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15 años de ‘Deliverance’: el álbum que (casi) mató a Opeth

10 noviembre, 2017 4:38 pm Publicado por  1 Comentario

‘Deliverance’ es el disco que llevó la agresividad de Opeth a un nuevo nivel, la culminación de la brutalidad que se vio acompañada a la perfección por un ‘Damnation’ que, a su vez, ejercería de perfecta base para el sonido que explorarían los suecos a través de los años. Muy probablemente fuera la improvisación y la falta de tiempo los elementos que dieron a este álbum ese sonido tan crudo y espeso, la fantástica recreación de lo que los suecos fueron en sus inicios sin renunciar a las reminiscencias más cuidadas y progresivas que álbumes como su predecesor y laureado ‘Blackwater Park’ les otorgaron.

‘Blackwater Park’ marcó un periodo de transición que, a su vez, alzó a la banda a cotas de popularidad nunca antes vistas. Refinaron su sonido sin perder una pizca de aquello que les hizo emerger del underground más extremo, sin renunciar a la agresividad de sus sonidos tan influenciados por Morbid Angel o Death (así como por banda sueca Patos, una de las favoritas del cantante, guitarrista, compositor y mente pensante de la banda, Mikael Akerfeldt).

Tras el éxito de ese trabajo y de su consecuente gira, Opeth se embarcaron en la que sería una de las grabaciones más difíciles y tensas de su historia, un despropósito organizativo que, aún así, derivó en uno de los productos más amados por los fanáticos de los sonidos más crudos de los suecos. En su desarrollo final, sería Steven Wilson, por entonces aún activo con su icónica banda Porcupine Tree, quien participaría y, en gran medida, animaría la producción de los resultantes ‘Deliverance’ y ‘Damnation’, dos lanzamientos que irían de la mano y que, juntos, darían pie a un proceso que da para cuento de terror.

Una idea doble

No se puede concebir ‘Deliverance’ sin la presencia de ‘Damnation’, dos discos cuyas ideas son tan opuestas que casan irremediablemente a la perfección. No sería otro que Jonas Renske, vocalista de Katatonia, quien propondría a Akerfeldt hacer dos álbumes cuya finalidad fuera explorar las dos facetas principales de la sonoridad de Opeth. Convencido de la idea, Mikael no se lo pensó un momento y se dirigió como una exhalación a los miembros de su grupo para convencerles de su propuesta. Si bien su respuesta fue afirmativa, tuvo algo más de trabajo al convencer a su discográfica, quienes en un inicio se mostraron reticentes a la idea de un doble álbum pero acabaron por acceder al llegar a un trato económico favorable para ambas partes –financiaron el total del trabajo como si solo estuvieran hablando de un solo disco.‘Deliverance Part I’ y ‘Deliverance Part II’, tal y como se iban a llamar ambos álbumes antes que un buen amigo de Mikael le preguntara sutilmente por el antónimo de deliverance (liberación), a lo que él contesto que damnation (condena) –y cuyo significado encantó a la banda- , se gestaron con un solo ensayo previo a su grabación, con las ideas yendo y viniendo a lo largo de los días y horas que transcurrían en el estudio y conformando así unos resultados que iban dejando perplejos a los propios miembros de la banda,.

Mientras que ‘Deliverance’, aún con las idas y venidas de melodías limpias y voces melosas propias de la banda, iba a destacar por una agresividad nunca vista en Opeth, ‘Damnation’ sería lo radicalmente opuesto a su hermano, un lanzamiento que consistiría en voces limpias en su integridad y en líneas musicales mucho más delicadas y deliberadamente pausadas. El resultado podía enfadar a la comunidad más reticente a los cambios musicales; pero Akerfeldt no les hizo caso.

