El asunto de la salud mental ha cobrado tal relieve en los últimos años que no resulta extraño que cada vez surjan más trabajos dedicados a esta problemática contemporánea todavía no lo suficiente normalizada. Compramos desde luego el argumento de que muchos de los valores e ideas que nos han inculcado durante generaciones no estaban destinados precisamente a hacernos disfrutar de una vida placentera, sino más bien lo contrario, pura carnaza y abono para el sufrimiento al constatar que uno no cumple con lo que la sociedad espera de él. Acabemos de una vez con toda esa mierda tóxica.
Sin duda, una importante contribución en este aspecto ha realizado el productor, compositor y multiinstrumentista Sam George en este ambicioso EP de seis canciones vertebrado en torno a la salud mental masculina, pero no desde una perspectiva general, sino ofreciéndonos diferentes instantáneas psicológicas o experiencias concretas. La depresión, la adicción, la dificultad para expresar emociones o la paternidad son algunos de los temas que se tratan en este lanzamiento que debería revolucionar la escena en cualquier mundo justo.
De esta forma, la paradoja de que la esperanza pueda convertirse en una fuente de frustración y desgaste prevalece en “Hope is a Hell of a Drug”, una especie de inversión respecto a la repetida noción de que esta cualidad es lo último que se pierde. A nivel musical, se trata de una especie de metalcore muy aperturista, con partes ambientales que simbolizan una posible salida y fragmentos más contundentes como puro reflejo del conflicto del protagonista.
Y si en la pieza anterior teníamos una adicción en el sentido metafórico, “Black Sugar” emplea directamente el lenguaje de la dependencia y la autodestrucción, pues saber que algo es malo no implica que se pueda abandonar con facilidad. La combinación de electrónica, metalcore y ritmos cercanos al hip hop es probable que recuerde a bandas tipo Enter Shikari o Sleep Token. No en vano diría que esta última podría ser una de las grandes inspiraciones de este trabajo.
“La sombra” aborda el duelo por la pérdida de alguien en uno de los cortes más cinematográficos del redondo al alternar pasajes ambientales con metalcore y elementos orquestales y transmite la idea de que un recuerdo puede tornarse hermoso durante unos segundos antes de transformarse en algo devastador.
“Monolanguage”, por otra parte, incluye melodías orientales con una letra soberbia que reproduce a la perfección la sensación de una persona funcionando mediante instrucciones, con el trabajo y la actividad constante como mecanismo de evasión. Brillante en este sentido el original recurso de utilizar frases entrecortadas para representar esa suerte de diálogo interno.
“Father Asphyxia”, con un título muy gráfico, refleja la pérdida progresiva de identidad que puede suponer una responsabilidad, en este caso, la paternidad. En el plano musical, es otra apabullante demostración de talento, con una atmósfera casi futurista al inicio a la que se van sobreponiendo diferentes capas hasta estallar en un clímax caótico.
Y el cierre llega con “Quiet Quit”, que reinventa una expresión asociada al mundo laboral y la transforma en el concepto de dejar de participar en la propia vida. Mediante un diálogo interno constante, que a veces en los momentos más melosos podría incluso recordar a Linkin Park, se refuerza el carácter circular del álbum en un epílogo perfecto. Es el final lógico del camino, que no termina con una respuesta o una conclusión moral edificante, sino como una lucha abierta por mantenerse a flote.
Parece mentira que una obra maestra de semejante calibre haya salido exclusivamente de la mente de una sola persona. Si adoras la impresionante versatilidad de Poppy o Sleep Token, ya estás tardando en descubrir a este inconmensurable artista capaz de crear una auténtica sinfonía en la que cada elemento no se encuentra al azar, sino que responde a una función o representación psicológica. Toda una joya.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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