No resulta frecuente encontrar propuestas que sorprendan por su voluntad inequívoca de separarse de ese camino que nos dicen que es el correcto. En todos los géneros existen clichés que estrangulan la creatividad y establecen lo que se puede o no se puede hacer, lo que está bien o mal visto y hasta el tipo de personalidad de los que suelen escuchar ese tipo de música. Meros prejuicios movidos por pura ignorancia que no se diferencian demasiado de los que se sostenían en siglos pasados contra los que se atrevían a salirse del redil.
A pesar de grupos de masas como The Cure o con cierto enfoque comercial a lo The Mission, la verdad es que el rock gótico o post punk nunca salió de las catacumbas del underground. Eso evidente curte en cierta manera y tales rasgos se advierten en este notable debut de este proyecto personal de Mad Pollos, antiguo integrante de Muñekos Rotos.
Un carácter artesanal parece sobrevolar en lo que respecta a producción y demás, algo de lo que reparamos de inmediato con “Bonito cual cicatriz”. El referente más inmediato que viene a la cabeza por cercanía geográfica y musical es Txarly Usher y Los Ejemplares, aunque su sonido sea más de banda de verdad con colosos en sus filas del calibre del Parálisis Permanente Rafa Balmaseda, entre otras figuras destacadas.
“Subliminal” quizás se aproxime al metal industrial del Rob Zombie más cadavérico, pese a la carga nihilista de sus letras, mientras que con “Los muertos lloran gusanos” alcanzaríamos el cénit del redondo, con frases lapidarias cargadas de rabia que se te graban en la cabeza, como esa que dice “las ratas nos acostumbramos a que no nos quieran”, ahí se nota la influencia del mismísimo Txarly Usher, catedrático absoluto en este estilo. Tenemos a un buen discípulo, sin duda.
“Jugando en el infierno” acusa el poso electrónico presente en el trabajo, importante señalar que dicho aspecto se limita a proporcionar atmósfera a los temas, no llega a desbarrar en ningún momento. En “Aurícula” lo mismo evocaremos la angustia existencial de los textos de Robert Smith que la tendencia insana de Marilyn Manson. Una simbiosis siniestra que epatará a los amantes de lo oscuro.
“Ruidovisión” apela del mismo modo a lo maquinal en un inicio, pero no tardan en irrumpir unas guitarras contundentes que añaden solidez al asunto. “Ciudad fantasma” constituye otro de los cortes destacados, con ese comienzo fantasmagórico a lo Siouxsie & The Banshees y un soberbio estribillo con bilis y desesperación a punta pala. “Siervos de la orden antisexual” pone el broche evocando lejanamente una piedra angular como el “Quiero ser santa” de Parálisis Permanente.
En definitiva, el responsable de este proyecto ha asimilado a la perfección la cultura gótica, con sus referencias fundamentales y sus guiños a clásicos del género, involuntarios la mayoría, imagino. Solo me faltaría un sonido un poco más compacto que revele también la individualidad de otros componentes, pero como carta de presentación vale de sobra. Los difuntos lloran gusanos, claro que sí, pero de alegría por tan prometedor material.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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Un comentario
No esta nada mal ambos temas como sus correspondientes videoclips para el nuevo álbum de PROYECTOPLASMA.