Madness Live!

Arctic Monkeys

Tranquility Base Hotel & Casino

Domino (2018)

Por: Alfredo Villaescusa

10

Allá por los años 40 la juventud neoyorquina de la época se reunía en el Stork Club, el garito de moda en el que un afectado Truman Capote diseccionaba al personal ante la mirada extasiada de tres chicas hijas de millonarios o reputados dramaturgos a las que él llamaba “mis cisnes”. Pero un tipo rompió la barrera de la timidez y se acercó hasta aquella mesa en la que en principio no aceptaban a cualquiera. Ahí se encontraba Oona O’ Neill y el osado respondía al nombre de J.D. Salinger, conocido posteriormente a nivel mundial por la obra ‘El guardián entre el centeno’. Se enamoraron y salieron durante una temporada no muy larga, pero ese encuentro cambiaría por completo la vida al huraño escritor.

Todo este rollito cultureta viene a cuento de que el esperado regreso de Arctic Monkeys evoca por completo esos bares de antaño en los que al salir te cegaba por completo el sol. Un disco para tipos guays, encantados de haberse conocido, de esos que tiraban el abrigo al aire como si el mundo les perteneciera, se encendían un pitillo y pedían un copazo contundente, nada de insustancialidades de peché o similares. Desde la primera a la última canción todo desprende un aire vintage, de un tiempo sin ofendidos, un tiempo en el que la gente se miraba a los ojos y encontrarse en un lugar implicaba una casualidad cósmica mayor que apuntarse a un evento en las actuales redes sociales.

Si ‘AM’ dejó el listón por las nubes a un nivel compositivo que quizás no vuelvan a superar en lo que les quede de trayectoria, este álbum no resistiría la comparación si uno lo juzga bajo ese mismo prisma, porque no tiene absolutamente nada que ver. Una auténtica declaración de intenciones se antoja “Star Treatment”, con ese aire a medio camino entre el jazz o el Bowie más soul de la época de ‘Young Americans’ mientras Alex Turner confiesa que tal vez fue “demasiado salvaje en los setenta” o alude a una “policía del Martini”. Clase impecable. Esto no es para desgarbados.

“One Point Perspective” posee un tono nostálgico, así de despedida sin mirar atrás, aunque te carcoma profundamente por dentro. Y “American Sports” sirve de puente sin perder la compostura hacia la homónima “Tranquility Base Hotel & Casino”, una pura colisión de cuerpos sensual hasta la extenuación. Sin despegarnos de esa senda, bajamos hasta donde un leve roce provoca la combustión espontánea en “Four Out Of Five”, un acto sexual en forma de canción.

Pero esto no se trata de simples meneos sin ton ni son, de ligoteo barato de Tinder o cualquier mierda similar, sino de algo que se te va subiendo poco a poco a la cabeza y provoca un efecto embriagante igual al de un buen vino selecto. Eso lo consigue el poso psicodélico de “She Looks Like Fun” y en “Batphone” ya te das cuenta de que empiezas a estar muy mal de lo tuyo porque miras el móvil cada dos minutos y la imagen no se te despega ni con aguarrás. El cigarrito de después llega con “The Ultracheese”, una delicada pieza de piano que evoca ese fatídico momento en el que se encienden las luces.

Ya decían en ‘Martín (Hache)’ que hay que “follarse a las mentes”. Pues este disco es precisamente para eso, para ponerse una venda en los ojos y entregarse al deleite. Para meterla hasta el fondo. Un impresionante tratado de seducción. Un auténtico manifiesto sapiosexual. Touché.

Alfredo Villaescusa

Alfredo Villaescusa

Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
Alfredo Villaescusa
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  • Spleen de Valdivia

    Me encantó el disco aunque tilden a turner de crooner, es el crooner que el posmodernismo estaba esperando. Un disco delicado y exquisito, de otro tiempo pero actual, si es que el oximorón permite tal disquisición. 9/10 for me!