano All Time Low desembarcaba en Madrid en el marco de su “Everyone’s Talking Tour” para poner la ciudad patas arriba y llenar de vitalidad las venas de sus fans.

Desde primera hora de la tarde, nos llaman la atención los cuatro buses de dos plantas que había estacionados en la puerta de La Riviera, lugar designado para la actuación del grupo oriundo de la ciudad de Baltimore en la capital española, prueba irrefutable de que el espectáculo que ofrecería el quinteto sería de categoría suprema en un día de triple propuesta artística, gran producción escénica y donde reinaría el punk-pop como protagonista absoluto.

Como antesala y para ir poniendo en ebullición el ambiente, abría la jornada la estadounidense Taylor Acorn acompañada solamente por dos músicos que se empleaban completamente a fondo. Una guitarra cruda y una batería aplastante son las escuderas perfectas de la cantante, quien no cesa ni un instante en su set. Muestra una energía inabarcable y sabe conectar con el numeroso público que se dio cita a primera hora para verla. Canciones de su último trabajo de estudio, ‘Poster Child’, como “Hangman”, “Crashing Out” y la homónima “Poster Child” se intercalan con clásicos de su obra como “Psycho” formando un karaoke homogéneo y obteniendo una larga, larga, larga ovación al concluir. Auguro que no tardará en volver a nuestras fronteras y presentarse en solitario.

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Tras los ajustes correspondientes, era el momento para que brotara una ramificación de saltos que derivarían en un pogo acometido, dada la amplitud de edades, pero con energía, por obra, gracia y canciones de Mayday Parade. Como única decoración en el stage, una bandera negra con letras mayúsculas en blanco exhibe el nombre de la agrupación, y esto basta y sobra.

Despliegan, desde la apertura cañera con “Under My Sweater” pasando por “By the Way” y concluyendo con su himno “Jamie All Over”, una montaña rusa de sensaciones y emociones. En los rostros del público foráneo, principalmente estadounidense, se observa que es una banda que atraviesa la piel y conecta con lo profundo del ser. Ponen a mover las espinas dorsales con rotundidad y riffs.

El combo aprieta el acelerador y sabe sumergir a la sala, la cual a estas alturas ya estaba absolutamente llena, en su universo. De ‘Sad’, su último trabajo de estudio, salvo la primera canción de su set, la mencionada anteriormente “Under My Sweater”, no defendieron ninguna mas, quizás a sabiendas de que el respetable venía a rememorar el repertorio más clásico y por el cual son conocidos mundialmente.

Entre ellos se percibe una dinámica perfecta e ideal para el directo. Conectan con el público con las miradas, con sus gestos, con su entrega, y el vocalista Derek Sanders, junto al resto de sus compañeros, afrontan con solvencia piezas como “Piece of Your Heart”, de su aclamado álbum ‘Sunnyland’, la cautivadora “Pretty Good to Feel Something” y la poderosa “Black Cat”, con la cual tuve la sensación de que el público, obviando a los más jóvenes y a los fans más adolescentes, había evolucionado con ellos a lo largo de sus dos décadas de trayectoria.

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Aplauso aparte merece la versión que realizaron de su adrenalínico himno “Oh Well, Oh Well”. Agradecieron a los cabezas de cartel, a toda la platea por el apoyo y regalaron numerosas púas a una audiencia que los vitoreaba tras el ultimo golpe de platillo.

Se destapan los instrumentos de All Time Low. Se colocan cuatro cubos de colores (amarillo, verde, rojo y azul) como plataformas al borde del escenario. En el fondo de las tablas una cortina cual lienzo en tonos rojos opacos custodia un cartel rodeado por bombillas amarillas que emulan a un cartel de un anuncio clásico de casino norteamericano de los años cincuenta, y en el centro del mismo se lee “Everyone´s Talking”. Plataformas elevadas en los costados y en el fondo del stage, donde se ubican teclados y batería respectivamente, van siendo envueltas en el humo y saltan a escena los protagonistas sobre una alfombra de cuadrados blancos, negros y algunos colores primarios desde donde saludan al respetable. Todo preparado y en 3, 2, 1… ¡a poguear toda La Riviera!

