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Musa

Maldito Digital (2021)

Por: Alfredo Villaescusa

9

Cuando se hacen las cosas con ganas y la inspiración requerida se cuida hasta el más mínimo detalle. Hablamos de esos trabajos que parecen casi cincelados a mármol, a la manera de los escultores clásicos, y en los que se nota que todo es producto de una ponderada meditación. Nada se deja al azar. Pasión por el detalle al extremo.

Tales sensaciones nos evoca de primeras este espectacular álbum (a la venta el próximo 7 de septiembre) de este interesante proyecto dirigido por Alberto Díez en el que a las habituales influencias neoclásicas se ha incorporado cierto regusto por el rock sinfónico vía Pink Floyd. Y eso se consigue sin descuidar tampoco la faceta rockera, y en ocasiones hasta metalera, que sigue presente en un prodigioso conjunto que a veces parece un ejercicio de estilo.

En este sentido, tras una pomposa intro para entrar en materia, “Musa (primer movimiento)” apela al intimismo, en un comienzo con indisimulado protagonismo del piano, antes de que otros instrumentos hagan su aparición y aquello se convierta en un conglomerado de considerables proporciones. Ni que decir tiene que la voz femenina aporta el misticismo necesario, al igual que los tonos masculinos, pese a que a veces con letras de este tipo es inevitable no pensar en Héroes del Silencio.

Pero esta propuesta tan personal en realidad tiene más que ver con grupos tipo Dead Can Dance, algo que también queda patente en “Musa (segundo movimiento)”, aunque con la acústica del inicio vuelvo a pensar en composiciones de ‘El mar no cesa’ de Bunbury y compañía, perdón por la insistencia. Da igual, se parezca a lo que se parezca, se trata de una pieza tremenda, con ínfulas de rock progresivo, poso neoclásico y hasta acelerón en la parte final.

“Estrella fugaz” suena mucho más bucólica y crea una atmósfera de resabios medievales muy conseguida a través de la alternancia de tonos masculinos y femeninos. “Hasta que sueñes conmigo” revela el lado más metalero del redondo y no sería descabellado acordarse de Paradise Lost y otras formaciones de gothic metal. Seguramente sea la mejor canción del disco, pero no queremos quitar mérito a otras opciones en una obra tan equilibrada en la que lo único malo es que se haga tan corta.

“Musa (tercer movimiento)” cuenta con un comienzo que casi te obliga a prestar atención antes de alzar vuelo neoclásico y de que las guitarras adopten la solidez necesaria. Atentos al torrente épico de los últimos minutos.

“Onírico MMXX”, por su parte, se trata de una nueva versión de un tema antiguo con cierto aire Deine Lakaien, mientras que la consabida “Outro” nos aporta un oasis de tranquilidad para marchar en paz.

En definitiva, este no es un álbum para agitar melenas como si no hubiera un mañana, sino más bien algo más emocional, pero que también apela a las entrañas. Ideal para esos momentos en los que el cuerpo te pide sosiego y a la vez maravillarte por los pequeños detalles como si fueras Marcel Proust. No importa si te encuentras concentrado estudiando, de resaca, o incluso fumando hierba. Lo veo. Cualquier manera de llamar a las musas es válida.

Alfredo Villaescusa
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