La voluntad de hacer música con otra gente y no ceñirse a un estilo concreto constituye el núcleo de La Rueca de Moira, banda emergente que se mueve entre el rock progresivo y el folk tradicional, una propuesta quizás no apta para estos vertiginosos tiempos que exigen asimilar las cosas de un plumazo, sin pararse ni siquiera a reflexionar sobre lo visto y oído. Para ir todavía más a contracorriente, mencionemos que incluyen versos de Calderón de la Barca o Antonio Machado, un detalle sibarita que tampoco abunda en uno de los países de Europa con peores resultados en comprensión lectora.
Por esto último se antoja más que pertinente un lanzamiento tan ambicioso como ‘Superficie incierta’, una suerte de relato de iniciación en forma de EP de seis canciones con importante peso conceptual. La presencia de dos violas aporta además un toque inequívoco de personalidad dentro del rock progresivo, con partes instrumentales realmente conseguidas.
La introducción “Fuego, Tierra, Mar y Viento” ya nos pone en aviso de que existe un concepto alrededor de los cuatro elementos, así como de la importancia de las imágenes relacionadas con la naturaleza. Lali Graum, la abuela de una de las componentes, es la encargada de recitar unos versos de Calderón de la Barca para ir metiéndose en harina.
“Veleros” podría considerarse una de las piezas centrales del redondo al transmitir la idea de lanzarse a lo desconocido sin importar las consecuencias. El mar se convierte en una metáfora de la existencia por las infinitas posibilidades que ofrece, pero también porque no sabemos lo que realmente nos deparará. Vivir según las propias normas que considere cada uno nunca fue tarea fácil, para eso es necesario alejarse de muchos puertos seguros y soportar demasiadas inclementes tormentas.
“Pájaros” se torna todo un cántico para almas libres, mientras que “Senderos” cambia el agua por la tierra firme y enfatiza la aventura de buscar nuevos caminos simplemente por el placer de descubrirlos, al tiempo que subraya la importancia de disfrutar durante el trayecto. Seguro que no son pocos los que imaginan que solo se puede andar con un propósito concreto, sin entender que también podría ser una manera de encontrarse con uno mismo. Atentos al giro festivo que se incorpora hacia la mitad del tema, para que nadie diga que aquí solo se habla de penurias.
“Arde” no requiere demasiadas explicaciones al margen de ese expresivo título que incita a pasar a la acción, dejar de ser un mero espectador y transformarse en pura fuerza motriz, arrolladora. Y “He andado por muchos caminos” recurre a la poesía de Antonio Machado, a la que otorgan un aire rumbero y arrabalero que le sienta divinamente. Un maravilloso epílogo que obliga a mirar atrás, pero no con resquemor, sino con la nostalgia del que ha vivido experiencias imborrables.
Un trabajo muy prometedor de una banda que parece estar buscando su propio lenguaje, diversificándose como un río en diferentes afluentes, pero sin perder de vista su esencia antes de confluir en el mar. Podría citar nombres como Jethro Tull, Triana o Gwendal para intentar definir su rollo, pero probablemente se perdería algo de su apabullante personalidad. Para seguir su pista muy de cerca.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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