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Al-Namrood, la sorprendente banda de black metal de Arabia Saudita que se juega la vida desafiando la ley de su país

26 junio, 2020 2:04 pm Publicado por  2 Comentarios

Llevan en activo desde 2008, grabando poderosos discos de black metal sinfónico con letras frecuentemente contestatarias y antirreligiosas, y editándolos con una buena producción desde la más absoluta clandestinidad. Lo hacen en un país donde impera un régimen totalitario basado en una estricta interpretación de la ley islámica que viola sistemáticamente los derechos humanos y sigue atentando directamente contra la igualdad de género pese a los tímidos avances en los últimos años. Su nombre es Al-Namrood, que viene a significa en árabe “no creyente” y hace también alusión a un rey que gobernó tiránicamente Babilonia y desafió al creador del universo según las religiones monoteístas.

Su vigencia es absoluta, tanto como que el pasado 22 de junio ha visto la luz ‘Wala’at’, nada menos que su séptimo disco de estudio de larga duración. Como los lanzamientos anteriores, el nuevo disco ha sido editado por el sello canadiense Shaytan Productions, especializado en el metal extremo de oriente medio, y lo cierto es que suena evocador y demoledor a partes iguales, con devastador black metal y blackened death metal, y envolventes melodías que no renuncian a cierta inspiración arabesca.

Al calor del lanzamiento, la banda ha explicado en su Facebook el significado que porta consigo: "Hoy está marcado por el lanzamiento de nuestro séptimo disco de larga duración, titulado 'Wala'at' o "Lealtades". Queremos agradeceros a todos el apoyo que nos dais. Este trabajo está dedicado a aquellos que pueden ver que una lealtad absoluta a una ideología, un concepto o unos iconos es la causa raíz de un sistema liderado por un rebaño. Pensamos que el fenómeno de la lealtad está enraizado en un sentido de protección y necesidad de pertenecer a algo, regido por el miedo, la inseguridad y la ignorancia de la capacidad de uno mismo. Por supuesto, está creado por un poder abrumador, para convencer de que o tienes algo o alguien a quien seguir o te quedas en abandonado en agonía. Hemos creado este álbum para articular la causa y efecto de este estado; la música lo dirá todo. Salud a todos vosotros que habéis sido capaces de desviaros del rebaño sistémico y crear vuestro propio camino".

Desde luego, si hay un lugar donde es tan difícil como jugarse la vida militar en una banda de black metal, máxime cuando sus letras tienen un componente explícitamente antirreligioso, ese es Arabia Saudita, donde de ser identificados, los componentes de Al-Namrood podrían enfrentarse a la pena de muerte.

“Estamos hartos de la religión. La realidad es que todo cuanto está conectado con ella nos provoca náuseas”, señala el guitarrista Mephisto en una entrevista con Vice publicada cinco años atrás. Para él, el pseudónimo va más allá de ser un recurso artístico: es un salvavidas. No hay publicadas fotos en las que se les identifique bien, y ni siquiera sus familias saben de sus dedicaciones musicales. Es una cuestión de vida o muerte. “Llevamos haciendo esto desde la infancia. Es decir, hemos tenido una perspectiva diferente a la del resto de nuestra sociedad desde una edad temprana, y hemos aprendido que compartir estas visiones no es factible para nosotros. Algunos de nosotros nos hemos esforzado en encajar y compartir nuestros pensamientos, pero terminamos pasando tiempo en la cárcel, así que el estilo de vida de estar mentalmente aislados de lo que nos rodea empezó muy pronto. En lo que respecta a nuestro enfoque musical, simplemente extrapolamos la misma metodología”, comenta el hacha saudí.

Expresarse con su música, aunque sea desde las catacumbas de lo ilegal, es para ellos una suerte de necesidad: “Hablé personalmente con un psiquiatra y me aconsejó que cualquier cosa que me exaspere la tengo que expresar. Así que aquí estamos, expresándonos. ¿Qué puede ser más motivador que vivir en un lugar en el que todo está controlado por la religión? Básicamente, los individuos aquí no tienen derecho a hacer nada. Somos propiedad de la ley islámica (sharía). Todo cuanto hacemos ha de estar justificado por el islam y ha de ser conocido por la sociedad. Hay dos monstruosos poderes: la religión y nuestra sociedad. Ambos interactúan y se retroalimentan”.

El guitarrista y bajista no se corta a la hora de arremeter contra el paradigma social que impera en la restrictiva y anacrónica Arabia Saudita: “Aunque hay mucha hipocresía, se ha demostrado que la gente local está muy de acuerdo con el sistema islámico. Por ejemplo, en el Islam, la música está generalmente prohibida, pero las personas musulmanas la escuchan con la base de que “Dios perdona”. Pero cuando se trata de la libertad de elección, “Dios nunca persona”. Todo está elegido para el individuo, desde el nacimiento hasta la muerte. Un niño nace y es criado para convertirse en musulmán y nunca se le da la elección de fijarse en otras religiones”. 

