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Crónica de Joanne Shaw Taylor: Un poquito de espacio

18 abril, 2017 2:25 pm Publicado por 
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Sala Azkena, Bilbao.

A un servidor nunca le gustó que le marearan. Absolutamente nada en asuntos  sentimentales y cada vez menos en el plano musical, lo bueno de hacerse mayor es que se agota de un plumazo la paciencia para aguantar mierdas de esas. Convendría recuperar a este respecto aquel concepto del espacio que defendía el gurú Kiko Amat según el cual “la canción requería espacio abierto para respirar, y solo se tocaba lo estrictamente necesario para que siguiese funcionando el ritmo, el encanto, la atracción, la succión”.

Porque una cosa es una predisposición sana hacia el virtuosismo y otra ya aburrir al personal con inmisericordes masturbaciones de mástil. Al igual que en los garitos a veces esperan agazapados sujetos para soltar la brasa al pobre incauto de turno, también existen músicos o grupos que aprovechan el púlpito que supone subirse a un escenario para vender la moto de lo maravillosos que son. Prescindan de esas demostraciones de soberbia, por favor, ya sabemos que saben tocar. Uno reflexionaba de esta guisa en varios momentos del bolo de la revelación bluesera Joanne Shaw Taylor, descubierta a los 16 por Dave Stewart de Eurythmics y apadrinada por el mismísimo Joe Bonamassa, que como es bien sabido, no se junta con cualquiera. Había notable expectación por tanto para contemplar en las distancias cortas a esta guitarrista inglesa que vive a caballo entre el nuevo y el viejo continente y que cuenta ya con hitos en su trayectoria como el haber tocado en frente del Palacio de Buckingham ante 12.000 personas.

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Jamás hubiéramos imaginado que gozaría por estos lares de tanto tirón, al conseguir prácticamente llenar la sala de un respetable eminentemente maduro y entregado a los virtuosismos varios. Un evento que sirvió además de presentación del Mundaka Festival que se celebrará en la costa vizcaína el 28, 29 y 30 de julio.

Calcando al milímetro lo que se puede escuchar en estudio, irrumpió en escena Joanne Shaw Taylor con una sólida banda de acompañamiento en la que destacaban un bajista moderno con rastas y un teclista pluriempleado que se colgaba la guitarra en ciertos temas. Con una carta de presentación tan soberbia como su genial último disco ‘Wild’, aquello debería ir más que rodado, y así fue con el rollo ZZ Top de “Dyin’ To Know”, el blues rock convencional que recuerda a su mentor Bonamassa “Nothing To Lose” o el poso soul de “No Reason To Stay”, que fue quizás de lo mejor de la velada, aunque se echaron de menos los coros femeninos de la original.

La chica hizo gala de campechanía al decir “No se os ve, pero imagino que estáis allí” y la multitud bramó para justificar su presencia. Tenía al público entregado totalmente a su causa y eso se notaba cuando se alargaba en los punteos y la peña aullaba de puro júbilo, un recurso que al principio engatusaba, pero a la larga nos provocó cierto sopor. Ese no era el caso empero de la mayoría, que seguían absortos como alumnos en plena clase magistral sus subidas y bajadas de mástil.

La guiri rubia se defendió de manera bastante decente a la voz, pese a que tampoco sonaba tan cristalina como en estudio, y acertó con un repertorio variado, si no fuera por la recurrente manía de alargar los solos casi en cada pieza, de hecho, esta sería la principal pega que señalaríamos en su recital. No se olvidó de clásicos de su carrera como la homónima “Diamonds In The Dirt” y relajó los exaltados ánimos de la concurrencia con el poso soul de “Tried Tested and True”, en la que alguno no pudo evitar soltar un “¡Wow!”.

Si tuviéramos que definir la actitud de la muchedumbre, recurriríamos a la vieja expresión de “Así se las ponían a Fernando VII”, utilizada para esas partidas de billar que siempre ganaba el monarca absolutista a pesar de ser un patán en dicho juego. En este sentido, el talento de Joanne Shaw Taylor estaba fuera de toda duda, pero la predisposición favorable de los fieles es evidente que engrandeció un bolo que en realidad tampoco había sido para tanto.

Con la escasa luz de la sala, pidió además a los asistentes que no sacaran fotos con flash, no le costó recrear la atmósfera idónea para el blues de garito, pese a pasarse de frenada virtuosa en determinados momentos, como hemos dicho. Pero la cita fue de menos a más y en la parte final nos deleitó hasta con una parte a capella que fue recibida con gritos de “¡Madre!” o un “Wanna Be Your Lover” en la que recordó incluso a Glenn Hughes o al supercombo Black Country Communion.

No perdió empaque con “Ready To Roll”, otra muestra de su reciente ‘Wild’ que sirvió para romper la dinámica e insuflar ánimos a los que habíamos venido a escuchar canciones. Y sin duda uno de los momentos más memorables fue su monumental versión de casi ocho minutos del “Wild Is The Wind” de Bowie, cantada con una intensidad similar a la del Duque Blanco y provocando una cascada de aplausos cuando paró antes del solo. Los aullidos no cesaron ni siquiera en la reanudación del punteo. Colosal.

El raquítico bis de “Going Home” nos supo a poco, aunque a esas alturas ya teníamos de sobra la percepción de haber contemplado lo máximo que podía ofrecer la muchacha, así que tampoco llegamos a la indignación ni nada de eso. Retomando aquella idea de la que hablábamos al comienzo de la crónica, hubiéramos agradecido un poquito de espacio, que nos dejasen respirar de vez en cuando entre tanto solo. El onanismo indiscriminado puede causar muchas bajas.

Texto y foto: Alfredo Villaescusa

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