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The Beautiful Love

Maldito Records (2020)

Por: Alfredo Villaescusa

9.5

Hay determinados trabajos que es necesario afrontarlos con cierta amplitud de miras. Parece una chorrada, pero no lo es tanto en una época en la que abundan sectarios de un bando u otro y se zurra sin compasión a todos aquellos que se apartan de esa doctrina oficial con la que nos bombardean un día sí y otro también. Ojo, que no se trata tampoco de convencer a nadie, que cada cual piense lo que quiera, sino de reivindicar la tan amenazada libertad de expresión. Quién nos iba a decir que a la ridícula censura franquista que tapaba besos y escotes le sucedería un tribunal de orden público en las redes sociales con idéntico fin y métodos.

Hace falta, por tanto, una mínima versatilidad de gustos para afrontar esta maravilla que han sacado estos músicos malagueños que deben estar en el momento cumbre de sus carreras, a tenor de lo que podemos escuchar en este brillante debut. Todo un ejercicio de estilo y muestra de una marcada personalidad con tantas facetas como palos nos encontramos aquí, pues lo mismo abordan el rock n’ roll enérgico que la samba, el ska o el swing, entre otras cosas. No en vano cuentan con colaboradores tan variopintos como Mamen Rodrigo de Las Vulpes o el pianista de latin jazz Daniel Amat. Superen eso, señores.

Centrándonos ya en el contenido, este soberbio redondo se inicia con “No nos vemos”, un inicio apabullante con ecos de Los Rodríguez más macarras y alcohólicos, aparte de contar con solos al tuétano, una letra desgarrada cual esparto y la ayuda a los coros de la cantante de “Me gusta ser una zorra”. Enorme, para entonarla a grito pelado tras una despechada borrachera. “Amor de hostelería” oficia del mismo modo a un nivel estratosférico, con ambiente swing de tugurio humeante y metáforas gastronómicas para quitarse el sombrero ante Ramón Ramone, vocalista y autor de esas palabras que se nos clavan en el corazón, un puto artista de los pies a la cabeza. La sutil tarea de los instrumentos de viento es también magistral.

“Sangre” conserva el halo Rodríguez o Calamaro en la voz, aunque las trompetas nos acercan a una suerte de ska reivindicativo, mientras que echan el freno en “Por qué” sin perder ni un ápice de elegancia, atentos al espectacular solo de guitarra o a esa excepcional combinación de tonos masculinos y femeninos. Una atmósfera funky preside “Donde acaba el alquitrán”, con gloriosas explosiones de vientos y hasta un lejano aire a M-Clan. Y “La leyenda de Pedro El Cabrero” pone la mira hacia el rock transgresivo en la estela de Extremoduro, antes de subir otro escalón en crítica social en “El pie en la pared”, que funciona a un incesante ritmo de locomotora a lo ZZ Top o AC/DC. “Mutantes” evoca chiringuitos, playas y canícula estival sin desmelenarse demasiado, pero recuperan ímpetu enseguida en “Calor”, otra letra de las de quedarse ojiplático y con la combinación de voces masculinas y femeninas partiendo la pana una vez más. Pese a lo animado de su título, “Carnaval” no resulta para nada un derroche de alegría, más bien al contrario, con las cuerdas vocales de Ramone casi arrastrándose por el suelo antes de insuflar una última exhalación de aire ska. Que atruenen esas trompetas.

Un derroche de talento en bruto que no debería pasar desapercibido para todos aquellos a los que no les asustan las etiquetas ni se levantan pensando si hoy son más o menos heavys o rockeros que ayer. Esto es una auténtica obra maestra desde cualquier perspectiva posible. Y no hay más vuelta de hoja.

Alfredo Villaescusa
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