Cómo destruir una banda

Pese a que el álbum fue un gran éxito comercial –de hecho-, el mayor para Opeth hasta la fecha, el proceso de su creación no fue tan agradable como los resultados nos indican. Los problemas que surgieron en la banda durante su grabación fueron muchos, desde la distancia personal entre los miembros de la banda hasta el estrés que supusieron los problemas dentro del estudio o la inicial falta de inspiración de Akerfeldt. Y es que el principal compositor de la banda reconoce que se sintió mucho más motivado con la creación de un ‘Damnation’ que suponía un soplo de aire fresco a la discografía de esos death metaleros que, ahora, empezaban a dar alguna que otra entrevista en medios generalistas.

Opeth entraron al estudio con la intención de pasar siete semanas componiendo y grabando los que serian sus dos próximos trabajos discográficos. El estudio, de los sesenta y con un equipo anticuado más típico de grabaciones de rock progresivo clásico, dio problemas desde el primer momento para desesperación de la banda. Las cintas grabadas se rompían una y otra vez, los micrófonos de la batería de Martín López se iban cambiando a antojo del productor y, en definitiva, la grabación se iba retrasando una y otra vez… y el tiempo apretaba.

“Me sentía invencible, creía que podría componer dos discos en siete semanas con un solo ensayo previo”. Y así fue como Mikael se dispuso a componer dos de sus mayores obras compositivas de noche para, al día siguiente, empezar a grabar sin descanso alguno. El sistema funcionó con ‘Still Life’ y ‘Blackwater Park’. ¿Porqué no ahora? Al final, fue evidente que la inspiración no viene siempre que la reclamas.

Y es que si a esas maratonianas jornadas de trabajo le sumas la indisposición de otros miembros de la banda, nos encontramos frente a un panorama un tanto desolador para cualquier persona que sienta la presión en el cuello tras sacar su disco más laureado de su discografía. Peter Lindgren, guitarrista y mano derecha de Akerfeldt por aquellos tiempos, decidió tomarse las sesiones de composición a su manera y no escatimó en bebida y fiestas varias mientras ‘Deliverance’ iba tomando forma, y no era hasta la mañana siguiente, cuando Martín López añadía sus partes de batería a las guitarras de Mikael, que las sensaciones del músico sueco mejoraban durante algunos momentos.

“En aquél momento no tenía nada de lo que hablar, no disfrutaba escribiendo mis letras, solamente lo hacía porque, en fin, algo tienes que cantar encima de tu música”. Pese a la falta de inspiración lírica de Mikael en esos momentos, no dejan de impresionar ciertas historias relatadas durante el minutaje de ‘Deliverance’. Y es que no es en otra sino en la misma canción que da título al disco donde nos encontramos ante la historia del secuestro de la novia de Lindgren por parte de un psicópata que amenazaba con matarla mientras se cortaba en las muñecas. Algo es algo.

Toda la diversión de estar en una banda se fue por la ventana, la angustia diaria iba en aumento y la presión por entregar el disco no hacía más que alimentar la sensación de urgencia de una banda que, por momentos, se vio al borde del abismo. Los mismos miembros de la banda han argumentado más de una vez que fue en aquel momento cuando vieron, por instantes, el final de la banda, el final de un trayecto que se vio interrumpido por los percances de una grabación desastrosa.

Por suerte para nosotros (y para ellos), la historia daría un agradable giro de guión.

Y vieron la luz

Decididos a no renunciar a su pasión musical, Opeth hicieron las maletas y se trasladaron a los Fredman Studios, donde el sistema de grabación estaba ya adaptado a los tiempos modernos y donde, además, Steven Wilson se sentiría más cómodo por el uso de Logic en el sistema tecnológico del estudio. Su entrada al nuevo estudio reanimó a la banda, dio la energía suficiente como para que los estrechos plazos de los cuales disponían parecieran los suficientes pese a las dificultades iníciales.

