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Bob Dylan y la orquesta del Titanic

1 abril, 2020 7:51 pm Publicado por  3 Comentarios

“Stay safe, stay observant and may God be with you”. 

Eso decía Bob Dylan en sus redes sociales hace unos días, y eso parece transmitirnos a través de su última canción: “Murder Most Foul”. Una canción -un poema musicado, más bien-, en el que Dylan nos recita la historia de Estados Unidos. De unos Estados Unidos que puede que estén llegando a su fin tal y como los conocemos, dejando de ocupar ese lugar de potencia mundial que ostentaban desde que, tras la Segunda Guerra Mundial, colonizaron -cultural y económicamente- el mundo.

Y parece que es a ese mundo al que le canta Bob Dylan. Su mundo. Un mundo, el del siglo XX, que se acaba. De hecho, puede que ya haga un tiempo que dejó de existir - ¿1989?, ¿2001?, ¿2020? -. Y parece que es desde ese mundo desde el que nos habla el bardo de Minnesota. Más bardo que nunca. Más trovador que nunca. Dylan se rodea de fantasmas en esta pieza de casi diecisiete minutos; se rodea de una orquesta espectral que toca mientas el Titanic se hunde; mientras el mundo parece dejar de girar.

Es el mismo Dylan melancólico que nos cantaba, desde un lounge fantasmagórico, unas canciones del Great American Songbook en los huesos, que sonaban como los ecos de una época que ya no volverá. En “Murder Most Foul” la voz de una generación vuelve a serlo, pero transformada en una “voz en off”, que, desde ese mismo lounge espectral, nos cuenta la historia de una década, la de los sesenta, que ya no volverá. La de una América que ya no volverá. La de un mundo que ya no volverá.

La canción, de hecho, parece a su vez un eco de las canciones de los sesenta de Dylan. Con diálogos que recuerdan a los de “Highway 61 Revisited”, pero despojados de la urgencia anfetamínica; de la prisa de un Robert Zimmermann que huía desesperadamente de Bob Dylan. Aquí se suceden las retahílas de rimas con referencias a la cultura popular, como en “Subterranean Homesick Blues”, pero la amenaza ya no reside en la rapidez con que son recitadas, si no en una calma desasosegante, acompañada de un tenue ritmo apocalíptico.

No es difícil imaginarse al viejo Dylan sentado al piano, interpretando esta pieza, rodeado de personas vestidas de negro en uno de esos velatorios en casa tan típicos de la cultura anglosajona, en los que los familiares y amigos comparten anécdotas del fallecido. Aunque el tema arranque con el asesinato de Kennedy, aquí en realidad se está celebrando un funeral por la década de los sesenta y, quizá, por el propio Dylan, al menos, por el de pelo enmarañado y gafas oscuras.

A lo largo de la canción, Dylan nos cuenta la historia del asesinato de Kennedy, describiendo el día en que sucedió, y entrelazándolo con hechos y diálogos de personajes que tomarían relevancia a lo largo de la década que acababa de nacer, y que parecía llegar a un abrupto final aquel veintidós de noviembre de 1963, el mismo día que se lanzaba, paradójicamente, A Christmas Gift For You, el legendario álbum navideño de Phil Spector.

Los americanos no estaban de humor en aquel momento para los alegres clásicos pop de las Ronettes y Darlene Love, pero poco a poco volverían a estarlo, como lo estuvieron a lo largo del decenio para el “I Want To Hold Your Hand” de los Beatles -que capitanearon una invasión británica por la que también se colarían los Who-, que dominaron aquella década culminada a la vez pacífica y violentamente, por el cielo lisérgico de Woodstock y el infierno motero de Altamont. Todos estos elementos están presentes en la narración, junto con los nombres de viejos bluesman y composiciones de otros tiempos, conformando un sustrato rico y profundo, en el que las raíces de la cultura norteamericana se entrelazan con los mayores logros y fracasos de una sociedad marcada por su enorme bipolaridad.

Incluso el título del tema encierra su propio significado. “Murder Most Foul” fue también el nombre de una película de 1964, tercera de una serie de cuatro producciones de la Metro-Goldwyn-Mayer, protagonizadas por la detective entrada en años Miss Marple, salida de las novelas de Agatha Christie. En el film, Miss Marple investiga el caso del asesinato de la Sra. McGinty, cometido para todo el mundo por uno de sus inquilinos, pero no para Miss Marple, que tratará de dar con el verdadero culpable. Si cambiamos el nombre de la Sra. McGinty por el de John F. Kennedy, en la canción de Dylan, Miss Marple bien podría haber estado buscando al verdadero ejecutor del presidente, pues la tesis oficial de que el único autor material del crimen fue Lee Harvey Oswald, siempre estuvo rodeada de preguntas sin resolver y teorías de la conspiración. Como Dylan, que siempre ha estado rodeado de ese halo de misterio. Como esta canción, que no sabemos si habla de una época ya pasada, o si acompaña un tiempo que se marchita, pero que, sin duda, nos devuelve al Bob Dylan que refleja en sus canciones los tiempos que están cambiando. O quizá, simplemente, es que sus temas atemporales y crípticos, siempre reflejan aquello que siente el que los escucha.

Ismael Molero
@lachozadelrock

He aquí la primera canción en ocho años de Dylan, lanzada por sorpresa:

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