Aunque ellos se desviaron del camino sellado y persiguieron su sueño de confeccionar una banda de metal extremo con todos los riesgos que ello conlleva, la educación desde los primeros pasos en su país es un condicionante del que son muy conscientes. “Un niño nace y es criado para convertirse en musulmán, y no se le da la opción de fijarse en otras religiones. La educaciónestá altamente sesgada y enfocada en el mundo islámico. No hay oportunidad de considerar múltiples puntos de vista. La única visión que se puede adoptar es la de la tradición conocida y la práctica religiosa aprobada. La libertad de expresión es un crimen, justificado por el hecho de que “puede alterar la paz”. Incluso en el matrimonio, tú no puedes elegir a tu pareja. En vez de eso, los más mayores la eligen por ti. Ese enfoque social mezclado con el control religioso se practica normalmente en nuestro país sin objeción”, relata Mephisto a Vice. En un reciente post de Facebook, donde sus proclamas antisistema no son una rareza, expresaron sin cortapisas que "la religión es la locura legalizada".

Los miembros de Al-Namrood se familiarizaron con el metal de manera gradual empezando por los clásicos y orientándose cada vez más hacia el metal extremo y, en particular, el black metal, por hincapié en “la irracionalidad de la religión”. Los álbumes los compraan en países vecinos y los meten de contrabando en Arabia Saudita, y tienen una visión más amplia del mundo gracias a los libros prescritos que algunos “amigos locos” les ayudaban a conseguir, si bien con la llegada de internet se abrieron de par en par las ventanas hacia el mundo exterior. El punk tampoco les es ajeno, como demuestra la siguiente versión de un clásico de The Exploited.

Es obvio que formar parte de una banda de black metal con letras antirreligiosas es mucho más sencillo en Europa o América, en países con una tradición religiosa cristiana pero con una presencia de la iglesia mucho menos coercitiva e imperante en la vida cotidiana. A pesar de los pesares, que se lo digan a Nergal, el líder de Behemoth. Dada esta circunstancia, siempre va a saltar a la palestra la manida queja del hecho de que las bandas de black metal de este hemisferio arremetan contra el cristianismo y no contra el islam. Pero Mephisto lo entiende y pone un poco de sentido común: “Simplemente es porque no lo han experimentado. El cristianismo hoy en día es pasivo. La iglesia no controla el país”.

No obstante, el guitarrista de Al-Namrood puntualiza: “Pienso que cualquier furia que la gente tenga contra la iglesia no puede compararse con los regímenes islámicos. Puedes criticar la iglesia al amparo de la libertad de expresión en los países europeos, pero no puedes hacerlo en los países de Oriente Medio. El sistema no te lo permite. El islam ha infligido más autoridad en Oriente Medio que en ningún otro lugar del mundo. Incluso la política tiene que estar alineada con la sharía”. Mephisto denuncia que eso siguiera ocurriendo en 2015, cuando la entrevista tuvo lugar. Si bien desde entonces ha habido algunos avances hacia la apertura en su país, el camino por andar aún es largo y tortuoso. “Sabemos que cuatrocientos años atrás, la brutalidad ocurría en nombre de la iglesia, pero lo mismo está pasando ahora mismo, en esta época, con el islam”, comenta.

Ahora que su nuevo álbum, el imponente ‘Wala’At’ está ya en circulación, uno se pregunta cómo logran grabar sus discos. Así lo explicó Mephisto a Vice hace un lustro: “Los obstáculos son más que colosales, es como vivir en una cueva y demandar electricidad. En países islámicos radicales, la música está considerada un crimen por la ley islámica. Vivimos nuestra vida en aislamiento. Básicamente, nuestra identidad está oculta y nuestros intereses musicales se mantienen en máximo secreto. Es arriesgado, y el riesgo se vuelve mayor si queremos publicitad nuestra banda. De todas formas, los obstáculos no se reducen a los aspectos sociales. También, la carencia de disponibilidad de equipamiento musical decente es un problema, y meter ese equipamiento musical al país puede ser un problema”. Así las cosas, resulta aún más admirable lo que han logrado y siguen logrando.

De conciertos en directo, ni hablar. Podrían acabar de la peor de las formas: “Es imposible porque son ilegales. Podríamos ser sentenciados a muerte si los hiciéramos”, zanja Mephisto.

En cualquier caso, Al-Namrood no reniega de las raíces musicales de su tierra, y a las letras, que versan sobre la cultura preislámica en Arabia – relatada como una época oscura por el discurso oficial – y sobre algunas fábulas árabes medievales, se suma el empleo de algunos instrumentos tradicionales, cuya armonización con el black metal es todo un reto. “Cuando componemos una canción, podemos contemplar que en una parte en particular se puedan usar instrumentos árabes, como el laúd o el qanun. Lo complicado es descifrar cómo combinar el cuarto de tono con la afinación de guitarra. Una vez que esta parte está terminada, el resto sale solo. No somos expertos en producción musical, solo hacemos la música que es agradable para nuestros oídos. Algunas partes simplemente surgen naturalmente, y otras requieren revisión y edición”.

Al-Namrood tienen claro que, con toda probabilidad, siempre serán únicos en su especie en su país. Su perspectiva de si Arabia Saudí tendrá una escena de black metal al uso en un futuro es del todo menos optimista: “Teniendo en cuenta la dirección que lleva el país, diría que ni en mil años”. Esperamos algún día poder hablar nosotros mismos con ellos y que, en su tierra, la libertad de expresión, la igualdad a todos los niveles y el respecto a los derechos humanos ganen enteros hasta ser absolutos. Y que, entonces, el metal florezca mucho más, porque si algo queda claro, es que la música que nos apasiona no conoce de fronteras, y nuestra hermandad trasciende mucho más allá de las absurdas barreras impuestas por religiones y políticas que tienen a la cultura en el vagón de cola.

Jason Cenador
Algún día en
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