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Sin más dilación, disparan con “Suckerpunch”, incluida en su álbum ‘Everyone´s Talking’, el cual fue publicado en el último tercio del pasado año, y tendría bastante protagonismo con permiso de otros discos que también recorrerían a lo largo de su hora y media de atrapante y emotivo directo.

El show es de evidente perfume a surf punk pop rock, que por momentos me recordó al film estadounidense “Point Break” (conocido aquí como “Le llaman Bodhi”), protagonizado por el desaparecido Patrick Swayze y por Keanu Reeves, quien con su grupo Dogstar estará el próximo verano de gira por nuestro país en el festival Mad Cool, al lucir los integrantes gorras, camisas sin mangas y ese alma de joven indomable y eterno que presentaba la mencionada película.

Las luces en colores claros toman un papel preponderante en la actuación y sirven para ir agregándole matices a las canciones del grupo. El respetable está entregado y es de agradecer que casi no habla nadie durante todo el concierto, salvo cuando Alexander Gaskarth, en su rol de frontman, inicia algún dialogo con los fans. Hay un respeto supremo. Discos como ‘Nothing Personal’, ‘Future Hearts’ y ‘So Wrong, It’s Right’ son revisitados durante el espectáculo y suenan contundentes y actuales.

“Weightless”, “Poppin' Champagne” y “Time Bomb” entre otras van marcando el sendero de la velada. La amplitud de edades de los presentes permite ver un continuo trasiego de fans hasta el centro de la tormenta, hasta el ojo del huracán, donde tiene lugar el pogo más encendido del directo. Acuden a la llamada de los artistas, van, saltan, tocan el cielo de la sala, aplauden fogosamente y vuelven su lugar de origen para tomar un poco de aire y refrescarse con su bebida.

Tal vez el conquistador español Juan Ponce de León encontró la fuente de la eterna juventud, pero me decanto más por la tesis de que los miembros de All Time Low compraron todo el stock, se bañaron en ella y tienen algunas botellas en el backstage en la actualidad. Vaya entrega, adrenalina y explosividad mezclada con contundencia en su directo.

Piezas como “Little Bit” y “Falling for Strangers” muerden certeramente, y después de la tempestad intensa, es necesario un momento de calma. Este llega con “Missing You” y una sentida interpretación con la emotiva y aplaudida, por demás, colaboración de Taylor Acorn. El tramo más tranquilo de la noche finalizaba con aplausos por doquier.

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El cantante se muestra conversador a lo largo de toda la noche, y además de agradecer continuamente, consultar si ya habían visto al grupo antes y de hacer bromas sobre un queso con sus compañeros, saludaban a unos fans privilegiados que observaron de pie, en un costado del escenario todo el concierto.

La banda recorre todo el espacio físico disponible durante el show, abrazándose con la temática del álbum ‘Everyone’s Talking’ y la gama de tonos primaverales del mismo junto a una entrega absoluta. Hacen gestos al oír a toda la sala cantar al unísono, y la comunión es notoria. La conexión que logran con sus seguidores es palpable.

De anteriores etapas afrontan “Dirty Laundry”, “Sleepwalking” y “Monsters”, siendo muy bien recibidas. Sorpresa adicional como obsequio a los seguidores se produce con la participación del cantante de Mayday Parade, Derek Sandres, en “The Weather” en los bises. Himnos de su factoría como “Lost in Stereo” y “Dear Maria” son las responsables de poner punto y final a una noche donde todos viajaron en el tiempo para cargarse de vitalidad.

All Time Low pasó por Madrid y dejó una huella sonora con alma de principios de los 2000, con un espíritu indomable que late más fuerte que nunca.

Mauro Nicolás Gamboa

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