Nueva entrega, y ya son 21, de esta serie siempre interesante en la que recordamos por partida doble grandes canciones de la historia del rock. Si anteriormente apuntábamos a las versiones que unirán para siempre a Fito & Fitipaldis con Los Rebeldes, a AC/DC y Accept o a Héroes del Silencio y Más Birras, aunque el paso del tiempo haya hecho que se identifiquen más con unos que con otros, ahora es el momento de recordar cómo los más salvajes hijos del Sunset Strip hicieron suya "Smokin' in the Boys Room”, una canción que se había publicado una década antes de que Mötley Crüe la incluyera en ‘Theatre of Pain’ en 1985.
Los cardados imposibles, el maquillaje, las mallas, el cuero y la chulería macarra de unos Mötley Crüe en una de sus etapas más controvertidas, sobradamente retratada en ‘The Dirt’ con el grave accidente de Vince Neil y los excesos de Nikki Sixx y compañía, puede ser lo primero que se venga a la mente al hablar de "Smokin' in the Boys Room”, y lo segundo sería su icónico videoclip con el actor Michael Berryman como aterrador director del instituto, ya que se trata del single que presentó al mundo el tercer disco de la banda, el por otro lado muy exitoso ‘Theatre of Pain’.
La canción podría considerarse incluso el kilómetro cero del definitivo ascenso de la banda más allá de las fronteras del rock, ya que supuso su primera entrada en el Top40 norteamericano, alcanzando un meritorio decimosexto puesto… pero la canción no era suya. Esta banda sonora de las rebeliones escolares de los ochenta ya había sonado con fuerza una década antes.
El origen nos lleva al boogie de Michigan
Para rastrear el verdadero nacimiento de esta magnética y arrebatadora composición hay que viajar hasta 1973. Los padres de la criatura fueron Cub Koda y Michael Lutz, las mentes maestras detrás de Brownsville Station, banda de Michigan abonada al boogie rock más excitante y canalla, lo que en actitud no estaba tan alejado de los de Nikki Sixx.
La descarada “Smokin' in the Boys Room” cerraba el disco ‘Yeah!’, que también era el tercer disco para los de Cub Koda, y llegó a alzarse hasta el tercer puesto las listas norteamericanas. En su letra ya encontrábamos el reflejo de la adolescencia de la época y su conexión con la de todas las generaciones: la épica de burlar la autoridad, en este caso del instituto, para fumar en los baños de los chicos.
El zarpazo de Mötley Crüe
Cabalgando la primera ola de su éxito desde la escena underground gracias a sus primeros lanzamientos, especialmente con un ‘Shout at the Devil’ que los puso en 1983 en el punto de mira de todo rockero que se preciara de ello, todo parecía conducir a toda velocidad hacia un barranco tras el citado accidente que le costó la vida a Razzle de Hanoi Rocks y con Sixx escribiendo sin saberlo las páginas de lo que décadas después serían unas jugosas y salvajes autobiografías.
El golpe de efecto que transformó esa espiral de autodestrucción en la conquista de los grandes medios y el público en general sin perder un ápice de su peligrosa reputación y actitud callejera iba a llegar en forma de versión primero, y de gloriosa balada después.
Con el productor Tom Werman a los mandos, la guitarra de Mick Mars y el bajo de Sixx empezaron a transformar el sonido boogie original en distorsión, filo y hard rock de la época, a lo que se sumaban la pegada de Tommy Lee y la mina de oro que tenía Vince Neil en la garganta.
El estallido definitivo con la MTV
No pasa desapercibido que la canción original llegara al número 3 de las listas y la de Mötley Crüe se quedara en el 16, pero en aquel momento la diferencia la marcaba la poderosa influencia de la MTV, donde “Smokin' in the Boys Room” entró como un tiro en la rotación de la cadena. La versión original quedaba sepultada casi totalmente para toda una generación que devoraba la música por los oídos y por los ojos.
El definitivo asalto de Mötley Crüe al gran público culminaba unos meses después, a finales de septiembre de 1985, con el lanzamiento como single de “Home Sweet Home”, otro clásico que la banda cosechaba con este tercer disco.
Otro detalle de la repercusión de la canción fue que formó parte de la banda sonora de “The Wraith” (El ejecutor o El aparecido según el país), película dirigida por Mike Marvin y protagonizada por Charlie Sheen, en cuya lista de canciones también aparecen Ozzy Osbourne, Ian Hunter, Bonnie Tyler o Billy Idol.
Una jugosa versión que contentó a ambas partes
Como curiosidad, cabe señalar que el propio Cub Koda, fallecido el 1 de julio del 2000, nunca tuvo el más mínimo reproche hacia el “préstamo” a los californianos. Todo lo contrario. Koda, que en la época en que Mötley Crüe publicó la versión ya ejercía como crítico e historiador musical en medios como Goldmine, confesó en varias ocasiones con sorna en sus textos que esta era su versión favorita por una razón: el cheque de royalties por las millonarias ventas de 'Theatre of Pain' fue sustancialmente mayor que todo el dinero que vio jamás con la grabación original de Brownsville Station.
De hecho, cuando los propios Mötley Crüe le invitaron a tocar el tema con ellos en directo durante su parada en Detroit en la gira de 1985 y vio a miles de jóvenes de la era MTV cantar su letra con devoción, declaró: “Me sentí exactamente como Chuck Berry”.
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