Steven Wilson y Mikael Åkerfeldt de Opeth

Y es que Steven Wilson se erigió como uno de los pilares fundamentales que construiría el sonido final de ‘Deliverance’ y ‘Damnation’, siendo sus aportaciones en el apartado harmónico y melódico todo un ejercicio de maestría musical al alcance de pocos. Con cara avergonzada y con la mirada de quien ha hecho las cosas mal, Opeth le entregaron las pistas que pudieron grabar en el estudio anterior; por suerte, Wilson pudo aprovechar esas pistas originales (que consistían de baterías, bajo, guitarras rítmicas y voces guturales) y empezó a darle su toque maestro a ese casi improvisado compendio musical.

La influencia de Steven Wilson va desde las harmónicas vocales hasta las líneas de la guitarra solista, desde su intención de crear pasajes lo más camaleónicos posibles hasta crear melodías al mellotrón lo más atmosféricas y frágiles posibles. Ideas como los vientos en forma de guitarra de “Wreath” o el ajuste de las voces de Mikael, que suenan, según sus propias palabras, como si estuvieran grabadas dentro de una naranja o de fuera de la ventana según convenga, hicieron del resultado de ‘Deliverance’ uno de mucho más satisfactorio para el conjunto de la banda.

‘Deliverance’, además, serviría como perfecto colofón para un tributo a la banda de pop/rock australiana The Master’s Apprentices, una de las bandas incluidas en el baúl musical del que dispone Akerfeldt y del que tira de vez en cuando para sus amables referencias –como “Goblin”, canción integrada en ‘Pale Communion’ y que recuerda a la banda progresiva italiana del mismo nombre.

Una vez grabadas todas las pistas, recurrirían al “salvador” Andy Sneap de Backstage Studios para que mezclara un álbum con sus dotes sobrehumanas. Tal y como relatan desde la banda, Akerfeldt se desentendió de todo el proceso de lo agotado que estaba, de la tensión que había acumulado durante la peor grabación que jamás había experimentado. Mientras se repetía a sí mismo que jamás alquilaría un estudio hasta que sus álbumes estuvieran completamente escritos, ‘Deliverance’ salía a la calle –‘Damnation’ no lo haría hasta un año después por decisión final de la discográfica- y tendría el éxito que tanto trabajo y angustia merecían.

El éxito de ‘Deliverance’ no solo se refleja en el legado que dejó y en la senda que marcó para la posteridad, sino que fue en sus mismos tiempos que se laureó por los Grammis suecos y por algunos galardones de la radio de su mismo país. Sería probablemente la canción que da título al álbum la que representaría de forma más fidedigna la idea final que Akerfeldt tenía en mente para semejante álbum, y es que no es extraño verla hoy en día como uno de los pilares fijos de las actuaciones en vivo de la banda.

No sería hasta 2015 que, por fin, disfrutaríamos de ambos álbumes, ‘Deliverance’ y ‘Damnation’, en una misma reedición que puliría el sonido de esos trabajos que marcarían un punto y aparte en la trayectoria de Opeth. Al final, formaban una pareja que merece ser percibida como tal, la mastodóntica (y laboriosa) creación de uno de los mayores genios que ha dado jamás el metal progresivo.

¿Tendremos alguna otra vez un doble álbum de los suecos? A eso respondió Mikael: “Me encantaría, de veras, pero con un nivel de control mucho mayor al que tuvimos durante las sesiones de grabación de ‘Deliverance’ y ‘Damnation’”. Las frenéticas tendencias de lanzamiento de los suecos no invitan a pensar en un proyecto tan ambicioso como aquel de hace quince años, y es que las compañías discográficas, al igual que pasara en 2002, tienden a evitar la sobresaturación de nuevo material por parte de las bandas. “A las primeras de cambio te meten en el bus de gira y no te dejan salir hasta dentro de dos años”. Si sigue siendo así, al menos, nos quedamos algo más contentos.

Víctor Vallespir

Redacción
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1 comentario

  • María García dice:

    Para mí el descubrimiento de \”Damnation\” es una gran sorpresa. Se ha convertido en uno de mis discos favoritos en rock progresivo.

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