Crónicas

Bárbara Black: Black is back!

«El relevo es más imperativo que nunca, y es por ello por lo que gargantas prodigiosas como la de Bárbara Black merecen una veneración y una consideración a la altura»

19 octubre 2018

Entre Darts Rock, Madrid

Texto y foto: Jason Cenador

En la aplicación de mapas más popular, los Bajos de Opañel, en el corazón del castizo distrito de Carabanchel, figuran como ‘La Plaza del Rock’, y no es para menos teniendo en cuenta que en escasos metros cuadrados se concentran hasta cuatro locales eminentemente dedicados a la música que nos apasiona. Una música cuya existencia misma estuvo siempre marcada por la concurrencia de grandes voces, tonalidades inolvidables que se grabaron a fuego en la mentalidad colectiva de generaciones enteras y que en estos tiempos de relevo generacional, se aproximan irremediablemente al abismo de la caducidad biológica, aunque su legado permanezca por los siglos de los siglos.

El relevo es más imperativo que nunca, y es por ello por lo que gargantas prodigiosas como la de Bárbara Black merecen una veneración y una consideración a la altura que garanticen que estarán ahí arriba empuñando el cetro que el paso del tiempo deje vacante. No hablo por hablar, basta ya de complejos por el hecho de que la vocalista, de dilatada experiencia y resolutiva técnica, haya nacido en Madrid y haya pisado más la Plaza de Callao que el Picadilly Circus. La personalidad de sus tesituras vocales, la arrolladora presencia con la que tan pronto domina un escenario de ciertas dimensiones como se adueña del de un local de ambiente más familiar o su profunda mímesis con el rock de diferentes etapas y sensibilidades, que le ha permitido dotar de un carácter único aun con muchas reminiscencias clásicas a su propuesta, hacen de la vocalista una apuesta clara de presente y, sobre todo, de futuro.

Bárbara Black Retomaba su actividad en directo tras una accidentada aunque aplaudida gira por Reino Unido previa a las vacaciones de verano, y lo hacía rodeada, como siempre, de músicos de abrumadora calidad en el marco de una formación renovada y reducida en número en aras de una logística más manejable que le permita dar más conciertos. Y lo hacía jugando en casa, ante una audiencia modesta pero entusiasta que vibró con la apasionada ejecución de las canciones que comporta su primer larga duración, ‘Spiritual Rock’, que el año próximo tendrá ya su relevo. Así, dedicó la explosiva “Nice to Meet Me” a “los que están todo el puto día haciéndose selfies para Facebook”; nos meció en el penetrante compás de Alabama Rose”, un medio tiempo exquisito dedicado a las mujeres que lidian o lidiaron con el cáncer de mama; nos dio un baño de hard rock metalizado de inspiración sureña con “Southern Soul”, o nos puso los pies en la tierra en relación a las dificultades para desenvolverse en la escena con “Ghost”. Se echó profundamente en falta la balada “Shiva”, a todas luces una de las mejores piezas de su repertorio, de la que jamás deberían prescindir.

La batería de Nitro, un animal a las baquetas cuya incontenible energía ha sabido poner al servicio de las canciones – no perdáis de vista su labor en la banda de melodeath Suru -, las habilidosas guitarras de Javier Peláez y el recientemente incorporado Carlos Herráez, y el firme bajo de un desmelenado Daniel Márquez ponían cada nota en su sitio, y más que la pondrán cuando la maquinaria esté todavía más engrasada.

Hubo espacio para un buen puñado de versiones que oxigenaron el repertorio y fueron ampliamente coreadas por el respetable, tales como la inaugural “Fortunate Son” y la concluyente “Proud Mary” de Creedence Clearwater Revival, la irresistible “Hush” de Deep Purple; “Seven Nation Army” (The White Stripes), presentada con sorna como “el Paquito El Chocolatero del rock”; o “I’ll Sleep When I’m Dead” de Bon Jovi.

Los aplausos arreciaron al culminar un concierto que pronto tendrá secuela en la también madrileña Sala Barracudas el próximo 3 de noviembre, donde Bárbara Black y los suyos compartirán cartel con Rising Core y Hora Bruja. Y por delante, un buen puñado de ciudades a lo largo y ancho de la península para seguir expandiendo su impacto, para seguir impactando a quienes ejercen la astucia de no perdérselo. Para seguir reivindicándose y abriéndose hueco en la titánica empresa de tomar un relevo que le pertenece por méritos propios. Black is back!

Jason Cenador
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